Tu cuenta

Iniciar sesión Registro

Login

Usuario
Password *
Recordarme

Crear una cuenta

Los campos marcados con un asterisco (*) son obligatorios.
Nombre
Usuario
Password *
Verificar password *
Email *
Verificar email *
Captcha *
Reload Captcha

Buscar

Redes y RSS

Suscripción e-mail

Recibe el Boletín Diario del Portal

E-mail:

Traducir

Política de cookies

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar la navegación de sus usuarios y obtener información estadística. Saber más

Acepto

Algunas reflexiones sobre izquierdas, diagnósticos y fascismo en la región chilena

Uno de los rasgos que más me llama la atención en los diagnósticos de las izquierdas, tanto la autoritaria como la progresista, sobre el auge fascismo en la región chilena en el último tiempo, es su denominador común: la “ignorancia”. Ya sean “desclasados” o “fachos pobres”, el problema consiste en que las personas ajenas a la clase dominante, o que no se benefician en mayor medida del neo-liberalismo, apoyan candidatos autoritarios, xenófobos, homófobos, misóginos y racistas porque “no saben” y, al “no saber”, serían presa fácil de retóricas reaccionarias que les dan cierta seguridad y proyección personal a través del orden público y la estabilidad económica. De esta forma, según este diagnóstico, las personas que votan por este tipo de personas o que apoyan movimientos políticos de este corte, tendrían básicamente un “problema”, serían una “desviación”: por un lado, la norma de la izquierda autoritaria dicta que todo trabajador o trabajadora, por el hecho de ser explotado, es un sujeto revolucionario en potencia que aspira la ejecución de la lucha de clases; mientras que, por otro lado, la norma de la izquierda progresista versa que toda sociedad avanza, inevitablemente, hacia la libertad, igualdad, fraternidad y tolerancia. Siguiendo ambas líneas, en ninguno de estos esquemas calza el “desclasado” o “facho pobre”: ¿cómo podría ser posible que un trabajador que es víctima de explotación laboral o una mujer que sufre cotidianamente la desigualdad de género vote o apoye a partidos o movimientos que buscan mantener y agudizar esas explotaciones y desigualdades? La “ignorancia”, en este sentido, sería el único juicio.

Ahora bien, el límite entre un “juicio” y una “falacia” es bastante difuso y, en la mayoría de los casos, peligroso, porque diagnosticar mal a un enfermo o enferma aumenta considerablemente las probabilidades de que muera. En este sentido, no comparto el diagnóstico de las izquierdas (ya se entiende que hablo de la “autoritaria” y la “progresista” por lo que hablaré simplemente de “izquierdas”) y me basaré en las siguientes razones: en principio, para que haya “ignorantes” también tiene que haber “sabios”. Esta lectura no tiene nada de novedosa (es el mismo ejercicio dialéctico del marxismo recalcitrante), pero sí es significativa: tratar de “ignorante” al resto implica necesariamente que “yo” no lo soy, por lo que puedo ejercer autoridad sobre otros u otras. En el fondo, las izquierdas repiten el mismo ejercicio que M. Hopenhayn llama “matriz iluminista” latinoamericana: esa idea de que existe una vanguardia “educada” que viene a “educarnos”, un grupo de personas que ha visto la “luz de la verdad” por lo que sólo ellos o ellas pueden liberarnos de la ignorancia, la tradición y llevarnos a un futuro prometedor y “moderno”. Ya sea apoyándose en Marx, Engels, Lenin, Gramsci, el Che Guevara o alguna lectura selectiva de Silvia Federici o Judith Butler, las izquierdas ejercen relaciones de poder a partir del saber, articulan una autoridad por medio del conocimiento, su conocimiento, que las posiciona a ellas arriba y al resto, incluyéndonos a nosotros y nosotras, abajo.

Esto toma sentido, la “matriz iluminista”, cuando el saber de las izquierdas adquiere un carácter de “verdad” en contraste con la “falsedad” del fascismo. Esta matriz no sólo constituye escalas jerárquicas amparadas en el saber, sino que también niega cualquier capacidad de los y las “desviados” o “desviadas” de construir su propio conocimiento. Este es quizás el mayor signo de arrogancia de las izquierdas: se considera que todo saber del fascismo simplemente no existe y que todos sus argumentos carecen de evidencia o, incluso, “racionalidad”. Desde las lecturas autoritario-progresistas, todo argumento que escapa a sus propios marcos explicativos simplemente no es un argumento, es “ignorancia”. De esta forma, la única o mejor solución al problema del fascismo sería simplemente masificar la “educación” a través de distintos canales, para que la “verdad” llegue a la mayor cantidad de personas posible, incluso llamando al Estado para que interfiera desde la institucionalidad con leyes (o sea, desde la coacción) para masificar el “conocimiento” y disminuir, en contraste, la “ignorancia”. Así, se conjetura que los “desclasados” o los “fachos pobres”, por el simple hecho de conocer la “verdad”, la aceptarán sin mayor cuestionamiento y apoyarán las ideas o propuestas de las izquierdas. Está demás, por el momento, comentar el evidente carácter determinista y esencialista que sustenta esta lectura, que en general es transversal en el diagnóstico de las izquierdas, pero que para este caso no abordaré.

Ahora bien, creo que eso de “masificar la verdad” carece de sentido por algo simple: los discursos fascistas no se basan en la “ignorancia”, ya que estos grupos, al contrario de lo que indican los diagnósticos de las izquierdas, sí construyen saberes que le dan explicación a los hechos desde su posición y que justifican su actuar. El fascismo tiene sus autores y autoras, su propio conocimiento: se apoya en su historiografía, sociología, antropología, economía, psicología, etc. Utilizan un saber que le da sentido a su forma de actuar y que explica el de sus seguidores y seguidoras, ya sea en la calle o a través del voto. No sólo esto, sino que las conjeturas, las “soluciones”, de las izquierdas niegan cualquier capacidad de agencia de estos “desviados” y “desviadas”: al vivir en “falsa conciencia” o en simple “ignorancia”, las personas que apoyan al fascismo serían incapaces de construir sus propias redes simbólicas, de instituir su propio imaginario social instituyente, lo que carece completamente de sustento. Un ejemplo claro es lo que ocurre con las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura cívico-militar chilena: si fuese una cuestión de “educación”, de “verdad”, de “evidencia”, nadie cuestionaría que existieron persecuciones, torturas, asesinatos y desapariciones por parte de los y las militares, sería innegable el “terrorismo de Estado” (¿qué Estado no es terrorista?). Pero, a pesar de que existen pruebas de ello, los discursos fascistas simplemente los niegan porque, al ser una “confabulación del marxismo internacional”, las evidencias carecerían de veracidad, por lo que todo pasa a ser una cuestión “ideológica” y no “objetiva”.

No es de extrañar esta lectura de las izquierdas, porque así también la “ignorancia” sirve como el mejor chivo expiatorio para negar lo evidente: las prácticas autoritarias que se articulan en la región chilena. Parafraseando a M. Foucault, para que el fascismo cuaje en una sociedad tienen que existir ciertas relaciones de poder específicas que lo permitan: si apelamos a la ignorancia de las personas, negamos que los grupos sociales que están dentro del Estado chileno se constituyen a través de relaciones de poder abiertamente autoritarias, ya sean machistas, misóginas, homófobas, xenófobas o racistas, por lo que así se justifica que toda práctica o discurso que vaya en contra de la “verdad” sería simplemente producto de la continuación de prácticas “retrógradas” y que deben ser superadas gracias a la “educación”. De esta forma, igual como pasa anteriormente, solo bastaría con impulsar o promover nuevas prácticas, principalmente por medio de la institucionalidad del Estado, que contradigan las prácticas “retrógradas” para construir una “sociedad nueva”. Esta conjetura se debería, creo yo, en gran medida a los discursos que se masifican en los medios de comunicación y redes sociales: desde hace años escuchamos y leemos la estupidez de que la “sociedad chilena está cambiando”; por lo que, en esta línea, no se explica que surjan grupos de corte fascista o que en otras latitudes hayan llegado al control de los Estados. Evidentemente, lo que se aprecia es que la “sociedad chilena no está cambiando”: simplemente, las prácticas y discursos autoritarios se reprimieron durante un tiempo hasta que las condiciones políticas permitieron su regreso, porque esa es la constante histórica.

La verdad, revisando a grandes rasgos el diagnóstico de las izquierdas sobre el auge del fascismo, creo que la única “ignorancia” está en subestimar estos discursos autoritarios: no sólo es ignorante, sino que además peligroso. Los “terroristas de la teoría” hacen gala de ese título al intentar analizar fenómenos desde las ideas y no reconstruirlos desde la praxis: amparándose en los esencialismos y determinismos, sus lecturas siguen siendo las mismas de viejas épocas, que no logran interpretar las nuevas épocas. Al minimizar los discursos fascistas, simplemente se aumenta el potencial autoritario que habita en la “sociedad chilena”, brasilera o de donde sea: por lo demás, la historia demuestra que no basta con “educar”, algo que parece paradójico tomando en cuenta que los y las fascistas son gente con distintos tipos y grados de educación, ya sea primaria, secundaria o universitaria. Nuestro enemigo, creo yo, no es la “ignorancia”, ni el “fascismo” entendido como una abstracción política o histórica, sino el modo de vida-fascista o, en otras palabras, el “fascismo” como “institución”: es contra esos discursos, contra esas prácticas que debemos enfrentarnos, pero entendiendo a sus portadores o portadoras no como “víctimas” de esos discursos y prácticas, sino como agentes activos que los impulsan, promueven y propagan. Al final, como siempre todo termina siendo una cuestión ética, y ante enemigas y enemigos éticos la única posibilidad que nos queda es seguir las palabras de B. Durruti: “Al fascismo no se le discute, se le destruye”.

Reflexiones Anárquicas

Submit to DeliciousSubmit to FacebookSubmit to StumbleuponSubmit to TechnoratiSubmit to TwitterSubmit to LinkedIn
1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 0.00 (0 Votes)

Comentarios

  • No se han encontrado comentarios
Por favor, acceda con sus datos para poder comentar