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Siete mitos sobre la Policía - CrimethInc

Los que masacraron a cientos de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas, los que asesinaron a Carlo Giuliani en Italia, a Amadou Diallo en Estados Unidos, a Nicolás Neira en Colombia, a Lucrecia Pérez en España y a Claudia López en Chile, justo después del “retorno de la democracia.” Los que rompieron las manos de Víctor Jara en Chile, y el cráneo de Steve Biko en Sudáfrica, los que hicieron desaparecer disidentes desde Argentina hasta Zaire, los que sirvieron a Josef Stalin, quienes reforzaron y refuerzan el apartheid en Sudáfrica y Palestina, y la segregación racial en Estados Unidos. Quienes interrogaron a las Panteras Negras y a los sacerdotes de la teología de la liberación, quienes llevaron registros de 16 millones de personas en Alemania Oriental, quienes nos controlan con cámaras de vigilancia e intervenciones telefónicas, quienes disparan el gas lacrimógeno y las balas de goma cuando las manifestaciones se les salen de las manos, quienes defienden a los patrones en cada huelga. Quienes se paran en medio de una persona con hambre y estanterías llenas de comida, entre una persona sin techo y edificios que permanecen vacíos, entre cada inmigrante y su familia.

En todos los países, en todas las épocas, nos dicen que son indispensables, que sin ustedes nos estaríamos matando entre todxs.

Pero sabemos bien quienes son lxs asesinxs.

No vamos a aguantar mucho tiempo más.

Policía en todas partes, justicia en ninguna

 

Siete mitos sobre la policía

1. La policía ejerce autoridad legítima. 

Lxs policías promedio no son expertxs en leyes; probablemente conocen los protocolos generales, pero saben muy poco de las leyes en sí. Esto significa que su aplicación implica una gran cantidad de engaños, improvisación y deshonestidad. La policía miente con frecuencia: “Recibí un reporte de que alguien con su descripción estaba cometiendo un crimen por aquí. ¿Quisiera mostrarme su identificación?”

Con esto tampoco queremos decir que debamos aceptar como legítimas las leyes, sin pensarlo. El sistema judicial entero protege los privilegios de las personas con más dinero y poder. Obedecer las leyes no es siempre lo moralmente correcto, incluso podría ser inmoral. La esclavitud era legal, ayudar a esclavxs que escapaban, ilegal. Los Nazis llegaron al poder en Alemania por medio de elecciones democráticas, y leyes aprobadas a través de los canales prescritos. Habríamos de aspirar a la fuerza de la conciencia para hacer lo que sabemos es mejor, sin importar las leyes o la intimidación policial. Protegiéndote y sirviéndote, hasta romperte la cabeza

2. Lxs policías son trabajadorxs como nosotrxs; deberían ser nuestrxs aliadxs

Desafortunadamente, hay una gran diferencia entre lo que “es” y lo que “debería ser”. El papel de la policía es el de servir a los intereses de la clase dirigente; cualquiera que no haya tenido una mala experiencia con ellxs, probablemente sea privilegiadx, sumisx, o ambxs. 

Lxs oficiales de policía de hoy saben exactamente en que se están metiendo cuando ingresan a esa institución. Las personas uniformadas no solo bajan gatos de árboles. Sí, muchxs toman el trabajo por presión económica, pero necesitar un cheque de paga no es excusa para desalojar familias, acosar jóvenes de color, o atacar a manifestantes con gas lacrimógeno. Quienes venden sus conciencias son enemigos potenciales para cualquiera, no aliadxs.

Este cuento de hadas es más convincente cuando se expresa en términos estratégicos: por ejemplo, “Cada revolución tiene éxito en el momento que las fuerzas armadas se niegan a luchar contra sus pares; de modo que debemos centrarnos en seducir a la policía hacia nuestro lado.” 

Pero lxs policías no son trabajadorxs cualquiera; son quienes escogieron basar su subsistencia en la defensa del orden predominante, así que son lxs menos propensxs a aliarse con quienes quieren cambiarlo. En este contexto, tiene más sentido oponerse a la policía, que buscar su solidaridad. Mientras sirvan a sus amos, no pueden ser nuestrxs aliadxs; denunciando a la institución policial y desmoralizando agentes de forma individual, les animamos a buscar otros medios de subsistencia, para que algún día podamos encontrar una causa común con ellxs.

3. Tal vez haya manzanas podridas, pero algunxs agentes de policía son buenas personas

Tal vez algunxs agentes de policía tengan buenas intenciones, pero una vez más, en la medida en que obedezcan órdenes en vez de a sus conciencias, no se puede confiar en ellxs. Es importante entender la naturaleza sistemática de las instituciones, en lugar de atribuir todas las injusticias a las deficiencias de los individuos. ¿Recuerdas la historia del hombre que, atormentado por las pulgas, logró atrapar una entre sus dedos? Él la examinó durante un largo tiempo antes de colocarla de nuevo en su cuello, de donde la había tomado. Sus amigos, confundidos, le preguntaron por qué razón lo había hecho. “Esa no era la que me estaba mordiendo”, explicó. Marionetas de la clase dominante

4. La policía puede ganar cualquier confrontación, por lo que no debemos combatirla

Con todas sus armas, equipos y vigilancia, la policía puede parecer invencible, pero esto es una ilusión. Están limitadxs por todo tipo de restricciones invisibles, la burocracia, la opinión pública, fallas de comunicación, y un sistema judicial sobrecargado. Por ejemplo, si no tienen vehículos o instalaciones disponibles para transportar y procesar un gran número de personas, no pueden hacer arrestos masivos.

Por eso una multitud variada, armada solamente de las mismas latas de gas lacrimógeno que le dispararon, puede mantener a raya a una fuerza policial más organizada y mejor equipada; los conflictos entre la agitación social y la fuerza militar no siguen las reglas del enfrentamiento militar. Quienes han estudiado a la policía y predicen para lo que están preparados, (lo que pueden y no pueden hacer), a menudo responden con más astucia y logran superarla.

Estas pequeñas victorias son especialmente inspiradoras para quienes están bajo el yugo de la violencia policial a diario. En el inconsciente colectivo de nuestra sociedad, la policía es el último bastión de la realidad, la fuerza que asegura que las cosas sigan como están; confrontarlxs y ganar, aunque sea temporalmente, muestra que la realidad es negociable. Juntxs, somos más fuertes que ellxs

5. La policía es solo una distracción del verdadero enemigo, no merece nuestra ira ni nuestra atención

Ay, la tiranía no solo es asunto de políticxs o empresarixs; ellxs podrían perder su poder sin quienes cumplen sus órdenes. Cuando cuestionamos su dominio, también cuestionamos la sumisión que lxs mantiene en el poder, y tarde o temprano nos enfrentaremos con quienes nos someten. 

Dicho esto, es cierto que la policía no es más integral a la jerarquía que las dinámicas de opresión en nuestras propias comunidades; solo es la manifestación externa de los mismos fenómenos, a mayor escala. Si combatimos la dominación en todas sus formas, en vez de especializarnos en luchar contra ciertas formas de ella, dejando otras atrás, tenemos que prepararnos para confrontarla tanto en las calles como en nuestras habitaciones; no podemos esperar ganar en un frente, sin luchar en otro. No debemos convertir los enfrentamientos con enemigxs uniformadxs en fetiche, no debemos olvidar las relaciones de poder presentes en nuestro lado, pero tampoco hemos de conformarnos solo con gestionar los detalles de nuestra propia opresión, de una manera no jerárquica.

6. Necesitamos que la policía nos proteja

Según esto, aunque podríamos aspirar a vivir en una sociedad sin policía en un futuro lejano, la necesitamos hoy, porque la gente no está dispuesta a vivir junta, pacíficamente sin actores armados. ¡Como si la desigualdad social y el miedo mantenido por la violencia policial fueran la paz! Quienes argumentan que la policía a veces hace cosas buenas, llevan la carga de probar que esas mismas cosas no podrían lograrse así de bien, por otros medios.

En todo caso, no es como si una sociedad libre de policía fuera a aparecer de repente, de la noche a la mañana, solo porque alguien escribió un graffiti que dice “Al carajo la policía” en una pared. La lucha prolongada que se necesita para liberar a nuestras comunidades de la represión policial, probablemente continúe hasta que aprendamos a convivir pacíficamente; una comunidad que no puede resolver sus propios conflictos, no puede esperar triunfar contra una fuerza de ocupación mucho más poderosa. Mientras tanto, la oposición a la policía debería ser vista como el rechazo a una de las fuentes más atroces de la violencia opresiva, no como una afirmación de que sin policía no habría violencia. Pero si alguna vez podemos derrotar y desmantelar a la policía, seguramente vamos a ser capaces de defendernos contra amenazas menos organizadas.Asume tu responsabilidad, maldito cobarde

7. Resistir a la policía es violento -no te hace mejor que ellxs

Según esto, la violencia es inherentemente una forma de dominación, y por lo tanto, incompatible con oponerse a la autoridad. Quienes emplean la violencia juegan a lo mismo que sus opresorxs, perdiendo así desde el principio.

Esto es peligrosamente simplista. ¿Es una mujer que se defiende de un violador, igual que su agresor? ¿Fueron lxs esclavxs que se rebelaron, iguales a los esclavistas? Existe la legítima defensa. En algunos casos, la violencia refuerza la desigualdad; en otros, la desafía. Para las personas que aún tienen fe en un sistema autoritario, seguir las reglas, -independientemente de si son morales o legales-, es su prioridad más alta, a cualquier precio: creen que obtendrán una recompensa por hacerlo, sin importar lo que pase con el resto. Si estas personas se autodenominan conservadoras o pacifistas no hace mayor diferencia al final. Por otro lado, para quienes asumimos responsabilidad por nosotrxs mismxs, la pregunta más importante es ¿qué necesitamos para hacer del mundo un lugar mejor? A veces esto puede incluir la violencia.

Lxs policías también son personas y merecen el mismo respeto que todos los seres vivos. El punto no es que ellxs merezcan sufrir o que debamos llevarlxs ante la justicia. El punto es que, en términos puramente pragmáticos, no debemos permitir que maltraten a la gente, ni impongan un orden social injusto. Aunque podría ser revitalizante para quienes han pasado sus vidas bajo el yugo de la opresión, contemplar finalmente un ajuste de cuentas con sus opresorxs, la liberación no es una cuestión de venganza, sino de hacer que esta sea innecesaria. Por lo tanto, aunque a veces puede ser necesario prender fuego a la policía, esto no debe hacerse con un espíritu vengativo de justicia propia, sino desde un lugar de cuidado y compasión, si bien no por la policía, al menos por quienes de algún modo podrían sufrir en sus manos.

Deslegitimar a la policía no solo es beneficioso para quienes experimentan la represión policial, sino para las familias de estxs oficiales de policía, y lxs mismxs oficiales. Lxs agentes de policía no solo tienen tasas desproporcionalmente altas de violencia doméstica y abuso infantil, también son más propensxs a ser asesinadxs, suicidarse y luchar con adicciones, que la mayoría de los sectores de la sociedad. Cualquier cosa que anime a lxs agentes de policía a dejar sus empleos, es para su bienestar, el de sus seres queridos y el de la sociedad en su conjunto. Creemos un mundo en el que nadie oprima, ni sea oprimidx, en el que nadie tenga que vivir con miedo.

“Averigua qué es a lo que cualquier persona se somete en silencio, y habrás encontrado la medida exacta de la injusticia y el mal que se le impondrá; y estos continuarán hasta que haya resistencia, ya sea con palabras, con golpes, o con ambos” - Frederick Douglass

Fuente - CrimethInc. : Fuck the Police in Six Languages : Posters in English, Spanish, Slovenian, and More 7.2.2017, AQUÍ en pdf, visto en Tarcoteca.blogsport

Tags: mitosociedadpolicíaCrimethInc
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Comentarios (13)

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  • Y por cierto, espero que eso de "Rebe" no haya ido con segundas. No soy una tía si es que lo te inquieta, no necesito ser una tía para señalarle esto a un compañero (aunque viendo tu actitud, me parece que lo de llamarte "compañero" igual es demasiado precipitado). De hecho soy un tío. Pero vamos, que si con eso de "Rebe" pretendías hacer un juego de palabras con mi nombre de usuario tratando de sugerir que soy una tía, pues... tú mismo, chico. Vaya tela.

  • Lo siento, Don "La Rebelión de las Palabras", veo que el grado de susceptibilidad está por las nubes.
    No estaba muy seguro de colgar el cartel original, tampoco de modificarlo. Es difícil reconocer el sexismo en expresiones "la puta policía"o "La puta vida", pero reconozco que lo hay y que puede sentar mal. Puta se ha transformado en una palabra Taboo. Repito, lo siento.
    Siempre ha habido discusión y ofendidxs entorno a los insultos, lógico. Si les llamo perros los animalistas me llamarán la atención, y las feministas dirán que por qué no les llamo perras, que también tienen derecho a ser insultados en femenino. Si les llamo idiotas lo harán las asociaciones de disfuncionales psíquicos y así hasta el infinito; esto es lo que me cansa.
    Te propongo algo, dame una alternativa y lo modifico, sin ningún tipo de problema.
    Salud! (se puede decir salud se ofenderán les enfermes?)

  • Es difícil reconocer el contenido misógino o sexista en muchas palabras y formas que empleamos habitualmente en el lenguaje (yo no soy perfecto, te lo aseguro, a mí también se me escapan mierdas de éstas alguna vez), pero sinceramente, creo que "la puta policía" o "la puta vida" no son expresiones en las que resulte complicado identificar esa carga. Y menos cuando, insisto, no han sido pocas las compañeras y las mujeres que han explicado por qué les resulta ofensivo y por qué creen que no debería usarse así. Creo que a estas alturas quien no lo ha pillado es porque no se ha molestado en pillarlo. Y no, no estoy diciendo que tú en particular hayas hecho esto con esa intención (no creo para nada que sea así). Sólo que hay cosas que... en fin.

    Y sí, como dices nuestro lenguaje está repleto de formas que perpetúan o reproducen opresiones. Pero precisamente, en mi opinión el reto está en revisarlo sin cesar, en un proceso largo. No pasa nada por cagarla pero si además de cagarla intentas

  • justificarlo con que no quieres "caer en la trampa de la corrección política" (por ejemplo) o relativizando el significado y contenido de las palabras (como cuando afirmaste que "puta" se usa para una "persona que actúa con malicia" intentando que colase que la palabra prostituta y la palabra puta no son sinónimas para el común de les mortales), entonces ahí sí que hay un problema.

    Lo de la "corrección política" me ralla porque me parece que se usa siempre para proteger posiciones de privilegio. Es como la excusa de quien usa un lenguaje cargado de discriminaciones para justificarse. Y además, es un error. ¿Hay algo más políticamente correcto que el lenguaje machista, homófobo, capacitista, especista...? ¿hay algo más políticamente correcto que la opresión? La opresión no es políticamente incorrecta, es opresiva, y da asco.

    Y si llamas "idiota" o "subnormal" a un madero y un disminuído psíquico se queja, asúmelo y no tengas el morro de quejarte.

  • Y perdona por tanto comentario, pero es que el límite de caracteres no me permitía escribir en un único comentario todo lo que tenía que decir. De todos modos, ya he terminado. Sólo añadir una cosa más. Creo que policía es suficiente insulto. ¿Es realmente necesario enfatizarlo llamando "puta" a la poli? Entiendo que a veces se queda corto, que "no nos llena la boca", que necesitamos algo más, por la rabia o el cabreo. Lo entiendo porque también me pasa. Pero podemos desde llamarles directamente escoria, trozos de mierda y otros insultos (no creo que nadie se ofenda por usar "trozo de mierda" como insulto) hasta ser más ingenioses.

    Que el lenguaje esté hecho así no significa ni que no debamos revisarlo ni que debamos aceptar las formas establecidas. Los maderos son escoria, no es necesario compararles ni con los animales, ni con las personas disminuídas psíquicas ni con las trabajadoras sexuales para hacerlo patente.

    Un saludo.

  • Pues mira, mucho mejor. Y de nuevo, disculpa los sermones, pero es un tema que me pica bastante que no esté superado. Debería estarlo. Y a mí también se me escapan cosas que están muy fuera de lugar, sobre todo cuando hablo de ciertas figuras o cuerpos de opresión, o cuando hablo cabreado, desde el calentón. Pero bueno, creo que es cuestión de ir pensando en ello y tratando de mejorar.

    Me alegra que cambiases eso, aunque pueda parecer una chorrada. Un saludo.

  • A mí el artículo en su conjunto me parece muy bueno. Pienso yo que lo primero debería ser comentar lo sustancial del mismo y después entrar en los detalles. Aunque no hay que restar importancia al tema que ambos habéis abordado en vuestros comentarios, tal vez eso nos distrae de lo que el artículo plantea.

  • Sobre “puta”, “puto”, “prostitución”. Cuando decimos, por ejemplo, "el puto trabajo" ¿estamos utilizando un término (puto) inapropiado? La prostitución, que no se circunscribe a la venta sexual del cuerpo ni a un género determinado, se ejerce, de manera más o menos manifiesta, en todos los ámbitos de la vida. Puede ser forzosa o voluntaria. La que ejerce la clase trabajadora es forzosa (vende su fuerza de trabajo, y por tanto su cuerpo al capital, pero es víctima, no causa), la que ejerce la policía propicia y fuerza la de la clase trabajadora.

  • Cuando alguien, hombre o mujer, dice de sí que no es más que "un puto proletario" o una "puta proletaria", no se está autoinsultando ni insultando al proletariado, está denunciando una realidad impuesta contra la que se revela al manifestarla.

    Salud, compañeros y compañeras... ¡y a dinamitar el burdel!

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