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8 de marzo, el día internacional de la mujer. Análisis y repercusiones

FeminismoEl avance de la mujer en la búsqueda de su reconocimiento como ser humano en igualdad con respecto a los hombres es la historia de miles de acciones, la mayoría de las veces anónimas y otras no tanto. Siglos de dominación masculina han marcado enormes injusticias tanto para hombres como para las mujeres. Han definido roles y estatus, actitudes del “deber ser” para ambos. La totalidad de estos papeles en el gran teatro de crueldad: la civilización y el progreso planteados bajo preceptos de desigualdad, poder autoritario, competencia despiadada, fuerza, violencia jerarquías y dominio, los cuales han reforzando por siglos el conformismo, la sumisión y la injusticia. Estos antivalores han sido provocados por el juego de la víctima y victimari@, poder y dominación.

La dominación sobre la mujer signa su papel de sumisión pero coloca a ambos sexos en condición de subordinación ante los poderes que rigen sus vidas. El Capitalismo, el Estado y la religión han generado y reforzado desde siglos la noción de que existen seres débiles hechos para el manejo, disfrute, explotación y servicio de los más “fuertes” o “capacitados”. Doble moral basada en que el fuerte cuida y sostiene al débil cuando la realidad confirma que disfruta, usa y sobre todo necesita de éste. Decimos seres porque incluyen la Naturaleza (mineral, animal, vegetal), la mujer, ancian@s, niñ@s y aquellos hombres que de una forma u otra desean romper con el ciclo dominador y dominado.

En líneas generales hablamos del patriarcado que basa su fuerza en la dominación de lo masculino, sobre lo femenino o lo distinto. Así el Estado se apropia de nuestra capacidad de defendernos para ser defendid@s, protegid@s, cuidad@s pero sobre todo controlad@s; El Capital define la forma de mantenernos, cómo obtener los recursos para vivir, cómo ser “útiles” en base al mercado, a la competencia en desigualdad de oportunidades y modifica nuestras necesidades físicas, intelectuales y subjetivas por las más rentables para sus intereses. Las religiones nos dicen cómo vivir, qué creer, alejándonos de nuestra autonomía, invisibilizando nuestras capacidades, delegándolas a entes externos más fuertes, perfectos para vigilar a los débiles por la culpa y el pecado.

Sobre lo femenino

Durante siglos la mujer fue vista (y en muchos lugares aún lo es) y entendida como un ser inferior, débil y pecador. Su rol se limitaba a ser madre y esposa. La sumisión es el “deber ser” femenino. Buenas cuidadoras, educadoras de aquellos preceptos que se convertían y convierten en su yugo, reflejo palpable de lo digno de mostrar. Sin embargo, el cuestionamiento severo por parte de las mujeres de ese “deber ser” permitió la creación de focos de resistencia y de luchas para una transformación de los cánones impuestos por la sociedad. Sus luchas por un trato y un reconocimiento igualitario generaron cambios dentro de la “normalidad” social. Su incorporación al trabajo, a la educación, al sufragio y sus derechos ha sido un proceso lento, escalonado y aún no concluido en la meta de igualdad en todos los ámbitos de la vida social e individual. Tampoco lo fue en igualdad de condiciones ni siquiera como mujer: para ello también mediaban, el status, la clase social, la raza y procedencia. Incluso su incorporación a las luchas clásicas por reivindicaciones sociales, como la abolición de la esclavitud, la igualdad de razas, el sufragio universal y su participación en revoluciones de corte comunista siguieron tropezando con el menosprecio a su causa. Lastimosamente su escalonada aceptación por parte de las estructuras de dominio (Estado, Capital, Religión, hombre, poder) también estuvo signada por la necesidad de las exigencias generadas por la industrialización y la modernidad, no por un convencimiento y reconocimiento real de su importancia.

Las diferencias, los valores y las exigencias que aún persisten son muestras de ello. Para que un gran número de mujeres puedan sobresalir y sean reconocidas en un mundo patriarcal han debido asumir atributos asignados a los hombres incluyendo diferentes formas de violencia, dominio y masculinización. En su contrario, o en uso de ambos a una sobreexplotación del rol más primario: el objeto estéticamente bello, sensual, y sexual que si produce y reproduce el objeto con orgullo de mostrar.

Mujer y salud sexual, mental y reproductiva

La mujer a lo largo de los siglos ha sufrido de múltiples imposiciones que van desde la obligación de parecerse a un ideal de belleza que le impulsan a aspectos negativos incluso para su salud. La anorexia y la bulimia son enfermedades “modernas” producto de la nueva esclavitud que somete a miles de mujeres: el ser bonita. No se cuestiona la obesidad como una enfermedad degenerativa del organismo físico, sino porque no es estéticamente bello. Las presiones que van desde lo social hasta lo sexual, imponen modelos de comportamiento constantemente reforzados por una sociedad de consumo. Concursos de belleza, cosméticos, cirugías, etc. El objeto lindo de la casa en las sociedades actuales es lo que más vende, es lo que más compra, es el pilar de un sistema de explotación que al mismo tiempo esclaviza. Las telenovelas muestran, construyen, enseñan estereotipos de mujeres aceptadas dentro del patrón de belleza pero con relaciones patológicas que a su vez refuerzan relaciones de poder y sumisión.

Por otra parte, el cuerpo de la mujer carece de autonomía, la religión define cómo y cuándo disfrutar de la sexualidad. El Estado regula su cuerpo decide hasta penalizar cualquier decisión. El parto se ha convertido en una gestión de poder, un proceso doloroso y traumático que desplaza la importancia de la libido maternal, incluso la posición para dar a luz se ha demostrado que no es la más beneficiosa para la mujer y el niño o niña, pero si es más cómodo para el obstetra.

Mujer y autonomía

El avance de la mujer como ser libre sin subordinación no pasa por ser más poderosa que l@s otr@s, implica una concientización de responsabilidad. Implica un reforzamiento de la feminidad entendida en el respeto por su propia condición de mujer, la cual debe liberarse de las limitaciones impuestas por la sociedad y por sí misma. Los cambios necesarios para una sociedad más justa comienzan por un análisis profundo de la realidad que nos rodea, de aquello que llamamos normalidad y de las formas de violencia que la perpetúan. No repetir patrones autoritarios, jerárquicos que alejan los lazos de solidaridad necesarios para toda sociedad.

La autodefinición comienza en no copiar aquello que más criticamos de la sociedad patriarcal, sino en hacerlo visible y empezar con cambios sustanciales desde los seres más cercanos. Desde el lenguaje y la búsqueda de cuál reconocimiento. Desde la formulación de personalidad no como reproducción de lo que nos muestran las fórmulas del mercado. Desechando relaciones personales que se basan en la violencia, gestual, verbal o física. Entendiendo que es primordial una reeducación personal incluyendo a los hombres que nos rodean y no fortaleciendo los patrones de machismo en nuestros padres, hermanos, familiares y amistades.

Son muchos los avances logrados y los que faltan por consolidar, actualmente las mujeres junto a sus compañer@s han estado construyendo un camino hacia una sociedad más libre y más justa, un tejido de relaciones humanas basadas en la solidaridad, transformando la reciprocidad entre los sexos en beneficio de tod@s.

Publicado en el número 41 del periódico El Libertario
Disponible en: http://www.nodo50.org/ellibertario/PDF/MujeryAdossier.pdf
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