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Análisis Espectral sobre Las Juventudes Libertarias en España

Preámbulo

Es evidente que está de moda el editar muchas obras en torno a la historia del Movimiento Libertario Español, las Juventudes Libertarias y el Exilio Libertario. Sin embargo, ni la CNT o las Juventudes Libertarias del 36, ni la de la clandestinidad, ni la del exilio se ven todavía reflejadas con todas su facetas en esta abundante producción. Muchos de los más valiosos analistas de la guerra y la revolución escribieron y escriben desde los márgenes del movimiento. Algunos por motivos no del todo claros: sea porque no quieren “ensuciarse las manos” con la implicación orgánica y la militancia “de base”, sea porque consideran el anarcosindicalismo “insuficiente”: aplastado por unas elites burocráticas, otros lastrado por una base sin juicio político. Desde luego, ambos se sitúan por encima de cualquier organización obrera. Las cuentas pendientes, las saldan con la admiración sin límites a una persona o a una corriente y con la condena rotunda de todo lo demás.

Con el paso de los años, los militantes van desapareciendo y unos setentones con ansias de protagonismo se dedican a una escritura política de la historia. Y para ello, no dudan en lanzar al vuelo acusaciones de corte totalitario que se guardaron en el tintero durante medio siglo, tal vez porque los implicados todavía estaban vivos y podrían responder adecuadamente.

Es por eso que el “Grupo Cultural de Estudios Sociales de Melbourne” a través de su “Colectivo de Monografías Libertarias” expone de nuevo a los aficionados de la lectura y la investigación, el análisis espectral del fallecido compañero Fabián Moro sobre el tema de las Juventudes Libertarias en España, inicialmente publicado en 1970 por Edición C.N.T. - Drancy, Francia, y en 1975 por la Editorial Ravachol, Australia. Este escrito no incluye ningún insulto, acusación, bofetada o ataque personal, es solamente un análisis y reflejo de lo sucedido.

Grupo Cultural de Estudios Sociales de Melbourne, Australia

desde el exilio febrero 2011.

Prefacio 1975

La preparación y educación social del individuo es una necesidad inevitable. Es la única forma que nosotros los obreros de fábricas y los obreros de oficinas, podemos evitar la constante explotación y los abusos cometidos diariamente contra todo trabajador.

Para mejor comprender la tesis a la que nos referimos, presentamos un folleto de Fabián Moro, donde el lector podrá apreciar el valor de la educación del individuo a través de la lectura, la investigación y el constante dialogo. Cuando usamos la palabra educación necesitamos clarificar que no nos referimos a la enseñanza forzada por los estados, no importa que tendencia tengan, a través de su programa escolar. El estado, sea capitalista, comunista o fascista, solamente nos educa asta tal punto y a su forma de pensar, para asegurarse que sigamos siendo buenos ciervos. De ninguna forma favorece el ideal de “libre pensar”, ya nos lo avisaba el escritor George Orwell en su novela “1984”.

En estos momentos turbios que estamos pasando con el clásico golpe de estado que venimos de vivir en los últimos días, la historia se repite y continuará repitiéndose asta que nosotros digamos “hasta aquí hemos llegado”, y nos enfrentemos. Este golpe coordinado entre el líder de la oposición Malcolm Fraser y el representante de la Reina de Inglaterra, el Gobernador General John Kerr, ha sido un golpe de estado con la “tasa de té”, y tanto los militares como la policía están preparados y armados si la población se tira a la calle. La huelga declarada por el sindicato de transporte es una pantomima. El presidente del Consejo de Sindicatos Australianos, Bob Hawke no ha tenido la honradez de declarar una huelga general. Todos los grupos de la llamada izquierda se han escondido, donde están los marxistas-leninistas, los trotskistas, el partido comunista australiano, los de la izquierda socialista, nos dicen que la decisión se tomara en las urnas.

Nos tienen atemorizados, y nos manipulean como ellos desean. Con la mentira del consumismo, el deporte, las carreras de caballos y los “pubs”, y el cuento que es solamente una crisis Constitucional, pero las reformas ganadas a través de mucho sacrificio se perderán. Y mientras tanto nosotros por falta de preparación social continuamos cobijados en nuestras cajitas de ladrillos distribuidas por las capitales de Australia.

Tenemos que despertarnos y prepararnos, una nueva era de fascismo se nos impone en este continente de “leche y miel”.

Venimos de recibir la noticia que “por la gracia de dios” el generalísimo Franco ha muerto. El pueblo ibérico ha sufrido horrible atrocidades durante estos últimos 39 años de imposición fascista, aprovechemos esta oportunidad para asegurarnos que dicha odisea no se vuelva a repetir en la historia de la humanidad.

La posibilidad de un futuro digno esta en nuestras manos. Ha llegado el momento de tomar acción decisiva, educándonos, preparándonos, organizándonos.


Juventudes LibertariasLa vida, el vivir, en el humanoide, es un continúo aprender. Oficio que nunca se acaba; en el que corrientemente problemas inesperados se presentan a los que se impone dar una lución lúcida, correcta, apropiada e inmediata. Y el que dice saberlo todo nada sabe ni aprendido, engreído en su pedantería. Se aparta con sofismas, parándose confuso en la estacada de su campo mental limitado, dentro del cual se encerró. Y una de dos: o vive dando vueltas en torno a la empalizada mental y social, expandiéndose como los carneros vigilados por el pastor; o se empeña en hundir la valla con el testuz lanzándose ciegamente, como los bovinos. Si ocurre que a golpes insistentes de testa consigue abrir brecha, se encontrará en otro campo tan vallado como el anterior y con vaqueros en espera que lo domesticarán y lo guardarán. Seguirá su vivir rutinario siguiendo tras los “mansos”.

Cuando a vivir se empieza y no se quiere copiar al toro o al carnero, es obligación y deber emplear la facultad mental para discernir y solucionar el problema de vivir; ante si mismo y ante la sociedad en que se encuentra, que esto sea sin querer o queriendo. Problema psico-sociológico que se presenta como una aventura en su arranque, aventura apasionante que debe, sin embargo, ser llevada con pasión frenada dirigida por la reflexión. La meditación pues, se impone.

Dícese que no hay mejor estimulo para la juventud que aquél del relato, del conocimiento de las personas, que por sus dichos o por sus hechos edificantes descollaron del común de los mortales. Sí: hay algunos que salvados del olvido continuaron viviendo después de muertos, estimulando la aventura del vivir a los que ganas de vivir tuvieron. Hablamos del vivir consciente, transcendente y actuante, del militante del vivir. Y no del vivir vegetativo, pasivo.

Otros, muchos, la gran mayoría de entre los militantes del vivir, quedaron olvidado bajo la losa común del tiempo, en el anonimato, aun siendo los artífices directos y verdaderos, los obreros constructores de la sociedad y de la vida personal. Se fueron con la sola satisfacción, sola pero total, de haber vivido su vida espiritual, activa, militante, de acuerdo consigo mismo, amplia, intensamente. Su persona no dejó rastro, su nombre se olvidó. Pero en ella su nombre perdura de la mejor de las maneras: por su huella. De estos que la historia no habla, la historia quedó marcada en sus raíces; y de su savia, generación tras generación las colectividades humanas se nutren en el ascenso hacia su superación. Y las nuevas generaciones y las nuevas colectividades tienen, como obligación moral y deber social e individual, hacerse dignas de las precedentes, continuando su pauta y su ejemplo en aquello que se presenta como contenido inmutable y básico: la conciencia.

Fueron ellos los que hicieron posible y tangible el progreso en lo que como tal puede aceptarse en todos sus aspectos, los que desinteresadamente hicieron realidad para los que vinieron, aquellos sueños que vivieron en su cerebro. En la continuación impulsiva, al tiempo que perspicaz, de cada juventud en su época, primera etapa en el ciclo que cada generación cumple. En razón es, o debería ser, ascensión hacia la cúspide del Himalaya ideológico-humanizante en satisfacción del vivir personal y del vivir social, del vivir y del convivir. Sin embargo, no siempre fue así ni es así por la concomitancia torcida de la tónica en presencia, de la educación parcial y partidista, medio y cultura de las que no tuvo interés de desencadenarse la juventud, por carecer de ese sentido profundo del vivir, el sentido y el sentimiento y el sentimiento trascendental del pensamiento.

Sucedió, a veces, que la sucesión… digamos cronológica, marca su pauta ascendente y en este caso la obra de los antecesores se ensanchó; porque sintiendo el problema humano y social de la misma forma y con la misma intensidad sensitiva, se identificaron en pensamiento y en acción por el cause de sus líneas fundamentales, resultando por consecuencia el engrandecimiento de la misión universalista a realizar. Se conocieron, sin conocerse, los que se fueron el deber moral cumplido y los que llegaron aceptando de corazón y de cerebro misión y reemplazamiento. Hubo identificación de forma y de fondo. O, si no de forma porque el medio de acción o las realidades ambientales no fueron las mismas, de fondo si, por ser en suma lo que les identificaba al hermanarlos en un pensamiento común. Se identificaron en esencia y en presencia. Esencia de la idea madre, presencia de la obra y lucha por su plasmación. Cuando esta continuación se hace sentido y realidad psico-doctrinal, la fuerza o energía impulsora se impone en el seguir del tiempo y con el deseo de su realización camino del norte de sus concepciones que deben ser concordantes para que sean fructíferas. Las generaciones se galvanizan con el mismo fuego espiritual en el crisol de la doctrina. Entonces, y solo entonces, la Idea y la idea finalista que les ha movido y que los mueve se presentara como una promesa formal, siendo las emulaciones estimulo hacia la realidad universalista que buscan y por la cual viven; y entonces viene el comprender que la vida es digna de ser vivida. Con un mismo pensamiento, aunque sea ataviado con nuevo vestido fraseológico.

Pero si no es así, si los que vienen se desparraman en bifurcaciones y snobismos de pseudo modernismo ampulosos y vacíos, guiados por una brújula saltarina y caprichosa, inconscientes y pedantes, que no ven por qué identificarse con la esencia y aun la presencia espiritual y moral de ese anonimato de heroísmo tranquilo, de ejecutoria leal y grande en su sencillez; ni con los que por sus enseñanzas y por su obra en el pasado continúan siendo faro y síntesis de los inamovibles, si, inamovibles valores humanos, queriendo enmendar la plana de lo que expusieron o realizaron en los fundamentos de lo que dicentemente les identifica, la doctrina se seca, el pensamiento enfermo de anemia espiritual se anquilosa y después se extingue. O lo que es peor, es tomado como a guasa y después se le adultera de tal manera que ni de sus padres fuera reconocido. Nobleza y lealtad de forma y de intención es lo que a la juventud la hace superior, mejor, en su actuación y en su sentir. Sin ello, la juventud moderna y modernista mueve a añorar la Edad de Piedra.

Al querer rememorar la acción, presencia y espíritu animador del movimiento juvenil libertario en España en su época inicial y primera, no lo haremos dentro de un cuadro contemplativo ni en el engranaje cronológico de estadísticas, nombres, fechas y comicios, que son el aparato; lo haremos siguiendo su impulso vital, la constancia de su alto empeño, el espíritu, sentido y realizante, su llama sentimental, acompañándolo en la convicción certera de la cierta superación en el ser dentro del cual arde, y en la de la sociedad donde actúa para su mejor desenvolvimiento y vivir.

Altamira ha definido la historia y vida de un pueblo como su psicología en acción. Parangonándolo podemos a nuestra vez decir que la vida y actuación de un movimiento juvenil es su psicología en acción; así en su carácter continual, papel que jugó en la historia que con su actuación escribió, sitio que ocupo entre las inquietudes en presencia, valor del mismo en la aportación al común de la humanidad en su marcha incierta hacia el logro de su plenitud omnivalente. Incierto caminar, en razón, que es sinrazón, de los altibajos, de las bifurcaciones, por las añagazas de quienes buscaron siempre en su implenitud, en su impercatación, la forma de explotarla mejor en provecho concupiscente propio, el individuo, la clase o el partido político. De esta manera siempre pagó y paga en su conciencia ciega, en su esfuerzo y en su credulidad. Sólo cuando la sociedad particular etnológica o la sociedad en su forma global fue guiada por la nobleza de intención o la lealtad de actuación, dio un paso hacia adelante.

Trazaremos pues aquí la acción psicológica del movimiento juvenil de referencia y el medio donde se desenvolvió. Acción y obra eficiente y eficaz que fue cortada por los nuevos vándalos que resucitaron la España visigoda. Obra y acción que quedará, empero, como ejemplo. Ejemplo, acaso singular, ya que convergieron en ella los más puros y altos valores de la persona humana, de la personalidad individual (sin aparato de cultura) y del fin y termino que le sirvió de acicate, de motivo. Altura en el pensar, altura en el obrar, altura en los fines.

Representaron las juventudes libertarias de aquel tiempo una dinámica cerebral y sensitiva de acuerdo con su razón de ser, de acuerdo con sus aspiraciones, definida en su concepto del ser humano y de la sociedad. Y esto adquiere valor comparativo, al tiempo que concreta la acción del presente, maduro para los que fueron jóvenes en aquel tiempo y para los que jóvenes en el presente quieran y busquen comprender y actuar, orientando con acierto el porvenir.

Lo que de anecdótico pueda relatarse al correr de esta retrospectiva, resultara referencia expresiva de la que se alza un reconfortable estimulo moral, sensitivo y espiritual, factores propulsantes de toda acción pensante o actuante, intelectual o ideológica.

Juventudes LibertariasEn el Movimiento Juvenil Libertario de España cuenta la juventud mundial con una referencia histórica sólida y singular. Con sus errores, que los hubo, y con sus aciertos, que es lo que cuenta, ocupa un puesto de relieve en el continuo impulso superador de la consciencia humana. Los hechos pasan, la consciencia que los mueve continua. Por ella fraternizamos con el pasado en su esencia, afianzando nuestra personalidad, inquieta, sin embargo, porque los interrogantes no deben cerrarse, campos del saber, campos del conocer, en los que no hay limites. Y establecemos así sólida conexión entre el mundo colectivo y doctrinal al que queremos ser útiles y la justificación de la entidad pensante. Por eso, toda retrospectiva histórica debe ser acompañada de una conclusión a deducir o una enseñanza a recoger. Esta expresión, que es valida para todas las ramas del conocimiento, lo es más para un movimiento juvenil que resulta vanguardia por definición. Tanto más si por añadidura es animado de aspiraciones libertarias. Porque lleva consigo un deber de todo conocer, un espíritu de investigación en los parajes sociológicos y en los filosóficos, para poder afirmar y defender los postulados que encarna, enriquecer su bagaje intelectual, madurar la conciencia. Porque si esta corriente socio filosófica que es la anarquía, corriente activa y viviente fue hecha suya, lleva en sí, junto al amplio principio de la renovación social y moral continua, la empresa de valorizar el respeto al individuo en tanto que ente independiente, libre ante los otros aunque no siempre sea libre ante si mismo. En este caso, encauzar sus inquietudes mentales, si las tiene, a aprender el camino que le llevara a esa libertad de si mismo, con la cual defenderá y alcanzará su independencia y su libertad social.

Por ello, enseñanzas y deducciones de la historia adquieren para nosotros un doble sentido: renovación enfocada hacia la liberación social por la anulación del Estado, caja de Pandora que las colectividades nacionales guardan y adoran con cariño de alineadas, y educación del individuo unidad, dejando de ser cero. Las dos se complementan. Y esto tiene importancia singular en el momento moderno y actual, al ver el empeño loco o inconsciente, con la tecnocracia despuntando en el horizonte estatal, que junto con todas las corrientes político-sociales modernas sacrifican cada vez con mayor sadismo específico al individuo-entidad en beneficio total de la entidad social a la que se adhiere para mejor ser anulado en el engranaje del maquinismo mecánico y del maquinismo psicológico donde entra para ser definitivamente una pieza en el total estatal.

En estos tiempos, que anuncian otros peores, de absorción del valor ser humano en beneficio del valor rendimiento, anulando su autonomía determinativa que se nos presenta como un alevoso secuestro de la personalidad humana, el pensamiento libertario afirma ésta en su historia, en sus aspiraciones, en su ejecutoria. Por ello, he aquí que la rememoración de las juventudes libertarias en España es como un contraste percutante con la realidad de hoy, resultando de un interés palpitante.

La historia del Movimiento Juvenil Libertario hispano en la época que podemos definir como inicial y primera, que termina con la catástrofe social, política, espiritual y cultural de España en el 39, es corta pero intensa. Exuberante de acción espléndida en pensamiento, se nos presenta como una promesa formal de eclosiones y de realizaciones del individuo en si mismo y de la colectividad en lo social por el camino del mejoramiento. Febrilmente estudiosa, la juventud libertaria resulta uno de los rasgos más salientes de ese periodo de expansión y resurgimiento societario en el interregno republicano 31-36 de amago caricatural de revolucioncita político-social.

El advenimiento de la II Republica fue para el país una etapa que se creía importante para su resurgir de las tinieblas de la Monarquía, que tan amargos sinsabores le había proporcionado a través del siglo XIX, sin ir más lejos. Resurgir de su decadencia tras las sacudidas sin resultado a lo largo del siglo susodicho. La Republica de abril de 1931, proclamada sin derramamiento de sangre, fue un momento de espera del capitalismo y de la alta burguesía, ya que se quedó con el terreno a mano, donde podría hacerla caer con una zancadilla. El famoso conde de Romanones, político sagaz, tío con vista, abrió la puerta de salida a la Monarquía al tiempo que la entrada a la Republica a la vista del resultado de las elecciones municipales del 12 de abril, suerte de plebiscite antimonárquico. Así que, Romanones, director de la orquesta política de por entonces, hizo de comadrón, muy a su pesar, para que viera la luz la Segunda República. Alzándose al poder, la mesocracia, que resultó mediocracia, se proponía hacer una revolución tímida y pacífica, que por ser de aquella manera no fue posible, no podía ser posible que fuera de ésta. Los espadones fueron puestos al retiro... voluntario y pagado, y no eliminados; desenvainándose a las primeras de cambio, contra ella. A penas la “niña” empezó sus tímidos balbuceos, que ya los retoños reaccionarios gesticularon, escanciando en su contra los estribillos de su muerte; los trabajadores la defendieron; y en pago, la “niña” les baldo a palos. De ahí que pronto fue desbordada por las justas exigencias del pueblo trabajador, al ver que le habían dado gato por liebre, al tiempo que por su falta de entereza y de sentido realizador y realizante de lo que representaba, se dejó acogotar por las fuerzas que en la sombra seguían teniendo en mano el control de la cosa pública y la dirección del país: la finanza, el clero y el generalato. Tres entidades distintas, con un solo dios verdadero: el dinero. Un mejor vivir no llegó para los trabajadores, que creyeron llegada la hora de las transformaciones sociales. Y la República fracaso al darles plomo en lugar de pan, y por sus intenciones timoratas de reforma general. Ondeaba la bandera de la reforma agraria, y no hubo otra reforma agraria que aquella impuesta enérgicamente y en acción directa por los campesinos, poniéndola en vía oficial de hecho cuando una vez más los trabajadores en armas salieron contra los que la atacaban, en Julio de 1936.

Esta realidad social de paliativos que continúan siendo anacrónicos, exigía, para ser superada, audacia, energía y decisión comprensiva. A falta de espíritu elevado y revolucionario echa mano de la represión más desconsiderada y ella la da el desprestigio antes de que alcanzara el prestigio. El entusiasmo desbordado de los primeros días muere pronto, y el ritmo de los acontecimientos definirá el deseo de los explotados de hacerse dueños de su propio destino Y viéronse en la ciudad y en el campo actos de rebeldía y de justicia directa; actos rebeldes y justicieros que no son otra cosa que el impulso reactivo, en respuesta a la defraudación estatal.

Ya la C.N.T. ha vuelto a la palestra, después de siete anos de dictadura primo-riverista, de clandestinidad y de exilio. Ha vuelto a su desarrollo y función normal y con rapidez va creciendo y adquiriendo envergadura societaria y prestigio, merced al esfuerzo sin regateos de sus militantes. Ha vuelto con esa moral fraterna, con esa solidaridad sin tasa y sin tacha, con esa generosidad admirable y ejemplar que, en la lucha, de inmediato emprendida, hace quebrar, sin mella en ella, los amantes de la legalidad republicana gubernamental, esa legalidad, pusilánime en las reformas, enérgica hasta la crueldad en la represión. Aun con esta y a su pesar ese auge confederal libertario no se debe tan solo, en mi entender, a su espíritu decidido de acción reivindicativa frente a la rapiña patronal de tradición, y frente a la ofuscada contra gubernamental. Además y sobre todo, al doctrinal-ideológico, alma y nervio de la acción, a su finalidad programática, que se identifica con la manera de ser y comprender la vida social y personal que el ibero tiene, realidad reflejada en su historia, con sus anhelos o con sus prácticas, con sus rebeliones o con sus realizaciones, con sus teorías o con sus ilusiones, plasmadas en obras literarias en prosa o en verso; que de todo hubo, siendo guiado por su particular subconsciente colectivo. Y vemos y constatamos que lo que en el mundo contemporáneo se extiende y teoriza con el nombre de «socialismo» tuvo sus raíces en el mundo particular ibérico y su primera inspiración de especulación filosofo-doctrinal en los cabales caletres ibéricos. En su practica por el concepto de dignidad humana que Eliseo Reclus con deleite y justeza describió en su monumental “Geografía universal”; en lo social por la practica del colectivismo, que después dimos en llamar libertario. Tienen España y el mundo en Juan Vives un entusiasta doctrinario de la igualdad social, un precursor del socialismo en sus exposiciones que pueden encuadrarse en la filosofía natural.

Tienen España y por ella el mundo en Alonso de Castillo, anterior al citado, en fecha, un teórico de relieve entre los precursores del comunismo libertario. Traspongamos un pasaje de su pensar de entre lo que de él Costa cita en «El colectivismo agrario de España»:

«En 1521, en los mismos días en que el estado llano (pueblo) perdía la desastrosa batalla de Villalar acababa de imprimirse en Burgos un tratado de República compuesto en lengua romance por fray Alonso de Castillo, fraile trinitario, cuyo sentido puede resumirse -salvo sus contradicciones frecuentes- en estas dos palabras: Comunista y republicano. (Téngase en cuenta que fue publicado en el siglo XVI y en la sacudida político social más importante que el pueblo español desencadenó en su historia con pleno conocimiento de causa antes del 19 de julio de 1936).

Todos los hombres, dice, nacen iguales y libres: de consiguiente, por ley natural, ninguno tiene derecho a mandar sobre otro; pero ya que, perdida la inocencia del mundo, se ha introducido por la fuerza y por la ley positiva que haya superiores e inferiores, haciendo a la naturaleza el agravio de que un hombre obedezca y consienta ser gobernado por otro, no le agravemos con un nuevo tal como el de que un gobernante ejerza el oficio a perpetuidad por derecho propio sin rendir cuentas de su gobierno a los gobernados.»

¿Quien habría dicho que es el caso de un ahora que dura más de treinta años en la misma España?

Para no hacernos interminables con nombres y notas que, por otra parte, salieran del tema, parémonos aquí.

Hay pues en España y en su historia, que hechos y dichos lo demuestran, un concepto del individuo y su sociedad de particularidad libertaria, maleado o adulterado por influencias ajenas a su ética etiológica, a su somática social colectiva. Así, la «vertebración» libertaria de la C.N.T. se presentaba entonces (y en todo tiempo pasado, presente o futuro), como polo de atracci6n de esa perenne tendencia conceptual. En ella tenia florecimiento y expansión. De ahí viene que respondiendo a una psicología colectiva y por consiguiente personal esencialmente ibérica, la Confederación habría de conocer en esa etapa un potencial de primera importancia social y moral tal, que, de no haberse producido el levantamiento clero-militar-fascista del 18 de julio de 1936, hubiera llegado a proporciones definitivas de influencia determinante. Influencia y expansión en el componente hispano, como lo prueba el hecho de que en vísperas de la insurrección clero-militarista de marchamo fascista (y que en el fondo por ello se produjo) contaba con un millón de afiliados en una población de 29 o 30 millones de habitantes en la época, pudiendo calcular, sin hipérbole, la cantidad de simpatizantes en seis millones.

Juventudes LibertariasLa República había reinstaurado la libertad de expresión. Limitada en la práctica, porque los tribunales regulares como los de excepción y los gobiernos civiles, se encargaban de coartarla y de coaccionarla hasta los limites de la legalidad y más allá. Pronto se encontró lejos la «Unión sagrada» del pacto de San Sebastian. Sus militantes, hemos dicho, han vuelto del exilio y se han reintegrado a la lucha social-ideológica. Los Orobón Fernández han adquirido una personalidad de primer orden en todos los ámbitos por su cultura y por su lógica expositiva, dando carácter y prestigio al movimiento anarcosindicalista en el mundo del trabajo y en el intelectual, aunque en este con parsimonia de expectativa. Al mismo tiempo, el signo organicionista de la civilización moderna (se ha dicho con razón que nuestro tiempo es el de la organización y el de los organizadores) ha llegado hasta los anarquistas integrales que han fundado la F.A.I., que actúa intensamente. Grupos y sindicatos únicos van apareciendo con una rapidez de vértigo. De entre sus componentes descuella con vitalidad, número y promesa, el elemento joven, animoso de comprender y de ser útil a una causa altamente humana, o, como hoy se dice, humanista. En muchos es una entrega total, de cuerpo y de espíritu, y ello es elocuente para definir aquel momento español, testimonio precioso para darse cuenta de la envergadura y camino que tomaba el resurgimiento que hemos señalado antes. Por él vemos que la juventud, en gran porcentaje, opta por el sentido trascendental del vivir, entregándose a él con fervor, con la dinámica propia a la edad, y quiere adquirir consciencia y voluntad en su misión de altos vuelos; y para cumplirla no regatea esfuerzos, movido por una generosidad inagotable. Nos dice Guyau que los actos generosos son realizados por el individuo en razón de una como necesidad natural de expansionarse y aplicar su vitalidad desbordante obrando por el impulso moral en bien de los otros, de la colectividad. Tenemos necesidad de acción, porque el exceso de energía, de vida, debe «gastarse» y de ahí surge, si el estimulo es de principio alto, el desinterés con sus grandes acciones en bien de una causa, de una colectividad, de una persona o de un motivo. Colectivo es el caso que nos acopa, fenómeno mental y sentimental de una juventud que, volviendo la espalda a la banalidad, a la niñez, al snobismo de baile o de pandereta, a la vida estéril, mental y socialmente estéril, a la tontería gamberril, se penetra en la decisión de dar significación altruista y pensante a su existencia.

Corría el año 1932. Sale a la luz en Madrid el semanario anarquista «El Libertario», que abre una sección para los jóvenes, en la cual tienen cabida sus inquietudes ideológicas y sus expansiones de empiece literario. Nace, después, la idea de fundar un movimiento juvenil, algo así como una antesala de preparación a las ideas libertarias. Algunos entienden, empero, que la juventud libertaria puede muy bien continuar en los sindicatos, siendo estos fortalecidos con su presencia. Los partidarios de formar un movimiento autónomo defienden su punto de vista y entre otras consideraciones hacen la de que es más fácil y oportuno para un joven desenvolverse en un organismo y ambiente adecuado a su edad, donde, al ir sin tener concreción doctrinal puede penetrarse allí en ella, al tiempo que ese compañerismo particular a la edad se hace mas intimo, mas «cercano», más comunicativo, mejor para la adaptación ideológica. Y así nace en Madrid en el año citado, la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias: la

F.I.J.L. La tónica será en Cataluña y por el momento, algo diferente en su estructura, continuando, por una parte como juventudes organizadas dentro de los sindicatos de ramo, en Barcelona, por la otra como Juventudes Autónomas, que después tomaron el nominativo de Juventudes Libertarias, con el anagrama de JJ. LL. De forma que en Barcelona y su radio, corazón y columna vertebral del Movimiento Juvenil de Cataluña, adoptaron el nombre de JJ.LL. y en el resto de España el de F.I.J.L. Sin olvidar la fracción que continuó dentro de los Sindicatos Únicos o de los Sindicatos de Ramo, como ya hemos apuntado. Las Juventudes Libertarias de Barcelona y sus alrededores se presentaban como «integralistas», como retoños de la F.A.I., fracción vinculada a la misma. Hasta que en última instancia, por acuerdo mayoritario, todas se fusionaron en la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias.

Pronto el movimiento juvenil libertario toma vuelos, y con su huella de entusiasmo y de rebeldía marca la sociedad española en general y la de los trabajadores en particular. Ahora bien, lo mismo que la fracción libertaria, las demás que componían la vida política y societaria tuvieron o formaron su apéndice juvenil. Nuevo fenómeno social a la sazón; tendencia colectiva organicionista que tiende al desdoblamiento de los movimientos de opinión. Desdoblamiento y concreción a un mismo tiempo, dando personalidad a la edad temprana y su periodo inicial representativo. Movimientos juveniles correligionarios, caracterizados, como de suyo se comprende, por un mayor dinamismo, entusiasmo y audacia. Ya Marañón había escrito en uno de sus primeros libros, allá por las primeras décadas del siglo, que a la juventud le estaba todo permitido y justificado, hablando de las audacias revolucionarias o simplemente rebeldes. Naturalmente, el elemento juvenil, siempre ha actuado según su psicológica predisposición. Se ha manifestado, ha actuado, a veces diluido en individualidades, a veces compacto de propósitos o de tendencias o por convergencia de criterio o circunstancia. Famosos fueron, por ejemplo, los «Jóvenes bárbaros», o «Jóvenes turcos», lerrouxistas, porque seguían al tramposo Lerroux, el más pillo y malabarista político con que la política republicana contaba antes y durante el régimen republicano. Pero es a partir de; advenimiento de la República del 14 de abril cuando aparece la «reivindicación» de su personalidad orgánica colectiva.

Apenas se habían apagado los clamores victoriosos el nacimiento de la «niña», que vio la luz en un alumbramiento sin dolor, cuando la juventud monárquica empezó a gritar, manifestando, su odio hereditario de casta, con léxico tremebundo y ruido, en aquel tiempo, de hojalata. Fue la fuerza de choque reaccionaria, clamando la revancha y de la que más tarde formose los primeros cuadros dirigentes de Falange, radicando en Valladolid los elementos más absorcionistas, violentos, intransigentes. El famoso arlequín, Albiñana, medico y aventurero, se hizo capitán y amaestrador de las fuerzas de choque de los conservadores, con designios ultrarreaccionarios. Albiñana, medico de cabecera del dictador Primo de Rivera, recibió de este su último suspiro en Paris, y, acaso, el testamento político y el encargo de hacer algo por su prestigio. Como quiera que fuere, el enfático Albiñana publicó un libro que fue algo así como un cajón lleno de basura, y de halago al fenecido dictador: «Los Cuervos sobre la Tumba», de prosa babeante e intenciones lucrativas con vistas a la mina de los reaccionarios en desgracia. Nadie le hizo caso. Ni a él ni a su libro. Y la edición fue repartida gratis como confetis en carnaval o bombones en bautizo, amontonada en un camión y repartidos los libros por los jóvenes de la caverna, los cavernícolas. Organiza las «Juventudes Nacionalistas», continuadora de los tradicionalistas. Que de seguido se desdobló o de ella salió la J.O.N.S., Junta de Ofensiva Nacional Sindicalista, que, como todo el mundo sabe, vino a ser con el tiempo, primer y principal soporte de Franco. El otro fue la F. E., Falange Española; de gran boga y mano en el descuartizamiento del país y de su sociedad, durante el compadrazgo con Hitler y Mussolini. Al fusionarse dieron ese monstruo de alma y de cuerpo cuyo nombre es: «Falange Española y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista».

Las Juventudes Socialistas existían antes, acaso se fundaron al tiempo mismo que la República se promulgo. Lo cierto es, en testimonio mío, que muy pocos días después del celebrado 14 de abril, un amigo mío me invito a formar parte de las mismas. Estaba en el periodo de fijación de orientación y de inquietud cerebral, pero ya en mi insipiencia no tenía atracción por el socialismo estatal. Esto le respondí. Insistió asegurándome que podía ser libre de alejarme si ese era mi querer. Acepté entonces y me llevo a la Casa del Pueblo, donde se encontraba la sede o sitio del Partido y de la U.G.T. Me presento al secretario, que se llamaba Revilla, diciéndole que el compañero Moro quería hacer parte de las Juventudes Socialistas. Me extendió el carnet de cartulina, carnet que olvide de inmediato.

La presencia y acción de las Juventudes Socialistas se manifestó más tarde; es de cajón. Por lo tanto, es de este tiempo del que podemos hablar y señalar como existencia actuante en el tablero del ajedrez político-social; y dan señales de vida las Juventudes republicanas y las comunistas. Aquellas de una blandura acomodaticia y en vistas a prebendas venideras, éstas de un dogmatismo remachado, recitando lecciones aprendidas de memoria en un léxico estereotipado, marcando el paso al son de la «Joven Guardia», marchando por la adoración de Lenin y Estalin. (Estalin, nombre españolizado, castellanizado por mejor decir, que entonces se escribía y pronunciaba).

En aquellos tiempos solo los libertarios ponían al descubierto la verdadera catadura de los comunistas. El resto los miraba con aire dulzón, dejándose engatusar sin pena, encajando sus mentiras, alegres y confiados; las juventudes socialistas picaron en el anzuelo. Fuerza influyente del ala izquierda socialista adoptaron por líder a Largo Caballero, del que el famoso Samper decía en uno de sus picantes chistes: «De Largo tiene poco, pero menos de Caballero», antiguo consejero del general y dictador Primo de Rivera y uno de los artífices del Comité paritario, entonces, inspirado en la legislación mussoliniana, que la República adopto después. Las J. S. aceptaron el noviazgo político que los comunistas le ofrecieron; la unión, dejándose embaucar con sus subterfugios. Inclinada hacia simpatías bolcheviques, estos, con sus argucias se introdujeron con la plataforma giratoria. Decimos giratoria, porque montada sobre el eje del P.C. la plataforma giraba y gira con desvergonzada desfachatez. Se produjo la unificación, dando nacimiento a las Juventudes Socialistas Unificadas, que provoca su división; y mas tarde la del P.S.; y más tarde la de la U.G.T. Una vez mas fue ejecutada al pie de la letra la consigna jesuita permanente; «Divide y vencerás». Largo Caballero (y con él las J.S.) tenía como portavoz «Claridad». El taimado socialdemócrata Prieto, ala derecha, hizo salir «Democracia». Largo Caballero llevaba el sobrenombre de «El Lenin español», que aceptaba gustoso, y ello nos dice las tendencias de por entonces en las J.S. centralistas, psicología de «masa», propaganda de tipo mesiánico. Como ocurría con las republicanas o con las comunistas, la educación de la conciencia y el despertar de la independencia individual fue en las socialistas algo muy secundario o inexistente en forma global y colectiva, primando el amaestramiento, la formación deformada con vistas a seguir un jefe, un líder, un charlatán con «vista», fácil en el manejo de tendencias políticas generales de oportunidad donde el Partido socialista se debatía, en soporte principal de la mesocracia en el poder. La educación social y societaria personal se orillaba, de donde vino el fruto del esquirolaje en beneficio de sus amos de grado, los gobernantes, o de sus explotadores consentidos, los patronos, frente a las reivindicaciones obreras cenetistas.

El ambiente y la morfología psicosocial de las juventudes libertarias fueron muy otras. Uno de los rasgos mas saliente estaba en su deseo y voluntad constante de la superación personal y colectiva, otro su amor al estudio por si y por algo más alto que si al mismo tiempo; su empeño en desentrañar y conocer los problemas sociales y humanos, acicate sugestivo a su curiosidad. Fue aquél un clima vehemente en el que las conciencias en agraz tenían prisa por llegar a la madurez, como para ganar el tiempo perdido por la dejadez gubernamental para difundir la cultura popular; que siendo esquivada, daba por ello a su pesar un sesgo diferente y mejor, en su fondo, del que hubiera resultado con la cultura modelada a su interés de clase. Por ello resultó herramienta útil y apropiada a un pensamiento que como el libertario, abría al espíritu las puertas de un mundo maravilloso de elevación moral y de justicia social sin equívocos. Había mucho de sueño y de ilusión. Y es esto precisamente lo que daba más voluntad y más estimulo para sobreponerse a una realidad ambiental y social de medios precarios, para adquirir cultura y conocimientos por sus propios medios. En ningún caso mejor que en éste puede ser citada la definición de Masson-Oursel: «No se nace voluntario, se alcanza por ejercicio». De ahí el apogeo de los autodidactas, que en ciertos casos, hay que decirlo, caían en la pedantería por asimilación insuficiente o torcida; en el chabacanismo de la fraseología retorcida, churrigueresca, o en la autosuficiencia. Son los lados pintorescos del todo. Ello no restringe en nada el conjunto de una obra colectiva digna entre todas.

Los casos de psicopatía se dan en todo tiempo, lugar y medio colectivo. El ridículo era el remedio en los casos leves; el aislamiento en los radicales.

En líneas generales podría verse la formación y el cultivo de consciencias sin prejuicios y, en el conjunto una fuerza moral y espiritual, además de la societaria, singular en las colectividades humanas en general y en las juveniles en particular. Vamos a aclarar esto, que a simple vista parece exageración, afirmación malsonante.

A través de la vida de los pueblos hubo sacudidas bruscas, espontáneas, cuando el abuso y el aguante rebasaban los limites de lo posible, que por los príncipes o por los potentados fueron aplastadas, pagando ciento por uno, o si la sacudida social arrasó privilegios otros nuevos llegaron para imponer al pueblo vencedor (?) nuevos yugos ataviados con aderezos diferentes. Fueron circunstancias ocasionales y pasionales, por un estallido protestatario pero invertebrado. El pueblo, jamás educado, requería el derecho colectivo y humano salido del sentimiento nato de dignidad que atizaba la rebelión en el estimulo de la justificada revancha. Era el despertar de la conciencia igualitaria, el despunte de la justicia social, pero en donde se mezclaba ese anhelo de moral social que el cristianismo había planteado tímidamente por vías de quienes lo interpretaron en su justo sentido. O bien, más tarde, siempre brotado de la misma raíz, el planteamiento de conclusiones morales universales, que despertaron una más elevada condición del vivir, aun sin tocar el tuyo y el mió; exigencia parcial del progreso general. Sea por tendencias naturales, sea por el agente catalizador de individualidades de vanguardia en el pensar, aisladas, o por grupos cultivados entregándose a la causa del pueblo y de la dignidad humana, la voluntad de un mejor vivir en los explotados, en los esclavos catalogados como tales o no, aparece como una reacción brusca, esporádica, sobre conclusiones elementales, nada más que elementales en el concepto del mejoramiento material y social. Los conocimientos, el para el pueblo trabajador, misterio de la cultura, es siempre cosa vedada. Y los mil sueños incubados, disecados en anhelos imposibles, por mucho en razón del interés que en ello tenían clases y gobernantes, líderes o pastores, morían en el pecho del desheredado de la fortuna. Tan sólo aquí y allá florecen como plantas exóticas y singulares los casos personales de voluntad y perseverancia, que, por su cerebro privilegiado rompen la barrera y descuellan en el saber, adquiriendo conocimientos y posibilidades de difundirlos. Conocimientos científicos o sociales, filosóficos o morales, explicando el bien y el mal en el convivir de las personas.

Un movimiento colectivo, premeditado, sistemático, definido y concreto para adquirir por sus propios medios (nulos o escasos) elementos de cultura, de conocimiento, de percatación, a los fines de elevar su propio ser, de desentrañar el conocimiento de si mismo y de las cosas hechos y desenvolvimiento de lo que le circunda y al mismo tiempo que aplicarse a propagar y llevar a vías de hecho un pensamiento definido de la envergadura del libertario, sólo se ha dado, salvo prueba y demostración de lo contrario, en el movimiento juvenil libertario español, con hasta cierto punto hermano gemelo, el Ateneo libertario. Como otras juventudes, otros ateneos hubo, claro esta. Pero aquellas no tuvieron ni la idiosincrasia ni la envergadura polivalente y funcional de las libertarias; y éstos, los ateneos no dependían de orientación filosófica determinada. Ateneos de municipio o de cabeza de provincia, había. Y dejando de lado los eclécticos que, como el de Barcelona, era dirigido por libertarios u otros en otros lugares por socialistas, la siembra de lugares de cultura que elaboraban la cultura amplia, desinteresada, continua y libre fue obra social, baluarte del espíritu que busca su libertad y su afirmación y galardón por ello del pensamiento libertario en España.

El hecho de que una organización juvenil, sin otro apoyo o subvención que el de su peculio de trabajador y su amor al estudio para llegar a la superación personal con la intensidad y la extensión que el libertario lo hizo, podemos catalogarlo como una página singular en la historia de los trabajadores en la península ibérica. Y bien podemos decir fuera de ella. Página que por su mérito debe ser analizada con interés, capitulo que estimule a la emulación, a la continuación en los tiempos que vendrán.

De suyo se comprende que en los hechos de la lucha social manumisora, parcial e inmediata, como en la finalista, norte de sus postulados, la juventud libertaria ocupó siempre el puesto de vanguardia. En aquélla contribuyendo al triunfo de las huelgas cenetistas en las que las mejoras morales acompañaban siempre a las materiales siendo a veces las solas, en éstas resultando el fermento de los ensayos revolucionarios o insurgentes, que antes del 36 se expresaron con mayor o menor envergadura, pero siempre con entusiasmo y desprendimiento sin tasa ni medida. En consecuencia el carácter se templaba en la persona, siendo en lo colectivo ejercicio preparatorio de promesa segura en pos del triunfo de la revolución social en España, de indiscutible tónica libertaria. Se templaba en las persecuciones y en las cárceles. Y ese ardor psico idealista tan peculiar en aquella juventud consciente de su misión y papel jugado en el teatro del mundo, daba como resultado que las mazmorras se convertían en aulas autodidácticas, vivero de rebeldes, de espíritu y de obra, que sabían por qué lo eran, aprendiendo, además, a acrecentar su personalidad y los empleos que de ella tenían que hacer, motivo de su deber moral. Pero no era eso todo, con ser mucho. Se debe añadir, que los sentimientos naturales de desprendimiento, de compañerismo, de confianza en si y en los otros, de amistad y de generosidad, móviles primeros de incorporarse a la causa libertaria, eran afianzados, acrecentados y expandidos, no sólo por los preceptos y enseñanzas sociales y morales de ella en sí, sino en consecuencia del aprendizaje del pensar, fomento que aumentaba las cualidades ciertamente humanas del ser. De ahí se desprende que la adversidad por ser buscada y premeditada es tomada en broma, el riesgo de la vida y la muerte, accidente previsto y sin importancia, el ser privado de libertad, sosiego impuesto para la meditación y el estudio, resultando el presidio, ya lo hemos dicho, tornado como escuela y alto preparador de nuevas luchas espirituales y sociales. ¡Cuánto sacrificio se prodigó! ¿Sacrificio? No. No era tal, pues considerado el esfuerzo y el riesgo necesidad íntima moral y el contra tiempo previsto, se cumplía con naturalidad y sus consecuencias de la misma forma y manera. La entrega altruista era ejecutada sin medir consecuencias, pues, siendo el motivo de su vivir, de su existir, que corroboraba en la práctica los estudios de Guyau, plasmando su teoría sin conocerla. De igual manera el rasgo y otro tal, del movimiento juvenil libertario fue la solidaridad. Solidaridad en todas sus acepciones, solidaridad fraterna y completa. La fraternidad no se formulaba: se practicaba. Y he aquí que se puso en práctica de forma anterior, a la moral humana del futuro, el tríptico que Kropotkin expresara en su fórmula moral: Solidaridad, Justicia, Generosidad. Y dicen por ahí historiadores calificados de sagaces y filósofos de renombre, al estudiar el «caso» español, que si la España contemporánea se encuentra en el estado miserable que se ve es a causa, en su primera condición, del carácter abúlico y perezoso del español, viniendo de ahí su retraso. ¡Cuán lejos están de la verdad al falsearla!

En lo que se refiere a la actividad de reivindicación inmediata, insistimos, aquella acción en aquel tiempo nos muestra la juventud libertaria con una vitalidad a veces desbordante. Esa entrega sin tasa, sin parar en mientes a los riesgos y las vicisitudes de la lucha social, viene a ser el resultado y complemento de las dos condiciones esenciales: consciencia y dinamismo. La acción no debe interpretarse siempre como sinónimo de violencia. Ni que una táctica sea siempre acertada aun con las cualidades señaladas. Puede venir el exceso de confianza en si mismo, o una visión inadecuada sobre las posibilidades del medio en que se actúa y de los medios con que se cuente. Los medios exteriores y el medio local, provincial o general sobre el que se quiere influenciar no siempre responderá como la imaginación quiere y busca. Sin estas premisas de importancia determinante se incurre en error que la realidad, después, hará comprender y rectificar. Es cuestión de ponderación y de cálculo clarividente. El dinamismo, como se sabe, no se expresa tan sólo por la ejecución de la fuerza material. Sin la fuerza moral y persuasiva del ejemplo, aquélla no va muy lejos. Es acción y dinamismo también, trabajar por expandir y afianzar la influencia moral esencial y social, el conocimiento societario y el filosófico-doctrinal en el conjunto de la sociedad parcial donde se vive, sin volver a la redundancia de su expansión en el área nacional y mundial. Acción es atraer la simpatía en el medio dentro del cual se actúa. Que aun sin que se consiguiera la mayoría proselitista en el sentido numeral, se consigue la moral, forma también eficaz de proselitismo. La violencia circunstancial, provocada, no se discute. La violencia a ultranza, sí. Aquélla es eficiente. Esta, aun con la simpatía que despierta la ejecución de un acto llamativo por su «plástica social» o su ética individual, no. Fogata es que pronto olvidan quienes tienen el contento ficticio de acariciar la epidermis de los actos violentos por su riesgo y su audacia, sin ocuparse de su entraña, como en el caso de quien ha adquirido el rescoldo caliente de la simpatía moral. Relatemos pasajes que respaldan lo que acabamos de decir.

En una ciudad de Castilla la Vieja, cuyo nombre es lo de menos, se había fundado el Sindicato Único en junio del 31, y las Juventudes Libertarias en el 32. Localidad reaccionaria que veía con espanto tal cosa. Fueron 50 al empezar. Un año después llegaron a 160. En el 36, antes de la sublevación clérigo-militar-fascista, contaba el Movimiento con 500 afiliados, en su mayoría militantes. A pesar de la U.G.T., el control de la vida del trabajo local estaba en sus manos. La ciudad tenia de 29 a 30,000 habitantes. La simpatía era general, aparte ya se comprende, los carcas y los patronos. Prueba: en la mañana de un domingo, la Confederación y las Juventudes iban a celebrar un acto. La gente, endomingada, deambulaba como de costumbre, por el paseo principal, en uno de cuyos dos extremos se encontraba el teatro donde el mitin iba a tener lugar. Yendo hacia allí oí este dialogo entre dos dependientes de comercio:

-Hay mitin hoy- dijo el uno.

-Sí- respondió el otro.

-¿De quién es?

-De los libertarios.

-Entonces vamos a él. Si fuere de los comunistas o de los socialistas no vale la pena.

Y aquella mañana, como cada vez, el teatro estaba lleno a rebosar.

Otra citación:

Los comunistas de la localidad, que contaban con una célula de escaso contenido, se propusieron dar un mitin ayudados por los correligionarios de Santander y Bilbao. El teatro, sin estar repleto, tenía nutrida concurrencia. A lo largo de su peroración, el primer orador nombro a la C.N.T., atacándola con golpes bajos, como de costumbre. Uno de las Juventudes Libertarias se levantó y saltó:

-Pido la palabra.

Ni el orador ni el presidente del acto se dieron por enterados. Habían pasado unos cuantos minutos. Una voz salió de las primeras filas de butacas:

-Un compañero ha pedido la palabra. Si no se le concede, no continuará el mitin.

El que presidía, lanzando una mirada de puñal al joven y primer interceptor, anunció que eran concedidos diez minutos de controversia. Al lado del joven estaba Miguel González Inestal, quien circunstancialmente se encontraba en la ciudad y juntos acudieron al mitin. Los dos subieron a las tablas esperando, tras los bastidores, la señal.

-¿Quien pasa el primero? - inquirió Inestal.

-Hazlo tú - respondió el otro.

-Con la mitad del tiempo tasado tengo bastante.

Y así fue. Cinco minutos no habían pasado al hablar, que los asistentes se levantaron de sus asientos desfilando hacia la salida y pronto el teatro se vacío. El orador que dio el mal paso y el que presidía, se desgañitaban pidiendo a los asistentes que se sentaran y escucharan. Hablaban, sin que nadie les hiciera el menor caso. Y el mitin comunista termino, no como el Rosario de la Aurora, lo cual hubiera llevado el agua a su molino, sino como quien sabe a qué atenerse. Termino el orador y el mitin al mismo tiempo, dirigiéndose a los incondicionales que quedaron y que se podrían contar con los dedos de una mano.

Y fue que desde San Sebastian a Cádiz, desde La Coruña a Barcelona, desde Santander y Victoria a Valencia y Alicante, desde Madrid a Málaga, desde Gijón a Zaragoza, en las ciudades como en los pueblos, villas y villorrios, puñados de jóvenes aquí nutridas agrupaciones allá, vivían y actuaban conentusiasmo de contagio por y para un pensamiento alto de lealtad, nobleza y generosidad. Álgido periodo de fecundo florecimiento de consciencias, de juventud que tomaba la vida en serio cuando a vivir empezaba, que buscaba ser libre en toda su plenitud y concepción. Y creo poder aseguraros que la reacción cavernícola asolando a España, las fuerzas del mal dominando, hicieron más daño a la península ibérica y al mundo por cortar y arrasar lo que estaba en promesa firme de fruto óptimo y sano, que por lo que arrasó, asesinó y destruyó durante su avance apocalíptico en la guerra civil, con ser esto incalculable. A tientas o a sabiendas supieron bien lo que hacían contra el progreso del espíritu contra la libertad, la justicia social y la conciencia.

Y fue que, con paso seguro, la extensión de simpatías, de proselitismo, de leal ejecutoria, determinaba que el pensamiento libertario entraba en la psicología social colectiva para conectar con el fondo antepasado, con los ingredientes psíquicos que formaron la conciencia colectiva del pueblo español. Por ello se extendía al todo global. La juventud libertaria era ariete y acicate, voluntad y ejemplo, conciencia y presencia de aquel momento sin par; fuerza impulsora de primer orden en pos de la superación social y económica como de la espiritual y personal. Momento estelar de la juventud que supo por intuición y aprendió de cerebro y de corazón cual es su verdadera y más alta misión a cumplir en su ciclo cronológico. Desparramar el impulso vital por una causa vital para el vital avance de los seres y su sociedad hacia un término de vital importancia. Vitalísimo definitivo en el pensar y en el actuar en la teoría y en la práctica fue el lema sin palabras de las Juventudes Libertarias en España. Y los ejemplos pueden desgajarse por centenas, de la historia, llena de sencillez, de aquel tiempo.

Desde aquellas primeras andanzas dominicales en las que por caminos vecinales o por carretera, yendo por cerros y oteros, a pie, un grupo de jóvenes libertarios llegaba a la aldea lejana aprovechando el jolgorio de la fiesta mayor y allí entablaban conversación con jóvenes campesinos al socaire del baile en las eras y uno de entre los forasteros les anunciaba la nueva libertaria en lenguaje llano, hasta la ostentosa rebeldía de las Juventudes de Haro, que, una semana después de haber sido sofocada la insurrección libertaria de Aragón y La Rioja iban cantando en alta voz ante los tricornios por las calles de la villa, su continuidad con canciones anarquistas; siempre el mismo tesón y el mismo espíritu para avanzar por el camino escogido, siempre la misma generosidad de alma y de obra, siempre entusiasmo y simpatía.

Mucho se puede contar de aquel periodo de sólo cinco años y largo como un siglo por su intensidad de vida y de movimiento, de acontecimientos y de sentimientos. Se nos puede antojar una generación espontánea dentro de la era contemporánea al contemplar el valor y el carácter singular de la consciencia juvenil en él florecida. Y por lo tanto nada espontánea era esa generación, puesto que fue consciente. Contagio de nobleza y lealtad de alma, del alto pensar y de conciencia reflexiva, pensante y actuante, poniendo en practica una moral y una filosofía universalista. A este universalismo práctico y practicado, de las Juventudes Libertarias en España, se añade su individualidad, que no es, lejos de ahí, individualismo racial de errónea interpretación. Individualidad del fondo psicológico ibérico que muchos pseudo-analizantes vienen a mal interpretarla como individualismo (y que Altamira pone al descubierto en sus estudios históricos hispánicos).

Esa individualidad marcada, al lado de la fuerte tendencia comunalista de su colectivismo y de su «sociabilidad» de «corazón en la mano», que son las constantes de los libertarios que de verdad lo son, fue la tónica, en consecuencia, de las Juventudes Libertarias y dones esenciales necesarios a la madurez de la decencia en sentido aceptable. Ello nos explica lo que hasta aquí vamos exponiendo: la singular contextura de aquel momento y de aquel movimiento juvenil que tuvo expansión y actuación con su floración de valores personales y constantes.

La envergadura, la importancia de las Juventudes Libertarias alcanzan proporciones mayúsculas en todos los sentidos a la víspera del huracán exterminador de julio del 36. Habían pasado cinco años. Cinco años en los que la marejada libertaria, de la juventud en primer lugar, barría con su impulso irreversible los prejuicios, las injusticias, los falsos valores y la falsa cultura: la base de una sociedad inicua. Las olas en la pleamar avanzaban tenaces y la resaca iba limpiando la orilla de un nuevo mundo. Las olas al avanzar iban dejando huella a su paso, en todas las playas de la península, en el pentágono irregular geográfico y en sus 3,144 kilómetros de costa española; avanzaba la nueva libertaria a través de su meseta y de sus cordilleras tierras adentro, por caminos fluviales y por caminos de herradura, cuestas arriba páramos adelante. Nada más seguro que esta realidad que se veía con los ojos de la cara y con los del entendimiento.

En enero del 32, en diciembre del 33, en octubre del 34, siempre, aunque frenada, la revolución social en España avanzaba de sacudida en sacudida hacía su destino realizante, con sus artífices más notorios, los jóvenes libertarios. Ibanse demoliendo cada vez con mayor empuje los diques retrógrados. Con más consciencia, con preparación más eficiente. Y aquí estriba el fenómeno. Los días, los meses, los años de rebelión proletaria fueron siempre acompañados de madurez de cultura y del ardiente sentimiento íntimo, de conciencia en el motivo en sí y de la misión grabada con el fuego del corazón y del cerebro. Fue como una penetración en la psicología colectiva ibérica, puesta en movimiento, con la pasión del joven que adquiere la madurez temprana del campo mediterráneo, que se propagara, valga la expresión por las tierras altas de Castilla y de Aragón, de las playas de Andalucía a los páramos manchegos, de la huerta valenciana a los montes de Soria, del Tibidabo a los Monegros, de las planas del Llobregat a las riberas del Ebro alto y medio y las del Duero. La ciudad y el campo iban saturándose de ambiente libertario, transformándolo en fuerza social, en concienzuda energía.

Quien vio y pulsó el entusiasmo de los mineros libertarios de La Felguera o de Figols las Minas, quien vio y pulsó el entusiasmo de los obreros de Logroño, de Zaragoza, de Barcelona o de La Coruña, quien vio y pulso el entusiasmo libertario de los campesinos de Andalucía y de Aragón, de los huertanos de Gandia y los de Santo Domingo de la Calzada, de Haro, de Casalarreina, de Briones, Labastida y Cenicero en las tierras fértiles y rientes de La Rioja, no puede dudar; el sueño de una sociedad mejor y del individuo libre, dueño de su destino como tal, y como trabajador seguro de su trabajo que controla, como el empleo de su producto, el productor, estaba cerca. Aquellos fueron momentos de la Historia, que, en las tinieblas de la represión, una vez parados por la fuerza de las armas los ensayos de rasgar la noche para dar paso a la aurora, fueron incontinenti reemprendidos, pasos hacia el alba que les alumbraba dentro, ignorando, de intención, la tenebrosidad de palizas o de encarcelamientos, de la muerte en la demanda o del asesinato a mansalva.

Las colectividades y las personas que obran pletóricas de vida, de energía cerebral, de entusiasmo por algo que multiplica esa energía, no se preguntan ni miden fuerzas. Obran a impulsos de la generosidad en su más firme acepción, obran con esa consciencia moral superior, con ese desbordamiento vital creador con el que hacen Historia las personas y los pueblos.

Y así llegamos a octubre del 34. Obvio ocuparse de la Revolución de los mineros asturianos, cuando tanto ya se ha hablado y por sí sola clama, aclama y reclama. A la juventud de Asturias le tocó la vez de su presencia, el turno histórico y la magnificación de la gesta. Los socialistas se habían despertado. La alianza C.N.T.-U.G.T. movió brazos, corazones y cerebros, uniéndoles. De los comunistas mejor será no hablar. No es lugar ni propósito.

Y llegamos al 19 de julio. Las fuerzas retrógradas. reaccionarias hacia mucho tiempo que preparaban de manera subterránea el golpe que debía desquiciar el coloso social y consciente que avanzaba sin equívocos. El ambiente les asfixiaba, la luz hacía mal a los murciélagos, los desahuciaba de sus cavernas. Bien visto y sabido lo tenían. El movimiento libertario iba camino de conseguir la totalidad de la opinión en el mundo del trabajo. Las juventudes libertarias eran promesa formal de un futuro próximo para la llegada del Día. El ambiente nacional estaba electrificado. El levantamiento militar ya tenía fecha, fecha que fue aplazada. Todos lo sabían; todos menos los gobernantes republicanos guardadores del orden y de la legalidad republicana. Mientras, el pueblo organizado, el pueblo militante, el pueblo que piensa, estaba en guardia y hacía la guardia. Y de entre ese pueblo, el libertario, y, entre éste, las Juventudes. ¿Quiénes vigilaban y esperaban con calma y serenidad el arranque de la sublevación clérigo-militar-fascista? Las Juventudes Libertarias. ¿Quién en Barcelona hacia una semana que no dormía esperando en las Ramblas cada noche el momento en el qua las fieras salieran de sus guaridas, los cuarteles?: el movimiento juvenil libertario.

Y así fue que en la madrugada del 19 de julio de 1936, al tiempo mismo que el alba despuntaba, el alba de un nuevo mundo social rasgó las tinieblas. Después entre el Día y la Noche hubo un equinoccio. El Día hizo mutis, y la Noche, prolongándose en su doble acepción y desde entonces, en el ámbito de España, el Día y la Noche que domina están en constante brega.

Ser bueno por naturaleza, por no poder ser de otra manera, tiene un valor personal relativo. Ser bueno por convicción, por análisis introspectivo con miras a la sociabilidad, ser bueno por conciencia y convicción del camino escogido, es, a mi entender, el verdadero estado de ser bueno. Cuando grupo o persona se encuentra ante un dilema, y escoge rectificación al darse cuenta del yerro, nos encontramos ante alguien, grupo o individuo, no solo leal si que además en el estado verdadero de ser bueno. Veamos el porqué de esta reflexión.

Corría el mes de septiembre de 1936. Se celebraba en la sala del Cine América sito en el Paralelo, arteria clásica de Barcelona, un comicio extraordinario, en vistas a determinar el papel y estructura que debían tener los Ateneos en la nueva sociedad que a la sazón se encontraba en sus albores. Acudieron con sus acuerdos delegados de Sindicatos, de Grupos, de Ateneos libertarios y de Juventudes. Fuimos Deltell y yo como delegados de Hospitalet del Llobregat, en reemplazamiento de cierto delegado oficial que queriendo estar como Dios, por todos los sitios, y no pudiendo, hubo de recurrir a nosotros, miembros de las juventudes libertarias de la barriada de Sta-Eulalia, Provenzana en aquel tiempo; y de su Ateneo libertario, «Luz y Amor».

Huelga decir que los acuerdos eran defendidos por cada delegación con calor y vehemencia como es de costumbre. Como es de costumbre, igualmente, el calor en las discusiones subió de grados, hasta llegar al momento en que el ambiente vehemente, impedía que se hiciera entender quien no tenia pulmones robustos y voz prepotente. El delegado de un grupo juvenil de barriada se propuso usar de la palabra que el presidente de mesa le había dado. De entre esa balumba discordante, una voz suave, al oído, tímida, quiso exponer y defender los acuerdos que llevaba. Salía esa voz como el canto de un jilguero de entre la profundidad de un robledar sacudido por el viento. Comprendí de quien se trataba por el timbre de su voz, y me produjo la impresión de una mora solitaria campando en un enmarañado zarzal. Y en verdad, como mora cubierta por el ramaje de la zarzamora se vio de pronto, a pesar de su saber, de su personalidad. Un delegado salta a la derecha, tres a la izquierda, cinco detrás, al fondo. La cálifa delegante arreció su esténtor exuberante De nada sirvió la voz mesurada, conciliante, de Puig Elías que presidía, ni su figura hebraica con sus largas melenas y su espesa barba de la negrura de la endrina. Se puso de pie y parecía un personaje salido del Viejo Testamento para presidir la llegada del Apocalipsis según San Juan. Aquello fue más pintoresco que «La Casa de la Troya» pero menos edificante que una novela de Carretero, carrero, «El Caballero Audaz», que nada tenía de audaz y menos de caballero.

¿A quién correspondía la voz que el tumulto apagó? A Marti Ibáñez, cohibido como caperucita roja ante el Ogro. El enfado retenido se movía en mis adentros por aquel contraste sin ribetes. Cuando me llegó el turno me explique poco más o menos, guardando lo esencial en la memoria, de esta manera:

«Venís aquí, compañeros, en representación de los Sindicatos, de los Grupos, de los Ateneos, de las Agrupaciones juveniles. Habéis sido elegidos por ser, en principio, los más capaces, los que mejor interpretan el sentir libertario y su letra. Sois, pues, algo así como la crema del anarquismo en Barcelona y su radio. Sabéis bien, claro está, que el anarquismo es un ideal de amor y tolerancia y vosotros sus militantes, ¿Cómo compaginar la contradicción de lo que decís ser y representar y vuestro proceder de este momento en esta sala? ¿Cómo representando la tolerancia os manifestáis tan intolerables? ¿Cómo propagadores de la transigencia en la opinión de los otros sois aquí intransigentes? ¿Cómo siendo libertarios vuestra conducta se manifiesta tan antilibertaria? Dejad hablar a quien discrepe con vuestros acuerdos. Dejad hablar a quienes no tienen vuestra voz estentórea ni vuestro ímpetu sin freno. Usad de la palabra cuando os toque y exponed argumentos convincentes en lugar de voces destempladas y a destiempo.» Dije acaso más que no me acuerdo.

El caso fue que con las primeras palabras se había apagado el clamor; y después de algún susurro, un silencio total, un silencio de cementerio le reemplazó. Cohibidos estaban, la voz y quien la emitía. Algo muy profundamente se había clavado en todos y cada uno de los asistentes. Ellos estaban coaccionados, yo también, cada lado por motivo diferente. No sabía como escapar del efecto que mis palabras había producido. Eche mano con prisa a los acuerdos que llevaba, cambiando el sesgo. Desde tal momento el ambiente y el coloquio (ya que fue después un deslizar de justas oratorias) cambió de extremo a extremo de tal manera que alguien propuso:

-Que haga uso de la palabra el compañero Marti Ibáñez.

-Si, que hable; tiene derecho.

-De acuerdo, de acuerdo: que hable.

Y Marti Ibáñez ante un silencio de Academia leyó, argumentó y defendió los acuerdos que tenía.

Digo bien de extremo a extremo porque la Sesión aprobó (no digo por unanimidad por que no estoy seguro) tales acuerdos, uniéndolos a los de Hospitalet del Llobregat que llevaba puntos coincidentes, fusionándolos en uno.

La anécdota tiene un indiscutible valor de análisis psicológico, ante un trance de coacción moral del que salió la bondad consciente, bastante superior a la del carnero, la comprensión reflexiva y el optar superior y sincero. En ella se ve reflejada la reflexión anterior. Y además: el individuo influenciando la colectividad, la colectividad influenciando al individuo. Para lo mejor unas veces, para lo peor otras. Ello depende de los sentimientos tanto como de los factores intelectuales guiados por la consciencia moral. De ahí que las juventudes libertarias en España en aquel tiempo tenían por divisa sin palabras ni aparato: los anarquistas sin anarquía íntima, sentida, no son anarquistas; el ideal libertario es un sentimiento actuante que refleja, no sólo una teoría en su letra, si que encima y sobre todo, su esencia, su espíritu, su contenido representativo en la conducta y el proceder; sin ello, nos encontraremos con anarquistas de fuegos fatuos, o con anarquistas de fuegos artificiales.

El lema-motivo de actuación y de inquietudes del movimiento juvenil nihilista, el verdadero y autentico, fue: «ir al pueblo, ser pueblo», ejecutado en la letra con sentir y con sentido practicista. Un movimiento, en Rusia, de los hijos de la nobleza que optaron de forma radical por la nobleza pensante y sentimental, en total desinterés, acompañado del interés de educar al pueblo que trabaja queriendo despertar en él anhelos de justicia social, de libertad política, de ayuda a salir por los fueros de la dignidad obrera y la humana. El movimiento juvenil nihilista fue así el epicentro de difusión, del cual salió al propagarse, el ambiente y la preparación propicios, culminando por su raíz en la revolución del 17, violada y traicionada al nacer.

El movimiento juvenil libertario en España fue centra de expansión del alto sentir del vivir, epicentro de difusión de consciencia humana y de libertarismo, del cual fue marcada la sociedad española en uno de sus momentos de transición transcendental dentro del cuadro contemporáneo. La metrópolis hispánica quedó marcada en sus raíces psicológicas y morales, sociales y conceptuales, y esas raíces harán rebrotar nuevos arbustos que reverdecerán. Pero entonces eran cimiento y levadura a un mismo tiempo de una revolución original. Los cimientos fueron desarticulados por tirios y troyanos con la guerra social y civil. El terremoto arrastró en el torrente aluvial lo que de los cimientos quedó, cascotes que se desparramaron por todos los campos del mundo y que se amontonaron sin argamasa consistente, o quedaron sueltos, lejos de su centro y de su epicentro. Y la levadura se agrió.

Pero la ejecutoria leal y desprendida con los riesgos que se afrontaban sin darles importancia por que la importancia mayor y principal era el motivo: levantar el monumento social y personal de una humanidad mejor, construcción penosa sin pena por ser trabajo agradable y hondamente sentido, se quedó en ejemplo que legaron a las generaciones venideras las Juventudes Libertarias en España. Se darán cuenta ellas, que fue la sincronización capital del sentir y del hacer, de la vida cerebral y sensitiva. Se darán cuenta que esa plural sincronización fue el carburante espiritual que movía las ideas-fuerza, que tuvieron en vilo a la sociedad española de cabo a cabo.

El goce del vivir en el más profundo sentido, es la segunda parte del mensaje; el mejor ejemplo de cómo en cada generación en la primavera de la vida, se disfruta de los años y de forma intensa dándoles sentido de pensar y de actuar. No sólo a causa de un motivo idealista que da de sí el desprendimiento por naturaleza. Además encontrarán para uso y empleo de sus energías materiales y espirituales mentales y físicas el mejor y más intenso de los placeres, en la más alta satisfacción, en el goce supremo: encontrarse en sí, hallarse en sí mismo; justificación de su juventud; haber sido útil para algo fuera de lo banal a su paso por el camino de la vida.

El contrapeso de ambientes impropicios y extraños, nos hace zozobrar a veces, y nuestros conceptos morales, como la herencia del sentir y del actuar oscila, alejándose de la pureza, de su penetración sensitiva, de la simbiosis del decir y del hacer. Pero el militante libertario sobre todo si es joven, tiene el deber de no olvidar aquello que fue un mensaje enviado a los que piensan y obran para que las personas y los pueblos, la Sociedad y sus componentes sean como tienen que ser. Mensaje sin par y ejemplo estimulante, que los jóvenes libertarios de aquel tiempo envían a todos los jóvenes de este tiempo y del que vendrá, cualquiera que sea la lengua que hablen o el lugar donde se encuentren.

Fabián Moro
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