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[Argentina] Luchar por un nuevo sindicalismo desde la identidad anarcosindicalista

Interrogarse es una manera de reflexionar, es una actitud más positiva que la nostalgia como estado permanente con respecto al fenómeno de transformación del movimiento obrero organizado, alimentada por nuestros sueños de ideales nobles frente a las dificultades para cambiar el realismo de la sociedad en la cual habitamos.

Interrogarse es preguntarse desde nuestra individualidad, que no es sólo descender a las “honduras del Ser” desde la introspección, sino ver y sentir la realidad antes que colocar sobre el imaginario las argumentaciones positivas y negativas de los hechos y de las cosas según nuestro criterio.

Y ése interrogarse deberá trasladarse al colectivo de los que conviven a nuestro lado para comprender mejor los interrogantes, dudas e imposibilidades. Con el “otro” se construye, se desarrolla una interrelación de argumentaciones devenidas de las reflexiones y con las exposiciones de las propuestas, entendiendo de antemano la “tensión” que se instala como acción de los pensamientos opuestos y diversos, iremos asimilando e interpretando el realismo en la justa dimensión.

Interrogarse es en definitiva poner en funcionamiento el intelecto y a la par el entendimiento, sea en lo individual o sea en lo colectivo. Pero también no es sólo analizar y comprender la realidad de las cosas y de la vida, sino interpretar cómo se ha llegado a ella, para luego poder hallar los caminos de la construcción colectiva acertada y deseada.

Nuestra lucha gremial es eso, un interrogarse constante, comprender e interpretar, asimilar e instalar la “tensión” para activar la acción en los lugares de trabajo. La lucha que se nos presenta hoy es diferente en muchos aspectos con las del ayer. Las nuevas relaciones de producción del sistema capitalista a través de su desarrollo tecnológico han instalado noveles sistemas de explotación y dominación.

Características que trae aparejada un redimensionamiento en la división del trabajo y sus consecuencias sobre el pueblo productor. El capitalismo, a pesar de sus metamorfosis, sigue “manejando los tiempos en las relaciones de producción”, continúa imponiendo los tiempos económicos y políticos, y con ello ha condicionado las respuestas atomizadas de los trabajadores en todas las sociedades del planeta. (Las reacciones específicas regionales no dejan de ser importantes, pero son aisladas del proceso de la globalización, que es donde apunta toda su estrategia social-dominadora).

Por eso, a mi criterio, dar a conocer las concepciones metodológicas del anarcosindicalismo en la conformación de un diferente “sistema de organización” en el movimiento obrero es el desafío para el activismo sindical en los nuevos tiempos; que por un lado sea eficiente en la resistencia, teniendo siempre presente que debemos construir desde lo singular a lo plural, no sólo para consolidar esa resistencia tan cara a nuestros ideales como el primer escalón de nuestros sueños de emancipación social, sino para en un momento determinado de nuestro grado de organización coherente con la realidad objetiva del  ambiente laboral, podamos ser una ofensiva sindical revolucionaria.

Para ello es fundamental la calidad de nuestra organización como primer factor de acción asociativa, que sin este vital componente no podríamos avanzar hacia la refundación de un comprometido sindicalismo acorde a las necesidades de los trabajadores en primer término y acorde para enfrentar al proyecto del capitalismo y su dictadura de mercado.

El actual sistema sindical no es una herramienta de lucha, es lo contrario de una organización combativa de los trabajadores, sea por sus estructuras, por sus metodologías y por la concepción ideológica fundamentada en la conciliación entre explotadores y explotados, es decir entre patrones y trabajadores, de prácticas corporativas, son en definitiva coincidentes y están asociados a la lógica estratégica de las patronales, convalidando con ello su sistema de expoliación.

Por esa razón es que nunca hemos oído condenar al sistema capitalista desde sus “comisiones directivas”, porque ideológicamente son parte del sistema capitalista (salvo honrosas excepciones, como fue en un tiempo la C.G.T. de los Argentinos con las organizaciones gremiales que la componían).

Y queda claro que a través de sus actos apuestan por esta “civilización del capitalismo” y sosteniendo con sus actitudes las estructuras que sujetan a las trabajadoras y los trabajadores al despojo y por lo tanto no hacen otra cosa que consolidar la naturaleza del robo a los activos y jubilados (calificativo como si éstos últimos hayan entrado en el “jubileo” de sus vidas).

Transformándose en verdadero “dique de contención” frente a los que se organizan para la lucha en defensa de las conquistas obtenidas y es por eso que se erigen en “policía ideológica”, estigmatizando al activismo sindical que siempre emerge desde las bases.

Los trabajadores no les darán la espalda “de la noche a la mañana” a esas organizaciones corporativas, porque son muchos años de acostumbramiento a esas organizaciones, a esas metodologías y a esos dirigentes, tolerados conscientes e inconscientemente.

Para que exista una respuesta vital a esas organizaciones piramidales será necesaria una profunda propaganda en el seno de todos los lugares de trabajo. Sin una propaganda organizada y sin una propuesta superior a las que hoy tiene el sindicalismo “colaboracionista”, (pasado al frente patronal), no podremos transformar las organizaciones burocráticas en organizaciones combativas para defender nuestros intereses y nuestras condiciones de vida.

Desde el anarcosindicalismo no creemos en la caracterización política-partidista de las organizaciones de los trabajadores, apostamos a la concepción ideológica-metodológica desde la horizontalidad en la organización de los trabajadores. Y decimos ideológicas no con la idea que sustente tal o cual pensamiento político partidista, cuando nos referimos a lo ideológico lo hacemos en primer lugar teniendo presente el ideal de emancipación social de los trabajadores.

Porque lo que nosotros queremos es que todo el desarrollo productivo y distributivo esté en manos de los auténticos sujetos productores, los trabajadores. Y lo decimo, no lo escondemos ni camuflamos, porque estamos convencidos que la herramienta de la autogestión como medio está acorde a los fines de emancipación por los cuales fue creado el movimiento obrero organizado en todo el planeta Tierra, incluyendo la Argentina.

Esta es nuestra diferencia con el “arco político-ideológico partidista” que milita o activa en el seno del movimiento obrero, porque sostenemos que la “conquista del poder político” abre la puerta de la dominación y el sometimiento a la voluntad de los dirigentes y no a la de los trabajadores desde las bases, aunque esos dirigentes sean elegidos por el voto y aunque en algunos sectores del activismo sindical se nos califique de “basistas”,  palabra que no nos incomoda, porque lo somos.

Lo único que garantiza a los trabajadores la plenitud de sus fuerzas de trabajo en igualdad de condiciones es que seamos nosotros mismos los administradores y eso es posible, no es una “utopía” como nos quieren hacer creer por “izquierda y por derecha”, sólo que necesitamos otro tipo de organización económica y política social.

Porque si los políticos, gobernantes de toda especie, patrones industriales y agrarios pueden “manejar  y disponer” de lo que los trabajadores producimos, ¿por qué no lo podemos hacer nosotros mismos? ¿Por qué tenemos que “delegar” en otros lo que ha sido hecho con nuestras propias manos? Esa es la cuestión de fondo para el anarcosindicalismo. Fuera de esta lógica está presente siempre lo que se denominó en llamar la esclavitud moderna, inherente a la civilización del capitalismo.

Nuestros pensamientos y nuestras concepciones sobre la vida social y particularmente sindical son claras con respecto a la problemática del “poder político”. El único poder que sustentamos es el de hacer, es el poder decidir, poder construir, poder conocer, poder educar, poder transformar, poder ayudar, etc., etc., el otro poder, el político, más temprano que tarde adquiere la identidad de dominación, inevitablemente se transforma en dictadura de la burguesía-oligarquía con su falsa democracia.

Por esas razones insistimos en la necesidad de construir una metodología organizativa que responda a la finalidad anhelada. Queremos organizaciones horizontales de los trabajadores, donde nadie mande, donde todos decidamos con voz propia los caminos, las acciones y los hechos.

Creemos en el colectivo, y desde ese tipo de organización promovemos el debate y la discusión, no para tener razón, sino para encontrar los criterios más cercanos a la verdad, que defienda nuestros intereses de trabajadores. Pero además sabemos que en la construcción de ése nuevo devenir en el movimiento obrero organizado, tendremos aliados de camino y también aliados de destino.

Las asambleas en todos los puestos de trabajo, los plenarios de Comisiones Internas y activistas y plenarios de Comisiones Internas con mandato de las bases, serán las más genuinas y elementales herramientas en la lucha contra la explotación de las patronales y los gobernantes de turno.

Esto no es una “misión imposible”, es una misión posible, necesaria, que marca una tendencia y una predisposición a las conquistas a través de las luchas y no esperar dádivas “camufladas” de mejoras, pues su duración es efímera como ya han sido comprobadas por la historia del movimiento obrero organizado, sino conquistadas con luchas genuinas de las trabajadoras y los trabajadores organizados.

El anarcosindicalismo deberá asumir  esta labor desde dentro del movimiento obrero, desde adentro de las organizaciones sindicales y en la medida que las relaciones de fuerzas nos acompañen y exista la  posibilidad de crear nuevas organizaciones sindicales lo haremos, teniendo siempre presente nuestras metodologías organizativas y respondiendo siempre a la voluntad de las bases de los trabajadores.

Debemos estar dispuestos a luchar en el seno del movimiento sindical con las herramientas que nos vienen desde el fondo de la historia, porque si bien es cierto que el movimiento obrero no es el mismo que el de su fundación, el mismo no ha perdido su esencia, su “genética”, que es la finalidad y que no es nada más ni nada menos que su propia emancipación social de los explotadores y dominadores, avanzando hacia la construcción de una sociedad de Iguales ante la vida e iguales en los resultados.

¡¡¡Libertad, Igualdad, Apoyo Mutuo y Emancipación Social de los trabajadores!!!

Campi

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