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Deus ex Machina

"La herramienta básica para la manipulación de la realidad es la manipulación de las palabras. Si puedes controlar el significado de las palabras, puedes controlar a la gente que debe usar las palabras."

"La Realidad es aquello que, incluso aunque dejes de creer en ello, sigue existiendo y no desaparece."

Philip K. Dick

Cuando me interesé en los últimos años por las candidaturas de unidad popular, ya con el potencial del 15-M prácticamente mermado, concluí pronto que en las asambleas y en las comunicaciones se tendía, tendíamos, a hablar y a escribir para nosotros mismos, como si tratásemos de convencernos de algo, que, acaso, nuestras palabras encerraban tanta razón y tanta coherencia, que podían y debían calar en los demás con la mera pronunciación de las mismas.

Se trataba de palabras, para los otros, pero sin los otros, que sostenían, equivocadamente, más ideas que acción, que, tristemente electoralistas, rozaban la entelequia y no iban mucho más allá de cualquier resaca electoral. Fueron momentos de muchas vanidades, menos generosos de lo que podía suponerse (nunca olvidaré a las honrosas excepciones), pero ni llegaban abajo, ni eran populares, ni eran libres. Esta presunción permanece, hoy, en no pocos salones de té.

Desde entonces ha parecido encogerse aquel incompleto nosotros, más todavía, qué poca profundidad la de la transversalidad, por obra y gracia, también, de los miedos de masas, al tiempo que se ha esclerotizado la autocomplacencia de quienes habitan una zona de confort político a modo de tribuna y agencia de colocación. Para que todo parezca tan seguro como lejano para el apático ciudadano que, saturado por las urgencias, usa gafas para ver de cerca.

Sólo las corrientes libertarias han demostrado capacidad organizativa para acortar esas distancias y obtener resultados, articulando las luchas y distinguiendo con valor y coherencia entre lo legítimo y lo legal, en un momento histórico y político en el que lo colectivo parece resultar ya sedicioso en el imaginario popular. No parece casualidad, tampoco, que estos movimientos sean, en general, más abiertos, frescos y generosos que aquellos que orbitan en torno al moho institucional.

Persiste, entonces, la manipulación de las palabras, para que nada cambie, con buena parte de la disidencia controlada, y alcanza, aquella, cotas insospechadas de antonimia, absurdo y olvido, porque el espíritu crítico sufre agotamiento crónico y la reasignación de significados se esconde entre acontecimientos espectaculares en forma de remontadas futboleras, independencias cinematográficas, Venezuela al gusto y al corte, y expolios milmillonarios que, aún, son culpa de un tal Zapatero.

Nadie preguntará qué se cuece entre bambalinas (me han dicho que dicen, parece ser que es), ni abrirá un puñetero libro, por expresar, de alguna manera, la manifestación del más mínimo atisbo de curiosidad por comprender (y que nadie sabe cómo y cuando se pudo mermar tanto); la puesta en escena será impresionante, perfecta para ser esquivada, en el fondo, con píldoras de información en Facebook y Rivotriles furtivos, tras jornadas de catorce horas ganándose una vida, la propia, como si tal cosa tuviera un sentido por sí mismo. Sígueme en #CulturaDelEsfuerzo, pusilánime de mierda.

Se invita a abrazar el esencialismo, antesala correcta y cool del integrismo, por comodidad, ignorancia, miedo o juvenil hooliganismo y se ha suprimido, sin oposición real, el potencial de cambio en un sistema educativo, que nunca fue para los educandos, y que circula por los raíles de un trazado forzoso a través del tecno-optimismo, la des-memoria, los legalismos, la repetición, la especialización desconectada, el capitalismo verde y un más que sospechoso patrón de inteligencia emocional.

Tras la renuncia a lo exterior, se evidencia este fracaso, su desazón y un proyecto de supervivencia en el desconcierto en las redes profesionales; en la lividez, en la levedad y en la soledad más absoluta de sus perfiles; en los curriculum sostenidos y reescritos desde la oficina de empleo; en los manifiestos de hijas, en precario, pidiendo trabajo para padres y madres derrotadas, con una dignidad y un orgullo que no cabe en estas estructuras que rechazan las experiencias más amplias, acaso porque estas atesoran un incómodo entendimiento de casi todo,...

Resurge una inesperada obsesión, también, por el talento (¿no eran, éramos, serán la generación mejor preparada?) por aquellos agentes que precisamente fueron parte de su sublimación cuando, entonces, se precisaron de consumidores ávidos y de mano de obra no cualificada,... ahora que todos los márgenes se estrechan, ahora que lo político y lo económico parecen obedecer a la lógica de las bacterias dentro de una placa de Petri (*).

¿No será que no hay otra posibilidad?, ¿no será que sólo podíamos llegar hasta aquí y de esta forma?, ¿no será que simplemente estamos reproduciendo el comportamiento de versiones más simples de aquello de lo que somos parte, y que tal cosa no tiene nada que ver con nuestra idolatrada, pero sobrevenida, sofisticación?, ¿que hemos reducido dicha sofisticación, codiciosos, a una vulgar cuestión de escala?

En nuestra pretensión por conquistar, someter y estremecer a la Naturaleza en sus fundamentos no hemos pasado de torpes y engreídos aprendices de brujo para terminar asistiendo al comienzo de un colapso general que produce individuos mermados, enfermos y atemorizados por la (su) economía con relaciones enrarecidas y deterioradas; algo evidente, si se presta atención,... Como ya ha sucedido antes, en cualquier parte, y no hace tanto, a escasos miles de kilómetros... ¿o qué creía?

En una coyuntura que propicia las realimentaciones positivas, y por tanto la desestabilización de (todo) lo que conocemos, es muy probable que no nos recuperemos jamás en este sentido, pues la inercia del sistema del que formamos parte es, y será, de tal magnitud que no habrá reforma o pequeña modificación incremental (ni concatenación de estas) que pueda modificarla. Las medidas que necesitamos hoy, para formar parte de la Historia amable, son de una entidad tal que, en nuestras actuales circunstancias, son políticamente imposibles. Y cuando empiece la caída por el acantilado de Séneca, no habrá Deus ex Machina.

 Alejandro Floría Cortés

(*) Recipiente achatado de vidrio con nutrientes para bacterias; algunas especies cuando presienten que los nutrientes se van a acabar, se multiplican enormemente y después mueren

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