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[México] Contribución a Definir un Programa Libertario en Torno al Nuevo Constituyente (Ayotzinapa, Gro)

 

Si vis pacem ¡Parabellum!

(Si quieres paz ¡prepárate a la guerra!)[1]

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INTRODUCCIÓN

Una fresca generación de individuos conscientes le da nuevos ímpetus a la rebelión proletaria y a la organización estudiantil; una que creció con la enmarcación histórica del salinismo y la privatización exacerbada de la década de los 80’s, la estupidez foxista y la sangre derramada por el militarismo de Calderón; en medio del terror mediático de la prensa para venir a reclamar antes sus viejos y funcionarios ¡Ya basta!

Madura y crece a pasos agigantados mientras la inmadurez de las viejas y reaccionarias generaciones, con su negligencia y encubrimiento, alimentan como leña al fuego a la revolución social, que no se puede detener.

El despertar de la población --en cualquier parte del mundo-- anhela autonomía, anhela paz, anhela bienestar. Pero algunos estamos convencidos que es la juventud la que se encargará de organizar los vínculos necesarios y acabar con las divisiones nacionales, fundamentalmente, las contradicciones ideológicas; principalmente porque demuestran los jóvenes, con todo y los riesgos bien asumidos, la apertura ideológica y cognitiva, vital y necesariamente sana. Desde 1929 vimos al estudiantado como una nueva clase social, hijos de obreros, de raíz campesina: es el móvil hacia la transformación del EXISTENTE.

Así lo ejemplifican los estudiantes y sobrevivientes de la Escuela Normal Isidro Burgos, y la radicalización de los grupúsculos estudiantiles en el país –refiriéndonos a las organizaciones que han pasado a la Acción Directa, sin dejar de mantener participación activa en sus respectivas asambleas y/o comunidades estudiantiles.

De conseguirse mayor respuesta por parte de más amplios grupos de población, la concentración de fuerzas que aglutinaría el Nuevo Constituyente –o la inherente formación nacional de colectividades que se despertaron a partir de la rabia cometida desde el 2012- no nos puede ser indiferente. Risible para nosotros la refundación o actualización de cualquier Estado; pero no lo es la respuesta popular por la que se demanda una nueva forma de relación social para nuestra vida. Por esto es justo definir primero ideológica, crítica y pragmáticamente de qué manera la influencia libertaria de nuestro territorio, o los colectivos e individualidades que así lo decidan, se sumarían resueltamente a ello.

En concreto, es necesario poner en debate la crítica al contractualismo y la refundación de cualquier Estado –incluso invisible-; hacerlo común en la población y en el medio de quienes promuevan esta línea refundacional; pero, sobretodo, entre los grupos populares en los que el socialismo permea casi como imitación, casi como enfermedad, hacia la organización de masas, en contra de las más humana obviedad de que la vida es mejor que posible con individuos conscientes y libremente autodeterminados, para quienes “la masa” no se nos aplicaría. Y esto significa asumir decididamente la lucha ideológica entre el socialismo autoritario contra el libertarismo. Sólo que las experiencias históricas de ayer y hoy nos favorecen, mientras que el socialismo en otros países habla por sí mismo. Es un buen momento, pues, de constituir una nueva experiencia histórica, y lo que sea de la disputa ideológica con el socialismo autoritario, esa ya estuvo ganada hace mucho tiempo –aunque desgraciadamente los socialistas autoritarios no se dan por enterado. Vale la dicha, no la pena, arribar a una historia realmente vindicativa. Porque “nunca es tarde, si la dicha es buena”.

Adelantemos ahora, algo para la discusión anti-contractual. El contractualismo es consecuencia de la república organizada según el estatus de sus familias. El hecho que un individuo común no pueda traspasar con “solvencia económica” de un status a otro, es la mayor prueba cotidiana de los condicionamientos a las personas de pertenecer, de conciliar, y de “abrazar” una clase o posición social -y que nada más en sociedad podría construirse y ser reconocido la pertenencia a un grupo cuyos atributos pueden exceder, y así sucede, toda pertenencia a clase alguna. La cuestión de la clase basa mucho de sus principios en el fundamento quasi-antropológico de la familia y su estatus: tal es el fundamento de la oligarquía por establecerse como estrato rector sin necesidad de ejercer el poder político directamente.

Ni siquiera es necesario mantener la “flexibilidad laboral” del clasismo, mucho menos. Es necesario abolir las clases y sus privilegios hasta socializar completamente los productos materiales e intelectuales por todos generados, al menos los productos y bienes que tengan relación inmediata con el bienestar, la belleza y el entretenimiento constructivo. ¿Cómo hemos de socializar el bienestar? esto resulta más interesante que seguir hablando de clase y los “contratos sociales” de sus dirigentes, resumidos como las más irreales lógicas normativas que permite el derecho al privilegio, y encima, con presunción “científica”, esto es, un derecho positivo.

Si la constitución mexicana significó un artífice ejemplar en su momento, no fue otra cosa que legalizar la demagogia y la centralización laboral, que gira esta última en torno a vindicaciones sociales todavía aplazadas a casi un siglo de “constitucionalismo moderno”.

APUNTES HISTÓRICOS:

EL MOVIMIENTO LIBERTARIO Y LA REVOLUCIÓN

Hagamos breve recuento histórico. En México, el contractualismo de Madero, y de manera significativa de Carranza, fue la centralización de las condiciones sindicales con la CROM (Confederación Regional Obrera Campesina) cambiando de nombre a la CTM como hoy la conocemos con Francisco Toledano al servicio de Cárdenas. Pero fue Carranza quien, además, prometió prebendas y un espacio “oficial” para el local de los anarquistas de la Casa del Obrero Mundial, aceptándose con beneplácito, y divisiones por igual, las demandas constitucionalistas.

Jacinto Huitrón, de la Casa del Obrero Mundial, participaría en estos acercamientos. En las contradicciones de este momento histórico, desde sus inicios, jamás pudo desligarse de la dinámica estatista al depender de la figura paternalista del gobierno. Así, el 10 de febrero de 1915, se acuerda con sesenta y siete representantes de la COM y de Carranza unirse a la causa constitucionalista. El 14 de febrero Carranza recibe a la delegación anarquista y los trata de traidores a la patria por ser enemigos del principio de autoridad, y de “disolventes”; sin embargo, con todo y la “cagada de palo”, la condescendiente COM se aguanta los “regaños” de don Venustiano; y el 17 de febrero pactan formar los Batallones Rojos con la sangre de más de seis mil obreros, militarmente organizados al mando de Obregón para luchar contra villistas y zapatistas, dándole la espalda a las verdaderos actores revolucionarios. Posteriormente, gracias a la presión villista y zapatista en el centro del país, la casa de reclutamiento y adiestramiento en que se convirtió la COM se traslada a Veracruz.

A fines de marzo de 1915, 700 anarquistas del 1er. Batallón mueren en la batalla del Ébano, Tampico, contra fuerzas villistas. El 2do. Batallón fue a cuidar las rutas y los pozos petrolíferos en Teocelo y Coatepec, Veracruz, para protegerlo de las incursiones zapatistas; y por último, del 6 al 15 de abril de 1915, el 3er. y 4to. Batallón fueron puestos al mando directo de Obregón, que serían decisivos los esfuerzos anarquistas para derrotar a los villistas en el Bajío, en la batalla de Celaya. Esta contienda fue la que comenzaría a desarticular a los grupos villistas para emprender retirada más al norte, hasta aplastarlos. En el período de las guerras civiles “revolucionarias” de este territorio, la historia constata cómo las traiciones se sucederían de Obregón a Carranza, para ser asesinado este último desde los más ingenuos anhelos y terroríficos contubernios con el poder.

Hemos de detener aquí la recuperación histórica de principios del s. XX y el papel de los anarquistas (un tema así demandaría más estudio que este y, además, el papel del anarcosindicalismo en México no se agota aquí, cabe recalcar); pero este pequeño rescate se antoja crítico con sus orígenes históricos para comenzar a definir la participación libertaria de nuestro presente dentro de las confluencias populares en torno al Nuevo Constituyente. En lo siguiente, es preciso definir el carácter pragmático de una organización anarquista semejante, y que tampoco puede partir, ni de las contradicciones históricas anteriores, ni de las contradicciones ideológicas del plataformismo de Toni Negri (aunque le debemos más que una seria consideración a Makhnó al frente del Ejército Negro).

                                                              EN TORNO A UN PROGRAMA DE

                                                   ACCIÓN LIBERTARIA COLECTIVA E INCLUYENTE

Por lo anterior, sugerimos hacer hincapié en la síntesis anarquista para pasar a un tipo de organización que se inspire de las realidades autóctonas del territorio, estableciendo las diferencias y semejanzas oportunas entre lo libertario y las formas populares de autonomismo de los últimos años. Aprovechemos la configuración social de la milpa y de la milpa como núcleos de organización social y productiva, comunal; núcleos de organización que vive desde tiempos inmemoriales de la acción directa, entre algunas otras peculiaridades de “lo mexicano” no admitidas en las relaciones clasista de la republica y haciendo una fuerte crítica al sectarismo de las organizaciones comunistas de dejar en segundo plano a la clase agraria. ¡Pero también de las universidades! si bien la resignación de las clases explotadas al trabajo asalariado es inevitable, la “semilla” la tiene ahora el estudiantado.

La síntesis anarquista se identifica con las convergencias entre individualismo, libertarismo y anarcosindicalismo; pero hay que decir esto: con la difuminación socioeconómica volcada a la oportunidad en el consumo, y no en el trabajo, se mantiene difuso el control de los sectores medios y la conciencia política de dichos sectores, que participan meramente como intermediarios y administradores en la reproducción del capital. Hace falta pues, actualizar las síntesis históricas que permitan la evolución social hacia nuevas experiencias de individuo y comunidad. Y otra de estas vindicaciones, que vale la pena incorporar a la síntesis anarquista actualizada; es el sector informal y sus 40 millones de trabajadores. Elevar al trabajador informal (la nueva clase obrera) como sujeto revolucionario junto al campo y al estudiantado mexicano. Muy bien podría la experiencia del proceso carcelario, que vincula a activistas y a trabajadores informales, crear interjección con las reivindicaciones también pospuestas para el trabajador no institucionalizado cuyos grupos comienzan a evadir el corporativismo de estado para desactivarlos en su acción política en su organización, desde antaño, barrial y solidaria (un producto histórico del modo antiguo de organización de la vivienda y vida macehual, de las vecindades al barrio).

Además de actualizar la síntesis anarquista hacia los “grupos emergentes” de amplia gama contestataria (y debatir dicho concepto, el de “emergencia” inaugurado por la llamada sociología del riesgo) los tres aspectos enunciados por la síntesis anarquista de Volin tendrán eco al ser ampliamente discutidos algunos de sus puntos, y profundizando en nuestra realidad empírica más que en la excepcionalidad de su dato historiográfico. En concreto, el individualismo y el colectivismo son falsas dicotomías que hay que tratar en lo interno de nuestras “tiendas”. En gran medida esta y muchas otras posturas binomiales comportan cismas o rupturas que se acentúan y se concretan según la experiencia histórica de sus promotores. Binomios como individualismo/colectivismo, mutualismo/expropiación; sindicalismo/organización informal; federación/comuna; todas estas comportan en su seno crecientes diferenciaciones irreconciliables al identificarse los elementos ontológicos del sujeto en la vida social, y que al ser polarizado uno u otro aspecto de la dicotomía, ya sea con el sujeto o con las apariencias de la sociedad, se pierde la continuidad pragmática que vincula a todas las propuestas ácratas en un solo anarquismo, sin apellidos ni adjetivos.

Dejemos avanzar estas discusiones en todos sus colores y claroscuros; y para agarrar sólo un poco de costumbre, sinteticemos lo anterior:

— Hay que formar alianzas estratégicas, quiérase complicidades, para incorporarnos en las confluencias sintonizadas con el Congreso Nacional Constituyente, mediante la Asamblea Nacional Popular preferentemente, u otro enlace de aceptación popular.

— Descender las discusiones de refundación de un nuevo modelo organizativo mexicano a los principios del federalismo, y con miras internacionalistas para salir del atolladero del regionalismo, que el regionalismo sectoriza y compele las reivindicaciones populares de otras latitudes a ideologías puritanas de patria, de etnia y de nación. Revindicar la práctica cultural ¡claro que sí! pero no el etnocentrismo ni el clasismo de ninguna clase. Es que el nuevo poblador se antoja cosmopolita. Esto, con el fin de internacionalizar las condiciones políticas y de lucha en otras latitudes, como dimensión geopolítica contra el imperialismo.

— Tarea de propaganda histórica para denunciar vehementemente las contradicciones del elemento reaccionario en la formulación de todas las constituciones, y muy especialmente, la mexicana, visibilizando el papel histórico de Carranza y la COM con el fin de no repetir las mismas contradicciones por las que nos sublevamos.

— Promover la síntesis anarquista como medio permanente de organización y de acción política directa Y en lo interno de nuestros grupos, células y grupúsculos continuar el debate acerca de las estrategias de protesta (acciones insurreccionalistas a las acciones directa de la política federativa al sector popular) así, como las limitaciones y ventajas de la síntesis anarquista, de la que se obtendrá mejor claridad en su práctica recuperando la crítica a Volin hecha por el círculo de exiliados rusos, de un anarquismo sin adjetivos y de tres variantes cuyas escisiones son eso, escisiones ficticias de falsas dicotomías.

A manera de consideraciones tácticas, para ir finalizando, hay que asumir seriamente la otra parte de la violencia organizada: la crítica revolucionaria de la palabra. Y no solo: también nos esperan encontrones con el socialismo autoritario y el liberalismo heterodoxo. Nos esperan escenarios, no sólo de confrontación urbana y callejera, del que, dicho sea de paso, madurará tácticamente mucho más cuando se establezcan objetivos políticos claros de vindicación popular (totalmente ajenos a la lógica de estado para darle, por fin, continuidad vital-orgánica a la acción espontánea con la acción política); y también nos esperan combates ideológicos en que la razón es nuestra mejor aliada, y la Historia nuestro testigo. Además, nuevos escenarios de guerra simétrica y asimétrica, de la que tampoco nos deberían preocupar esos tratados internacionales como los de Ginebra en torno a la práctica de la guerra.

El Nuevo Constituyente tiene que preparar la logística necesaria para poder enfrentar y repeler un posible escenario de confrontación bélica en el mediano plazo. Basta considerar lo siguiente para reforzar la idea anterior: el Estado y sus representantes no van a ceder sus privilegios por las buenas, y esta alternativa debería estar ya pensándose de manera más seria, ya como autodefensa, ya como ataque. Mientras nos apunten con francotiradores, como en el evento de la quema de la puerta de palacio nacional, y mientras los perros de la autoridad se estén armando de AR-15, difícilmente podemos contrarrestar estos escenarios sin antes delinear la logística, y contrarrestar con inteligencia y valor el armamento enemigo, minimizando nuestras bajas. Sencillamente lo que se juega no es el triunfo o la derrota, lo que se juega es la vida. Afortunadamente, la Asamblea Nacional Popular está logrando algunas alianzas con las autodefensas del sur del país y con pueblos autonomistas como Cherán y Ostula, alianzas las cuales han de establecer más alianzas internacionales para ampliar la logística de guerra.

Lo siguiente será abrir cuantos frentes sean necesarios dentro y fuera del territorio para garantizar la Revolución social. Tal fue el error neo-zapatista, el no considerar la ampliación de distintos frentes para extender la guerrilla de liberación nacional más allá del sur de México –creyeron que, a la vuelta de la esquina, una masa ferviente les acompañaría. Pero estas condiciones no serán dadas si primero no se han establecido las alianzas y complicidades necesarias, y creados mucho más núcleos subversivos y contestatarios cuyos jóvenes han logrado impulsar.

Para terminar, el presente texto no pretende ser definitivo. Tiene pretensiones tentativas, nada más. Es más que seguro que precisará de crítica y reconsideraciones para lograr enriquecerse de manera colectiva, en caso de llegarse a la coordinación; así también discutirse la participación en un brazo armado popular, en caso de cualquier escenario bélico. Será la propia crítica y la suma colectiva de visiones y esfuerzos la que defina un programa libertario, al menos para quienes queremos sumarnos a ello ante los últimos sucesos nacionales. Ninguno de nosotras y nosotros consentirá ser un mero espectador, ni que otras personas se adelanten a nuestra autodeterminación como ácratas y libertarios, en lo que puede ser el advenimiento histórico de un verdadero laboratorio social.

Si no hemos querido la igualdad entre seres humanos y la destrucción de las clases sociales, no es porque no hemos podido, sino porque nuestro deseo de quererlo a veces fracciona, corta, secciona, sectariza y hace de lado a los demás individuos.

¡A por el fortalecimiento del movimiento libertario y el triunfo histórico!

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“La nimiedad separa; la amplitud une”

Emma Goldman

[1] La frase se atribuye a Vegecio, que en realidad es: “Igitur qui desiderat pacem, praeparet bellum” (así que quien desee la paz, que prepare la guerra).

Célula de Difusión Emergente

 

 

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