Tu cuenta

Iniciar sesión Registro

Login

Usuario
Password *
Recordarme

Crear una cuenta

Los campos marcados con un asterisco (*) son obligatorios.
Nombre
Usuario
Password *
Verificar password *
Email *
Verificar email *
Captcha *
Reload Captcha

Buscar

Redes y RSS

Facebook Twitter

 RSS

Suscripción e-mail

Recibe el Boletín Diario del Portal

E-mail:

Traducir

Política de cookies

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar la navegación de sus usuarios y obtener información estadística. Saber más

Acepto

Por qué la derecha alternativa es tan débil. Y por qué se está volviendo tan peligrosa

El pasado 15 de abril partidarios de Donald Trump pertenecientes a la derecha alternativa norteamericana (alt-right) invadieron Berkeley, atacando físicamente a la gente en nombre de la supremacía blanca, el antisemitismo y el nacionalismo, mientras la policía se limitaba a mirar. Un gran número de ellos eran declaradamente fascistas que habían convergido desde varios lugares de EEUU con la esperanza de crear propaganda a favor de la violencia de extrema derecha. Por fin, el régimen de Trump está consiguiendo los grupos callejeros que necesita para graduarse en la siguiente fase del fascismo. Dejando a un lado falsos argumentos como que la mejor manera de apoyar la libertad de expresión es promover ideas totalitarias, tenemos que preguntarnos: ¿Quiénes son esta gente? ¿Por qué les atrae el fascismo? Y ¿cómo paramos este fenómeno para que no se extienda?
Cuando te encuentras a ti mismo en el extremo de la opresión, recibiéndola; hay tres maneras de responder. La primera es hacer causa común con otros que estén experimentando la misma opresión para defender y extender espacios de libertad y autonomía. Esto significa, probablemente, trabajar con gente que está mucho peor que tú, ya que es más probable que se rebelen aquellos que están en condiciones más precarias que aquellos cuyas vidas son más cómodas. Elegir esta manera de abordar el problema requiere coraje, humildad y una cierta cantidad de tolerancia al riesgo.

La segunda opción es consentir y aceptar lo que te ha tocado. Esto es lo que hace la mayor parte de la gente en los EEUU: dar el callo en sus trabajos bajo la supervisión de sus jefes, de las patrullas de policía, de las cámaras de videovigilancia, de los empleados de la NSA y de las redes sociales en un mundo que les concede cada vez menos libertad. Sin embargo, esta estrategia se vuelve cada vez más insostenible a medida que las varias crisis de nuestro tiempo se van intensificando.
La tercera y última opción es identificarte con tus opresores, abrazando sus planes y proyectando tu voluntad en ellos. Cuanto más fuertes se vuelven, más fuerte te sientes. Como estrategia para mejorar tu vida, no tiene nada de recomendable: asociar tus intereses con aquellos que detentan el poder sobre ti solo puede empeorar tu situación. Pero para aquellos que no tienen un carácter fuerte, para aquellos que están tan desesperados por un pequeño alivio de sus sentimientos de impotencia que está dispuestos a seguir renunciando a su poder a cambio de más poder, esta opción puede ser tentadora.
Esto explica por qué millones de personas pobres pueden manifestarse por un multimillonario. Habiendo renunciado a ganar ningún poder en sus propias vidas, todo lo que les queda es participar activamente en su propia opresión -y ayudar a sus opresores a ejercer su poder sobre otros.

Son los fans de la tiranía. A cambio de servir como lacayos y aduladores, esperan acosar a otros de la misma manera que ellos mismos son acosados. Lo hacen de manera gratuita -ni siquiera se garantizan un sueldo en el fondo de la jerarquía oficial. Son los subordinados ideales: cobardes y sumisos hacia la autoridad, crueles y agresivos hacia ellos mismos y hacia otros.

Su identificación con los que detentan el poder siempre es una especie de "juego de disfraces": solamente pueden ser una imitación lamentable de los tiranos a los que admiran. Imitan a los Espartanos, a los Romanos, a los Nazis, quienes a su vez son imitaciones patéticas de una imagen idealizada de hombría, meros engranajes en una maquinaria militar. Todos aquellos que se postran ante ideales abstractos en vez de apreciar y valorar la humanidad que existe en la realidad en toda su diversidad están condenados a despreciarse a sí mismos.
Aunque los matones de la ultraderecha pueden parecer muy poderosos, todo lo que hacen para ejercer el poder, solamente les deja sin poder. Para tener poder real, tienes que basarte en una comunidad que te apoya en la libre disposición de tu potencial, que requiere construir lazos profundos con aquellos que son diferentes a ti. Los matones desisten de hacer esto, confiando en la fuerza de sus relaciones con otros en vez de en el intercambio de cuidados. Carentes de ningún tipo de autoestima, habiéndose dado por vencidos para conseguir cualquier cosa significativa para enriquecer las vidas de los demás o las de ellos mismos, la única forma de orgullo que les queda a los fascistas es la pertenencia a una categoría abstracta. No se consideran a sí mismos valiosos como individuos, solamente como ciudadanos, gente blanca, "Chovinistas Occidentales", miembros de una banda. Este es el premio de consolación de la identidad, reservado para los individuos débiles que sienten que no tienen valor por sus propios méritos.
Este premio de consolación no viene de manera gratuita. Para obtenerlo, tienen que aplastar todo lo bonito que tienen en sí mismos, todo lo que les hace capaces de ser empáticos o creativos. Deben retorcer su propia sexualidad. Tienen que memorizar mantras de privilegio -para aquellos que se benefician de ventajas injustas, aunque sea ligeramente, siempre están molestos por la sensación de que no se merecen lo que tienen. Tienen que trabajar duro para no identificarse con otros, para no reconocerse a sí mismos en aquellos que son diferentes para no llamar la atención.

Este tipo de autocontrol es un trabajo a jornada completa. Apareciendo ante sí mismos como incapaces y como débiles ante sus jefes, se imaginan que erradican su propia fragilidad. Acabando con todo lo que tienen en sí mismos que les podría hacer ser capaces de ser libres. Convirtiendo en imposibles las relaciones de confianza mutua, se dicen a sí mismos que están protegiendo a sus comunidades.

En el fondo de todo su sadismo, encontramos un masoquismo fundamental. Para justificar su comportamiento, necesitan ser víctimas de la violencia. Deben ser a la vez ser superior y casta inferior, torturador y víctima. Llevando a cabo genocidios. protestan porque ellos son los que están en el punto de mira de un genocidio. Rotos por un ferviente odio hacia sí mismos. En cierta manera deben desear genuinamente ser exterminados por los exterminios que esperan poder llevar a cabo.
De hecho, son sus propios líderes los que los victimizan -pensad en los nazis que murieron cumpliendo órdenes de Hitler, y todo el dinero entrando a espuertas en los bolsillos de Donald Trump a cargo de los incautos que le dan apoyo. Sobre todo, se están victimizando a sí mismos abandonando su voluntad a cambio de la adictiva experiencia de ser un engranaje más en la maquinaria de la violencia.
Para protegerse a sí mismos de reconocer este hecho, requieren amenazas externas. Donde esas amenazas no existen, se deben crear. Este es el significado del "Muslim Ban"**, por ejemplo: su objetivo es crear extranjeros, para provocarles y que ejerzan una violencia recíproca. Los matones que no ofrecen nada de valor a la humanidad solo pueden esperar que alguna amenaza simétrica les pueda hacer parecer buenos por comparación. Si el ISIS no existiera, sería necesario inventarlo; la violencia islamófoba se lleva a cabo con la intención de conseguir esto precisamente.

Estos matones son de gran utilidad a las autoridades. Pueden llevar a cabo ataques de los cuales el estado todavía no es capaz, intimidando a aquellos que de otro modo serían rebeldes. Distraen de la violencia institucionalizada del estado, la cual es la causa mayor de la opresión que tiene lugar en nuestra sociedad. Sobre todo, habilitan a las autoridades para representarse a sí mismos como mantenedores neutrales de la paz social. Incluso en choques entre fascistas y aquellos que se les oponen, la policía es cualquier cosa menos neutral. Esto explica por qué vimos un gran número de fascistas a cara descubierta en Berkeley: aquellos que se defienden a sí mismos contra el creciente fascismo deben ocultar su identidad para conseguir que la policía no presente cargos por actividad criminal, mientras los fascistas a cara descubierta son libres de agredir a la gente con cuchillos y armas de fuego sin tener miedo a una intervención policial.

En un momento en el cual tanta gente se siente impotente -debido a que las ventajas injustas que solían tener se están deteriorando y también a que la vida se está haciendo mas difícil para todos excepto para unas pocas personas acomodadas- que les echen una mano para sacarse de encima la frustración que tienen sobre aquellos que son más débiles es ciertamente bastante tentador. Esto es lo que Trump, Putin, Le Pen, Erdogan, y otros aspirantes a déspota están deseando que haga la gente pobre con su resentimiento. Si pudieran crear un círculo vicioso en el cual cuanta más opresión se infligiera a la gente, más gente se identificara con ellos, su poder estaría asegurado para siempre.
Así que, ¿qué hacemos? ¿Cómo luchamos contra la extensión del fascismo?
Primero, tenemos que asegurarnos de que es imposible que los fascistas experimenten la excitación de ejercer su poder sobre los otros. Para promover el fascismo entre los pobres y los cabreados, los fascistas tienen que ser capaces de demostrar que pueden ofrecer el placer barato de intimidar y atemorizar a la gente. Si son capaces de crear situaciones de propaganda a favor de la violencia opresiva, estarían en el punto de ganarse a mucha gente. Esta es la razón por la cual es de importancia primordial que confrontemos y derrotemos a los fascistas siempre que traten de tomar las calles, y que lo hagamos por los medios que sean.

Esta nos es una batalla de la cual nos podamos retirar. Si no priorizamos esto ahora, pagaremos un doloroso precio más adelante.
Y más importante, sin embargo, lo primero que tenemos que hacer es resolver los problemas que produce la mentalidad fascista. En respuesta a la extensión de la pobreza, la indefensión y el aislamiento, tenemos que mostrar que es posible trabajar juntos por encima de las diferencias, tenemos que proponer soluciones colectivas a los problemas de nuestro tiempo y oponer resistencia efectiva a aquellos que se quieren robar nuestra libertad. De otra manera, sin alternativas viables, la gente continuará gravitando hacia el fascismo.

Finalmente, sobre todo, tenemos que extender otro conjunto de valores, otro conjunto de deseos. Para oponerse al fascismo, tenemos que resistir la tentación de responder de manera reactiva a la violencia de los otros, de militarizarnos a nosotros mismos, de construir maquinarias simétricas de guerra. Cuando resistimos, deberíamos hacerlo de maneras que minen los mismos cimientos sobre los cuales se construyen las narrativas fascistas. Deberíamos volvernos más compasivos, más creativos, más únicos y románticos y escandalosos. En lugar de maneras esencialistas de concebir la individualidad de cada uno, tenemos que celebrar la diferencia y cambiar dentro de nosotros y entre nosotros; en lugar de nociones autoritarias sobre el gobierno, tenemos que cultivar un hambre profunda y colectiva de libertad.

Si podemos hacer todas estas cosas, ni la violencia callejera de los fascistas ni la opresión del estado será capaz de parar la marea de cambio. Buena suerte, queridos amigos.

**Muslim Ban: Orden ejecutiva realizada por Trump en enero de 2017 hasta que fue derogada en marzo del mismo año por la cual se impedía la entrada en EEUU de ciudadanos de diversos países musulmanes como Irán, Irak, Libia, Somalia, Sudán, Siria y Yemen.

Fuente: Briega

Tags: políticaEE.UU.derechaopiniónsociedad
Submit to DeliciousSubmit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to StumbleuponSubmit to TechnoratiSubmit to TwitterSubmit to LinkedIn
1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 5.00 (1 Vote)

Comentarios (2)

  • Aunque apoyo totalmente el contenido de la nota, por desgracia este post no está dirigido a esas personas (el tercer grupo en que estás enfocando el contenido del post), sino a personas que estamos en el grupo 1 o en el grupo 2. Es decir, que todo el descargo orwelliano que haces (que tiene mucho sentido!) no tiene cómo llegar de manera útil a un grupo que le pueda dar un uso, en el sentido de obtener información nueva o relevante.

    Lo que tiene muchísimo sentido que hagas (si pudieras, porque no digo que sea fácil ni mucho menos) es centrar la nota en dar a las personas en el grupo 1 y 2 las herramientas suficientes para encarar este tipo de problemas (este tipo de personas, en el tercer grupo, que no tienen mucho de esa capacidad de razonar que les hace falta para abordar ellos mismos este problema).

    O sea: no es viable esperar que una persona que está en el tercer grupo realmente tome conciencia de su situación. No hay nada peor para un engañado o manipulado, que darse cuenta.

  • (continuación) Y por eso esas personas van a negar AUN MÁS su condición, convirtiéndose en un problema mayor. Esas personas, de baja autoestima y todo eso, cuanto más atención tienen, mejor aún. Por esto, lo que se les debe hacer es simplemente reducirlos a su colectivo de fascistas que son, tratarlos como un elemento indeseable sin precisarles muchos detalles, y centrar la nota en ofrecer a las personas en el grupo 1 y 2 a trabajar activamente para mantener a raya a esas personas.

Añadir comentarios