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Sin refugio ante la contradicción

Entrevista realizada a un compañero de Cantabria un día frío de enero de 2017. Casi dos intensas horas de conversación en las que nos relató su experiencia vital en un campamento de refugiados de carácter institucional en la ciudad de Atenas. Un relato que no nos deja indiferentes y que nos anima a seguir luchando por el fin de las fronteras y el mundo que las crea. 

Para empezar… ¿Qué es lo que te llevó a ir a Grecia? 

Antes de responder a la pregunta me gustaría dejar claro un par de ideas previas. En primer lugar que lo que sucede en una parte del mundo afecta de alguna otra manera a cualquier otra parte. Y en segundo lugar, que la idea de frontera rígida en el sentido estatal es simplemente eso, el muro o la fuerza de las armas, pero no impide la existencia de realidades distintas y que todo tipo de fenómenos pueda traspasarla. 

En concreto, dos razones me llevaron a Grecia. La primera, a nivel más general, fue mi interés por lo que está sucediendo en Siria, y concretamente por el proceso emancipatorio kurdo que está teniendo lugar en estos momentos en Rojava, en el norte de Siria1. A raíz de explorar ese proceso revolucionario, me interesé además en comprobar las consecuencias que está teniendo a gran escala y en particular en el ámbito local. La segunda razón, más específica, tiene que ver con un viaje que realicé en verano de 2015 con unos amigos por Grecia y los Balcanes, en el que tuve la oportunidad de conocer un poco la situación. De ser una realidad solo presente en la televisión, por decirlo de alguna manera, pase a verlo como una cosa concreta y real. Estando en Atenas, en el barrio de Exarchia2, vimos que se estaba organizando un grupo por el tema de los refugiados, que estaban en ese momento durmiendo en la calle en tiendas de campaña, cerca de Exarchia. En ese momento el papel del Estado era prácticamente nulo y toda la solidaridad, ayuda y apoyo en lo concreto provenía básicamente de colectivos ácratas autoorganizados y de personas migrantes que ya trabajaban juntas en Grecia antes de la “crisis de los refugiados”.  

Volviste a Grecia en verano de 2016 para implicarte directamente y de forma activa en la solidaridad con los refugiados ¿Puedes contarnos tu experiencia? 

La madrugada del 3 de agosto llegué a Macedonia y 23 horas después estaba en Atenas. ¿Por qué señalo esto? Para mostrar quizás lo irónico y fácil que es para nosotros, europeos, blancos, traspasar las mismas fronteras que se están llevando miles de vidas. Por razones personales no pude elegir el mejor lugar, sino que directamente eché solicitudes en varios sitios hasta que me cogieron. El proyecto que me aceptó se ubica en el campo de refugiados de Eleonas. Este campo está situado en Atenas, en la zona industrial que lleva su mismo nombre, y se encuentra en dirección oeste, relativamente cerca de la costa. Es un campo que está dividido en tres partes. Los campos dos y tres están gestionados por el equivalente a lo que aquí sería el Ministerio de Defensa, en la práctica por militares, y el campo uno por el equivalente al Ministerio de Asuntos Exteriores, gestionado por civiles y en donde las ONGS podían tener una mayor participación. Más allá de las ONGS, no se dejaba entrar a ningún colectivo que se autoorganizase. 

La población del campo era fluctuante. Durante un tiempo nos dijeron que había entre 1600 y 2000 personas. Esto se debe a que muchos refugiados, al tener como objetivo encontrar una vida digna, escapaban del campamento tan pronto como les surgía una oportunidad. No hay que olvidar que Grecia es un país destrozado por las políticas financieras de la Unión Europea, y que se si la situación es complicada para los mismos griegos, es aún peor para las personas migrantes, que muchas veces sufren un rechazo cultural por parte de los helenos.  

Tampoco viene mal recordar que los refugiados son personas que han podido migrar. No todos han tenido la misma “suerte”. En el conflicto sirio han muerto cientos de miles de personas y han podido migrar, generalmente, quienes han tenido mayores recursos para poder desplazarse. De ahí que nos encontremos con que muchos refugiados son profesores, universitarios, médicos, abogados… Lo cual no quiere decir, por supuesto, que no haya trabajadores entre ellos, pero mucho menos en relación a la proporción que hay en sus países originarios, dónde son mucho más numerosos. También cabe recalcar que estamos hablando de esta zona concreta, Atenas, que pertenece a Grecia y al sur de Europa, pero que la mayoría de los refugiados del conflicto sirio no han llegado a Europa sino que están en países de Oriente Medio.  

La tarea con la que empezó en proyecto Elea fue, por una parte, ayudar a gestionar el reparto de la comida, y por otra, ayudar a gestionar el reparto solidario de ropa. La comida estaba contratada por el gobierno griego a una empresa de alimentación que acudía dos veces al día, mientras que la ropa que llegaba provenía exclusivamente de la solidaridad internacional llevada a cabo por la sociedad civil, principalmente europea. La  comida la descargábamos y  se repartía en dos turnos; a las 3 de la tarde y la cena a las 8 de la noche. Los voluntarios nos encargábamos de meter la comida en el establecimiento donde se hacía el reparto. Comida preparada en dosis individuales que dejaban mucho que desear en cuanto a calidad.  

Todas las contradicciones que se arrastran en las relaciones norte-sur se manifestaban automáticamente en actividades tan puramente necesarias como el reparto de comida.  En el reparto de ropa se notaba más la distinta clase social de la que provenían los refugiados. Compañeros que habían venido de Lesbos comentaban que allí, cuando se les ofrecía ropa, cogían cualquier cosa por la necesidad inmediata de protegerse del frío. En Eleonas las personas a lo mejor llevan 6 o 10 meses, y tienen otro tipo de necesidades. Necesidades sociales, como intentar mantener el status determinado que tenían en su ciudad natal. No tanto por la necesidad de dominio, sino por la de reconocerse a ellos mismos y a fin de cuentas, por la necesidad, yo creo, de realizar cambios en sus vidas. Aunque puede sonar ridículo, el mayor problema que sentían cuando sus necesidades mínimas estaba cubiertas era el aburrimiento. Entre los refugiados afganos había una expresión que sería algo así como “¿qué pasa?” y la respuesta era “ichi, ichi”, que quiere decir “nada, nada”. Es decir, ¿qué pasa? NADA, puesto que todos los días, absolutamente todos los días son iguales.  

En Grecia la situación laboral es nefasta, también para los refugiados. Cabe recordar que los solicitantes de asilo, que son los que mayormente están en los campos, y los refugiados, tienen derecho a trabajar en el país que les acoge, pero evidentemente si las condiciones objetivas no están para crear tejido productivo, es difícil que consigan hacerlo. Lo cual no quiere decir que  no se realicen actividades productivas al margen de la ley. En los últimos días descubrí que en muchos barrios de Atenas comenzaba a ser frecuente la prostitución de mujeres refugiadas. Hay dos formas de interpretar este fenómeno: o bien eran mujeres en búsqueda de ese status que hemos mencionado anteriormente, y por tanto necesitaban dinero para negociar dentro del campo, o bien madres que necesitaban comprar leche en polvo para sus hijos.  

En el campo uno de Eleonas la mayor parte de los refugiados eran sirios, seguidos por afganos, iraníes e iraquíes. ¿Por qué? Porque Siria e Irak son dos países que actualmente, según la legislación internacional, están en conflicto. Afganistán es un país en donde cada semana pueden morir  perfectamente cien personas por la violencia estructural del país y sin embargo oficialmente no está reconocido como país en conflicto, lo que significa que para sus habitantes es mucho más complicado conseguir asilo. Lo mismo pasa con los iraníes.  

Ocurre algo más, y es que sirios e iraquís, al tener en general una posición social media-alta, solían ser racistas con los afganos. La incomunicación cultural nos dio alguna situación como la que os cuento: unas personas nos acusaron a los voluntarios de ser racistas por beneficiar a un grupo frente a otro. Y sin embargo, desde nuestra ignorancia, nosotros no éramos capaces de distinguir aquellos grupos que ellos diferenciaban. En mi caso, un pakistaní me acusó de estar privilegiando a afganos y sirios frente a ellos. Con toda la ironía de la situación, no pude más que reírme y decirle que no sabía diferenciar a ninguno de ellos, hasta que él mismo acabó riéndose, tras comprender la razón de mi asombro.  

Muchos refugiados se daban cuenta que gran parte de los voluntarios venían con ideas más caritativas que solidarias, y trataban de dar pena para obtener ventajas materiales concretas (lo cual es comprensible, teniendo en cuenta su situación). En general, la cultura árabe es una cultura muy flexible en lo que respecta a las transacciones económicas, sobre todo si la comparamos con la europea, que es mucho más rígida, con papeles por delante y demás. La idea del regateo está absolutamente integrada en esas sociedades. Les decíamos: “no podemos daros más de una camisa porque hay otras personas haciendo cola y va a venir el invierno”. Entonces te miraban con ironía: “bueno, entonces dame… un pantalón y una camisa”. El problema no es que esa persona no tuviera esa necesidad sino que al darle más ropa probablemente intentase negociar con ella más adelante. Por ejemplo, hubo negocio del cartón. Los niños se peleaban por el cartón, que luego los padres intercambiaban por otras cosas. Oficialmente había unas cajas de fruta para llevar la comida, desde el establecimiento de recogida hasta las instalaciones donde vivía la gente, y en ocasiones no tenían, Entonces les dabas una cesta más. Posteriormente veías que dichas cestas las estaban utilizando, por ejemplo, de zapatero (risas). Ellos en su casa de toda la vida habían tenido un zapatero, así que una vez que han logrado sobrevivir y que sus hijos sobrevivan, pues lo lógico es que quieran un zapatero, como  aspiración completamente legítima.  

Los refugiados vivían en containers divididos en dos habitaciones con seis literas y baño compartido. En cada una de ellas vivía una familia. Normalmente familia, pero también se daban grupos de hombres, de amigos por ejemplo. En cuanto podían se piraban, se fugaban y nadie daba información de su desaparición porque a menudo la otra familia aprovechaba el espacio desocupado por la anterior familia para tener un espacio el doble de grande (risas). 

Así que este tipo de regateos eran normales y comunes. Otras cosas como peleas o conflictos raciales que estaban ahí presentes y que nosotros, como voluntarios europeos, sólo podemos llegar a imaginar o suponer. En el mejor de los casos, intuir o tener alguna noticia, pero poquito más.  

Algo que queríamos añadir, a raíz de lo que has comentado sobre las diferencias entre nacionalidades, es que cuando se produjeron las expulsiones del campo de refugiados de Calais, los medios de comunicación decían que todos iban a ser acogidos en otras ciudades, pero lo que no dijeron es que los afganos, al tener ese status internacional distinto, iban a ser expulsados de Francia por no venir de un estado reconocido como en situación de “conflicto”.  

Existen países que por ser más rígidos, son hasta cierto punto más permisivos. Alemania ha sido un Estado muy duro en cuanto a sus fronteras, pero de puertas para dentro ha otorgado un mejor trato a los refugiados. Esto parece haber cambiado hace cosa de menos de un mes, ya que ha empezado a deportar personas afganas. Pero hasta entonces, si un afgano conseguía entrar a Alemania y solicitaba asilo, en principio se lo mantenían. Es decir, no había deportaciones en caliente como estamos acostumbrados en España, en Grecia o en Italia. Evidentemente, esto se debe a que la cantidad de personas migrantes que llegan a Alemania es infinitamente menor que las que llegan a los países del sur. Cabe señalar también que la crisis de los refugiados en el sentido más televisivo, coincidió con un momento en el que literalmente Alemania precisaba de mano de obra barata. Cierto consejo de mujeres de  una comunidad kurda, denunció públicamente que lo que estaba haciendo Alemania era un llamamiento con una política migratoria para despoblar parte de oriente medio. Insisto de nuevo en la importante formación que han tenido muchísimos sirios, al contrario de la población afgana, proveniente generalmente del mundo rural y con muy pocas capacidades productivas desde el punto de vista desde los estándares neoliberales. De ahí ese abrir puertas inicial de Angela Merkel, que luego ha intentado cerrar repentinamente. Hay un artículo de Diagonal que habla mucho de esto, comentando que Merkel  lleva haciendo una narrativa de “norte bueno”, “sur malo”, desde 2008 básicamente, y que intentar cambiar esa narrativa para la sociedad alemana ahora que llegan las personas refugiadas es, como poco, complicado3. De ahí que le hayan salido enanitos por la ultraderecha…  

Volviendo a Grecia. ¿Puedes contarnos un poco cómo era la ONG con la que colaboraste dentro del campo de Eleonas? ¿Qué experiencias organizativas encontrarse fuera de los campos? ¿Qué diferencias se daban entre tu experiencia y la de los proyectos sin ningún tipo de influencia estatal, y qué contradicciones se daban en ambos lados? 

Como ya he comentado, al principio, los refugiados estaban en parques. Básicamente en Grecia están en esas tres circunstancias: un primer grupo está en campos mantenidos por el gobierno; allí tienen asegurado asistencia sanitaria mínima, comida, agua… las necesidades básicas cubiertas. Un segundo grupo de refugiados habita en la calle. Y un tercer grupo está conformado por gente que normalmente vivía en la calle y que ahora tienen alojamiento, apoyados por colectivos anarquistas, los cuales en Atenas, así como en toda Grecia, tienen muchísima fuerza y han llevado a cabo numerosas okupaciones de viviendas.   

En cuanto a los campos, hay algunos donde las personas tienen total libertad para entrar y salir. El de Eleonas era uno de ellos. Otros campamentos, en cambio, tienen el acceso con un horario restringido. Entre estos campos, los hay mejores, como éste de Eleonas donde probablemente tiene las mejores instalaciones y otros con cuatro baños y poco más. Con las okupas pasaba algo parecido en cuanto a las instalaciones. En Abril o Mayo se okupó el hotel cityplaza que es una maravilla. Un hotel gestionado por las propias personas refugiadas con un poquitín de ayuda de los colectivos griegos, pero totalmente gestionado por ellas en cuanto a  la comida y demás. Actualmente están en una situación judicial un poco complicada porque, si no recuerdo mal, estaban en pleitos sobre la propiedad del hotel y demás. Pero todo se sostenía con la solidaridad de la gente.   

Respecto a la ONG del proyecto Elea; entró con el objetivo de gestionar la comida y la ropa, pero también empezó a hacer actividades deportivas para los chavales, cuentacuentos, actividades de ocio, talleres de baile, de costura, de yoga y al final, talleres de autodefensa femenina –esto me parece brutal teniendo en cuenta la sociedad patriarcal de la que vienen –. ¿Quiénes forman parte de esta ONG? Una chica y un chico que habían estado en Lesbos en primera línea, donde se estaba ahogando la gente. Estaban muy comprometidos. Se enfrentaron entonces a la disyuntiva a la que nos enfrentamos continuamente: ¿dentro o fuera? [De las instituciones]. La respuesta de siempre es que si tú no estás dentro probablemente el que esté dentro sea alguien probablemente mucho peor que tú. El chico, que es griego, redactó un proyecto y se lo aceptaron. Claro, automáticamente percibieron las tensiones existentes entre las necesidades reales de les refugiados y la rigidez del Estado. Ellos estaban un poco en medio. Que esto sea una posición legítima o no, esto ya entra en  las ideas de cada uno, pero en el caso de esta ONG este era su enfoque, jugar con lo posible. 

Jugar con lo posible quiere decir que, por ejemplo, a veces llegaba más comida de lo habitual. Más comida preparada y menos bollos, que era lo que desayunaban. Cuando se les pidió que trajeran menos comida y más bollos, lo que hicieron fue reducir todo. Se tiraba comida, muchísima comida. Los refugiados no la querían, porque, en la primera semana de su llegada a Lesbos, podían comer arroz carcelario, pero al cabo de tres meses estaban artos de ello. Algunas personas, a escondidas de las instituciones, podrían haber conseguido repartir esa comida fuera del campo para apoyar a otras personas. Eso puede haber pasado o no. Esta es una contradicción fundamental. 

La otra es la diferencia norte-sur. Nosotros éramos personas blancas que íbamos a ayudar a personas negras. Yo siempre decía que éramos blancos, así que o nos posicionábamos con ellos, o seríamos vistos como policías. Quizás es lo que siempre fuimos. En ese momento estaba más abierto el acceso a voluntarios de cualquier tipo. Ahora creo que ha cambiando la cosa. Y es que cualquier fanático europeo con cualquier idea, religiosa por ejemplo, podía llegar y actuar a sus anchas. No sucedió en este campo, pero me contaron de otro en el que unos estadounidenses llegaron a ofrecer la ciudadanía de Estados Unidos a unos sirios si aceptaban el bautismo. Con ello vemos que la palabra voluntario tiene una amplitud de significados…  Afortunadamente, pude participar junto con gente con una ética muy noble, ya fuera cercana a las hermanitas de la caridad o procedente de la ultraizquierda. 

Esta amalgama de personas y situaciones tan diferentes muchas veces no tenía la capacidad de responder a la problemática de los campos. Había muchas personas voluntarias —porque ahí se necesita literalmente abundante mano de obra—  que muchas veces no eran necesarias. Muchos voluntarios daban más problemas que soluciones en cuestiones tan básicas como la gestión. Creo que aunque el voluntariado se aleje de salarios y las relaciones capital-trabajo, no significa que no se deba hacer con la mayor calidad posible (es decir, entendiendo que hay vidas en juego), en vez de caer en el stajanovismo y en el trabajo por el trabajo. Para ilustrar esta idea pongo un ejemplo concreto: muchos padres nos pedía leche para beber. Yo en un principio no sabía que no había y cuando llegué al almacén, que estaba gestionado por otro voluntario, descubrí lo contrario. Me dijo que no había suficiente para todos y que por eso se entregaba un día a la semana, pero sólo si había para todas las familias registradas en sus papeles. Tú en la práctica sabías que esos papeles no servían para nada porque las familias iban cuando podían. Así que intentar burocratizar algo que en la práctica no es estable es, entre otras cosas, además de la agenda ideológica y política que tiene detrás, una estupidez en términos organizativos. El tipo de argumento con el que me contestaban era algo así como “mejor que para mañana haya para todos”. Mi respuesta era que, al contrario, mientras haya una necesidad concreta hay que atenderla cuanto antes, porque a lo mejor mañana no queda leche, pero si no la damos hoy a lo mejor mañana tampoco hay niño.   

La idea de la burocratización estaba muy presente en los voluntarios, sobre todo entre los del norte de Europa. Pero en la práctica, en tareas de supervivencia hay que saber ser flexible. Pongo otro ejemplo: para poder recibir comida los refugiados tenían que presentar un papel donde se indicaba el número de familiares. Iban a la oficina del ministerio de defensa y allí les firmaban un papel a boli —y es que en Grecia con este tipo de cosas son muy flexibles, a veces hasta demasiado— en el que ponía “en esta casa viven no sé cuántas personas”, algo que podía falsificar cualquiera. Esos papeles tenían que ser revisados por los voluntarios, porque a veces no había comida suficiente. En la práctica, si tu estas repartiendo comida todos los días, al segundo ya sabes que esta niña (digo niña porque fue con quien me pasó esa experiencia del papel marcado a boli) tiene una necesidad concreta e inmediata, y sabes que la cola va a ir más rápido si antepones las necesidades que ella tiene a comprobar la veracidad del papel. Y es que esperar dos horas para la comida es una mierda y si lo tienes que hacer todos los días pues más todavía. Si consigues ventilar una cola en menos tiempo a lo mejor evitas cuatro puñetazos. Pierdes el control, porque igual alguien te puede engañar, pero ganas en paz social, si me permitís el término. 

5. ¿Qué papel cumple el Estado y las fuerzas represivas en todo este asunto y cuál es el papel de Syriza y en qué han quedado sus promesas? 

Habría que diferenciar entre papel del Estado y representantes individuales del Estado, cada uno de su padre y de su madre. Grecia es un país destrozado. La tasa de mortalidad infantil se ha duplicado desde que ha comenzado la crisis económica, lo que es bastante relevante de hasta donde ha llegado el deterioro del tejido institucional y estructural. Cuando se entraba en el campamento había que identificarse ante un policía. Uno de estos  policías les dijo una vez a unos voluntarios: “si fueran niños griegos no hubierais venido hasta aquí”. Aunque suene duro, pienso que no deja de ser cierto. Hace cinco años no se vieron oleadas de voluntarios europeos “salvando” a los niños griegos que se estaban muriendo.  

Los niños, como son niños, jugaban con el policía, y este acababa jugando con ellos. Tenía un perro, los niños vacilaban al perro, el poli jugaba con el perro y con ellos… En los campos se está como en un estado de incertidumbre, de suspense, no se sabe qué va a pasar al día siguiente. Ante esta incertidumbre hay contradicciones que se normalizan. Tanto el policía como el refugiado saben perfectamente que puede que un día el primero le intente abrir la cabeza al segundo, y que el refugiado se la intente devolver con una pedrada, como ha pasado en otros campamentos de refugiados tutelados por el Estado. Eso es algo que está ahí presente, pero mientras tanto, se convive, de aquella manera.  

Con respecto a las políticas de Syriza, independientemente de las ideas que cada uno tenga sobre si no han podido o no han querido, en la práctica es que no lo han hecho. La población refugiada representa casi un 1% de la población total griega. Y claro, es difícil defender el hecho de que haya en tu país tantos habitantes con una cultura y unas condiciones económicas muy distintas a las tuyas. El Estado griego se ha convertido en el capataz o en el matón de Europa. Ha recibido mucho dinero de Europa para mantener a los refugiados en sus campos. En 2015 se comentaba, aunque no sé si es cierto, que las propias autoridades griegas ponían autobuses a los refugiados hasta la frontera con Serbia, para promover que se fueran del país cuanto antes. Una política que ha cambiado en relación con las últimas exigencias de Europa. 

El caso es que el Estado griego ha llevado a cabo una política represora siempre que la ha necesitado (al fin y al cabo el Estado sigue siendo Estado, sea del color que se pinte). Ha desalojado campos autónomos en Tesalónica con antidisturbios, con la misma dureza que Nueva Democracia4, sin ningún tipo de complejo. También se han mantenido el mismo tipo de chapuzas corruptas que había con la derecha. El hecho de que la comida de los campos sea de tan mala calidad creo que probablemente tenga que ver con redes clientelares. Ojo, este ejemplo lo pongo sin ningún tipo de conocimiento, pero bueno, hay indicios que apuntan en este sentido. También cabe comentar que cuando se pactó el acuerdo Turquía-UE —que es una barbaridad puesto que Turquía es un Estado que está violando sistemáticamente los derechos humanos más que cualquier otro Estado— solo el PKK5 se opuso mientras que Syriza, si no recuerdo mal, se abstuvo. 

Es complicado explicar el papel del Estado. Desde Europa, los griegos han sufrido muchos ataques, y sin embargo, el pueblo griego ha llevado a cabo un ejercicio de solidaridad brutal. La solidaridad no es una tarea de Estado. Únicamente por la solidaridad desde abajo el Estado ha hecho algunos movimientos. Esto no excluye que ante la impotencia, cierto sector de la clase media griega haya mostrado rechazo a la llegada de los refugiados, como también sucede en España. 

Por su parte, los grupos autónomos griegos han hecho una tarea muy importante de apoyo a la supervivencia de estas personas, antes que entrar en debates políticos sobre si lo que hacían era caridad o solidaridad. Las han apoyado en la okupación de hoteles u otros edificios. Tenemos el caso de un hospital vacío okupado, donde hubo que hacer negociaciones importantes entre las familias refugiadas y grupos de varones solteros que muchas veces eran especialmente violentos con las mujeres y con los niños. La mayor parte del tiempo iban borrachos y puestos de droga.  

Otro tema muy importante es el de las drogas. En Grecia está entrando una cantidad de heroína brutal con el objetivo, no tengo ninguna duda de ello, de parar los movimientos populares, y la llegada de les refugiados, entre otras cosas, ha supuesto una inyección de droga, ¿Por qué? Porque muchos refugiados se pagan el viaje con opio… tal cual. Tienen que salir de una situación en guerra, tienen una mercancía que en el mundo del capitalismo posee un valor y el que tenga tiempo o recursos para la ética felicidades, pero ésta gente intenta sobrevivir con lo que sea, con las contradicciones que eso conlleva. A finales de agosto 2016 se publicó un video de un grupo anarquista en Exarchia, en el que se veía cómo amedrentaban a una serie de camellos, muchos de ellos de origen migrante. Unas personas ejercen su derecho a sobrevivir y otras personas su derecho legítimo a defender sus barrios de la heroína, sustancia que tantos barrios, literalmente, ha asesinado. La defensa autónoma contra el tráfico de drogas me parece totalmente legítima.  

Cambiando un poco de tema. Detuvieron a dos activistas vascos, Mikel y Bego, y los deportaron6. Y hubo un mensaje a través de las redes sociales que hacía una analogía entre Schindler, el oficial nazi que salvó a un montón de judíos de los campos de concentración, y Mikel y Bego. No me parece justo. Les refugiados están jodidos, están siendo perseguidos en muchos sitios, pero no están sufriendo una cacería sistemática por parte de la sociedad civil como en la Alemania Nazi. Esto parece una tontería pero quiero remarcarlo, no porque el Estado no quisiera, evidentemente, exterminar a todas las personas que no se ajusten a su modelo, sino porque la sociedad civil griega actual no es la misma, afortunadamente para la humanidad, que la sociedad alemana de los cuarenta. Independientemente de que la naturaleza del Estado, en cualquiera de los dos periodos, sea reprimir la disidencia. 

Otros individuos o grupos concretos están ayudando a las personas refugiadas a pasar la frontera griega, que es el deseo de la mayoría de ellas porque Grecia es un país pobre. Siria antes de la guerra era un país rico, por lo que es lógico que quieran acceder de nuevo a un país rico. Muchos de ellos eran médicos, por ejemplo, y tenían el sueño de montar su casa en Alemania, mientras bombardeaban la suya, porque tenían un primo allí y le habían recibido con las puertas abiertas, y a quién se le iba a ocurrir que con ellos iba a ser distinto. Bueno, pues algún que otro grupo se dedica a apoyar en ese ámbito.  

Aquí vuelvo a lo que comentaba antes. En la práctica, independientemente de lo que quiera Alemania, el Estado griego no quiere mantener a los refugiados por una mera cuestión económica. Los recursos que obtiene a cambio de mantener a los refugiados en los campos no sirven para paliar las faltas del Estado de bienestar y por ende, me consta que en muchos casos las autoridades griegas hacían la vista gorda ante irregularidades en las fronteras. Existen determinados puntos de Grecia donde se facilitan cambios de identidad para personas que quieren viajar, y eso lo sabe cualquiera, incluido el Estado. 

Dado que hay muchos refugiados con la necesidad de salir de Grecia, creo que hacer cierta propaganda de algunos movimientos me parece una estrategia equivocada, puesto que existen actividades políticas que por su propia naturaleza tienen más sentido en silencio que haciendo difusión de ellas. Voy a ser un poco duro. Creo que no basta con ser bueno con lo que hacemos, sino que tenemos que ser inteligentes. Tenemos un enemigo brutal que es el Estado, que son sus fronteras, que son sus vallas, que son sus armas, y creo que hay que tener la suficiente inteligencia para sortearlo. Meter cinco refugiados en una caravana a mí me parece algo propio del camarote de los hermanos Marx. Sé que es tirar piedras contra los compañeros, pero salir en los medios diciendo que lo vas a volver hacer me parece un error que lo único que va a producir es que cuando vuelvas a Atenas, si vuelves, las fuerzas de seguridad, no sólo griegas, sino también alemanas, van a estar encima de ti, y las personas refugiadas que quieras sacar del hoyo, no sólo no van a conseguir lo que quieren, sino que además les puedes causar un verdadero problema. En ese sentido, yo celebro que Euskadi sea solidaria con los refugiados. Sin ninguna duda, aupa por los que luchan, pero hay que saber en qué batallas es más importante el resultado que la propaganda. Es un poco mi opinión. Tan eurocéntrica es la burocratización como el izquierdismo que se pretende salvador. Yo creo  que de lo que se trata es de apoyar a personas que están puteadas a que consigan herramientas para que no les puteen, esa es básicamente la razón de ser que deberían tener los voluntarios.   

En este sentido estuvimos intentando fomentar la formación de asambleas de refugiados, ya fuera por grupos de edad, por género, por etnia… y no porque fuera una cosa que nos gustara, sino porque comprendíamos que a lo mejor, en un contexto no politizado, hacer un encuentro entre mujeres afganas con  hombres sirios no tenía ningún resultado práctico. En nuestro caso, desgraciadamente, no nos dio más tiempo que a esbozarlo como idea. Pero en el momento de irnos, algunas personas que hasta entonces habían estado más pasivas en los talleres empezaron a implicarse más. Por ejemplo, un amigo que era sastre en Afganistán, empezó a hacer un taller de costura, en el que participaban tanto refugiados como voluntarios. Ese tipo de encuentros crean automáticamente otro tipo de dinámicas y sinergias que, poco a poco, en la medida en que se puede, empieza a empoderar esas comunidades. 

Parece evidente, por lo que comentas, que los campamentos de refugiados tutelados por el Estado son espacios militarizados, con una lógica carcelaria, e incluso económica, donde algunas empresas (como la encargada de preparar la comida) aprovechan para hacer negocio. 

Cambiando un poco de tema, ¿cuál es tu opinión sobre qué tipo de labor o apoyo deberíamos llevar a cabo los grupos, colectivos o individualidades  en el Estado español? ¿Hay algo que hacer? ¿Cuál es tu opinión sobre la solidaridad internacional? ¿Es positivo acudir a esos sitios, a los puntos calientes del conflicto, o es preferible actuar en lugares como nuestro territorio, donde todo suena más lejano, como aquí en Cantabria, donde no hay campamentos ni okupaciones específicas en los que implicarse? 

En Madrid decidimos montar una asamblea muy amplia, con visiones políticas muy distintas pero en acuerdo con el ejercicio de la solidaridad. Comento esto por poner el ejemplo de cosas que se pueden hacer. Nosotros hemos organizado una recogida de ropa y un concierto. Con los beneficios queremos hacer un envío de ropa. Como ahora vivo lejos, no conozco bien la realidad de Cantabria, pero sé que ahora se está moviendo un grupo aquí que se llama Pasaje Seguro. 

Creo que fundamentalmente el apoyo que podemos dar es económico. Ahora bien, ¿qué hacer con ello? Ese dinero puedes dárselo a una ONG y que se pierda por el camino un 60 % del mismo, por ejemplo. Se puede enviar a otras ONGS de ámbito más local como la que he nombrado, que son proyectos modestos y de más confianza, puesto que son personas que no cobran por su trabajo, pero con el límite de que las mismas contradicciones que yo asumía participando ahí, recaerán sobre aquello que se decida hacer con el dinero, que también se somete a dicho condicionamiento. O, como tercera opción, y es la que en mi colectivo “De Madrid a Atenas” queremos ir desarrollando, es la de enviar recursos a estos grupos autoorganizados, asociaciones, sindicatos… Hablo también de sindicatos y hago énfasis en ello porque la contradicción capital/trabajo aquí la veo claramente. Todas estas personas se van a convertir en los próximos meses en una masa laboral totalmente desprotegida de derechos, y por eso me parece tan importante la autoorganización en el terreno laboral, con la creación de sindicatos de personas migrantes. 

Cuando  fui a Grecia lo hice motivado por una cuestión de aprendizaje. Fue porque yo veía esa situación y la cantidad de muertes que había allá en Lesbos, y como una necesidad vital de mi aprendizaje e incluso de forma completamente egoísta quería estar allí para conocerlo de primera mano, para conocer todo este tipo de contradicciones de las que estamos hablando. No es necesario que todos vayamos allí. Lo ideal sería que la población local se implicara, aunque es cierto que también hay muchos voluntarios griegos. No es necesario, pero si alguien se está planteando irse de vacaciones entre un sitio y otro, porque realmente eso son unas vacaciones, no es otra cosa, pues no está de más ayudar a la gente. Aunque hay que ser conscientes de que somos un parche del Estado que debería hacer el Estado. Mientras el voluntariado actúe, y no personas pagadas por el Estado, es un dinero que el gobierno se ahorra y no lo paga. Sé que este razonamiento lleva, evidentemente, a la contradicción de que el Estado entonces sería el que dirigiría todo este tipo de esfuerzos. Pero, bajo la perspectiva de la gente que acude a campamentos de refugiados no existe este enfoque y nos guste o no, en la práctica somos hermanitas de la caridad.  

Me parece muy importante la solidaridad y sí creo que se puede hacer algo desde Cantabria, desde el Estado español y desde el mundo occidental en general. Lo que se puede hacer es relacionar este proceso con el resto de procesos de desarraigo que hay a lo largo ancho del planeta. Los refugiados, les solicitantes de asilo, los desplazados, las personas migrantes… A pesar de tener procesos jurídicos diferentes -Algunas Organizaciones importantes como Amnistía Internacional hablan de que se les debe reconocer figuras distintas ira poder ayudarles mejor - no quita que estructuralmente sean fruto de las mismas situaciones. Todas estas personas, tengan la figura jurídica que tengan, están intentando salir de su país de origen, ya sea por la guerra, entendida como el enfrentamiento de un Estado contra otro, de la guerra civil, de la guerra social, de la lucha de clases, o de cualquier conflicto de cualquier tipología que se nos pueda ocurrir (De género, étnica, ambiental…) 

Un buen ejemplo de factor ambiental es el Delta del Níger, donde las personas tienen que emigrar por la destrucción y el saqueo causado por las petroleras, que hacen de su hogar un lugar inhabitable: 

El ejemplo del Delta del Niger me encanta por otra cosa que está relacionada. Existen grupos autónomos que tienen una relevancia relativamente importante y ahora, si no me equivoco están en  negociación con el Estado, pero manteniendo su autonomía y su naturaleza7.  Lo que creo que hay que entender aquí es que, tanto las personas que emigran, como las que se quedan y luchan, son las dos hijas de un mismo proceso y no puede entenderse “la crisis de los refugiados” si no conocemos lo que está pasando en Siria, ni tampoco sin saber el esfuerzo democrático que se está dando en el norte de Siria, en la zona kurda de Rojava.  

Voy a ir un paso más, en relación a la solidaridad internacional que comentabas. Creo que hay mucha gente que no está de acuerdo conmigo en esto, pero bueno, allá va. Creo que si queremos evitar las migraciones, puesto que creo que las primeras personas que están en contra de estas son los propios migrantes, es necesario apoyar aquellos procesos que estén conquistando soberanía, autonomía, democracia y dignidad en sus territorios. Si queremos que no haya refugiados en Oriente Medio tiene que haber una democracia real, no en  un sentido político-electoral, sino en un sentido social. Dignidad comunitaria. Insisto, el ejemplo de Rojava me parece fundamental puesto que en lo que se nos presenta como un conflicto entre autoritarismo laico y democracia religiosa, aparece este grupo democrático y autónomo que rompe la baraja y toma sus propias decisiones. No quiero establecer tampoco una relación mecánica de causa-efecto entre Rojava y refugiados, pero sí creo que potenciando esfuerzos democráticos, se ayuda a que las personas puedan arraigarse a su propio territorio y no necesiten migrar. Por eso creo que hay dos problemas: la situación concreta del migrante que está fuera de su territorio y que ha dicha persona, por su dignidad humana, haya que apoyarla en lo que necesite; y si estructuralmente, la migración es algo positivo para los territorios. Probablemente, las migraciones masivas del capitalismo no lo sean. Por eso creo tan necesaria la fortaleza de las fórmulas democráticas y de los procesos emancipatorios. 

Existen testimonios, tanto académicos como más militantes, sobre el impacto de las migraciones forzosas en la salud mental de las personas que sufren dichos procesos. A su vez, se pueden encontrar varias noticias, investigando un poco, sobre el aumento de brotes psicóticos tanto en este periodo de crisis de refugiados, como entre las personas migrantes que durante años intentan cruzar el estrecho para llegar a Andalucía. ¿Qué nos puedes decir sobre esto de acuerdo con tu experiencia en Grecia? 

Muchísimas situaciones. Entre ellas la de varias amigas. Cuando acababa el turno que hacíamos, algunas se venían con nosotros a tomar algo. Concretamente, episodios depresivos incontables. A veces había un psiquiatra, otras veces no (y a veces ni conocía el idioma). Los niños, sin ningún tipo de arraigo, se veían especialmente afectados. Por ejemplo, un día un chaval de otro campo tenía que coger un avión porque quería irse. Una hora antes del vuelo se metió en el metro y cambió de dirección porque se había olvidado un cuaderno. Perdió el avión por una cosa insignificante. Comprobamos que este cambio repentino fue producido por el stress que esa persona llevaba encima. 

Creo que en la salud mental hay que tratar las situaciones con mucha delicadeza, independientemente del apoyo que podamos brindarnos entre todos.  Es evidente que en esta cuestión la comunicación tiene que ser lo más fluida posible, algo difícil cuando se habla en otra lengua que la natal. 

Está claro que hay una labor fundamental que se está haciendo por un montón de gente. Has contado muchas cosas positivas y esperanzadoras, pero nos parece que en estos casos siempre nos dejamos llevar por el espectáculo mediático y la inmediatez. Nos preguntamos si se puede ir más allá de las ayudas inmediatas, como dar comida y ropa, y llevar a cabo proyectos que tengan más proyección a largo plazo. Un ejemplo podrían ser las okupaciones, ¿Qué piensas sobre esto? 

Cuando hablo de brindarles herramientas para apoyarles en ese proceso de  autoorganización, iban los tiros un poco en ese sentido. Vale, aquí tenéis lo básico, pero ahora toca tomar el control de vuestras vidas. Muchas veces los primeros que se resisten a tomar ese control son ellos mismos, pues se encuentran en una situación de limbo, sin raíces, con la sensación de que no pasaba el tiempo, al estilo del día de la marmota. Yo creo que si hablamos de proyectos a largo plazo, son ellos los que tienen que decidir sus propios proyectos y nosotros apoyarlos. Si pensamos todavía más a largo plazo, pienso que es más importante presionar a nuestros gobiernos para que no vendan armas a países en conflicto. Por ejemplo, debería haber una presión muy fuerte para que el Estado español dejase de vender armas a Arabia Saudí. 

Respecto a lo inmediato, creo que cualquier persona que se considere autónoma, o mínimamente contestataria, o que simplemente esté contra toda esta mierda, debe llevar a cabo una labor de contrapropaganda, que es de lo poco que nos queda. Cuando los medios hablan de refugiados, nos toca decir, “aquí no hay campos de refugiados, pero hay CIES, en donde hay peores condiciones que en los campamentos griegos”. Hay que insistir en las causas estructurales del conflicto, señalar en qué son culpables los gobiernos, y por otra parte apoyar las iniciativas de los desplazados. En Barcelona, por ejemplo, está empezando a funcionar el sindicato popular de trabajadores ambulantes. Cabe recordar, al respecto, que la alcaldesa, Ada Colau, que ha puesto un panel gigante en apoyo a los refugiados que se ahogan en el Mediterráneo, persigue por otro lado a los que tiene en casa con la policía a golpe de porra… 

¿Quieres hacer alguna última reflexión? 

Ser humildes y atender las necesidades. Eso no quiere decir tratar entre paños ni dar la chocolatina que uno quiere, sino ayudar como echarías una mano a un amigo que está jodido. Esto depende ya de como es cada uno. Si un colega se está metiendo heroína, las maneras de apoyarle van a depender mucho del carácter de la persona que guarda amistad con ella. Pues con esto pasa un poco igual. Atender sus necesidades puesto que no son idiotas y saben muy bien lo que quieren, y si lo que quieren es cruzar la frontera a otro país, saber priorizar entre su agenda y la nuestra. No tener una agenda política propia, puesto que eso siempre es muy peligroso si de lo que se trata es de apoyar. 

 

-Enlace a la página de la asamblea "De Madrid a Atenas" que el compañero nombra durante la entrevista.https://www.facebook.com/DeMadridaAtenas/?fref=ts

Fuente: Briega

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