Tu cuenta

Iniciar sesión Registro

Login

Usuario
Password *
Recordarme

Crear una cuenta

Los campos marcados con un asterisco (*) son obligatorios.
Nombre
Usuario
Password *
Verificar password *
Email *
Verificar email *
Captcha *
Reload Captcha

Buscar

Redes y RSS

Facebook Twitter

 RSS

Suscripción e-mail

Recibe el Boletín Diario del Portal

E-mail:

Traducir

Política de cookies

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar la navegación de sus usuarios y obtener información estadística. Saber más

Acepto

Ciencia, economía y política, o ese oscuro objeto del deseo

“Speer no es uno de esos nazis pintorescos y vistosos. Incluso se ignora si tiene otras opiniones políticas además de las ideas convencionales. Habría podido adherir a cualquier otro partido siempre y cuando éste le hubiese ofrecido trabajo y una carrera. Speer representa de una manera particularmente marcada el tipo de hombre promedio que ha triunfado; bien vestido, amable, incorrupto, lleva con su mujer y sus seis hijos la vida de la gente de clase media. Se asemeja mucho menos que los demás dirigentes de Alemania a un modelo típicamente alemán o típicamente nacionalsocialista. Simboliza más bien un tipo que toma una creciente importancia en todos los estados en guerra: el técnico puro, el hombre brillante que no pertenece a ninguna clase y que no se inscribe en ninguna tradición, que no conoce otro objetivo que abrirse camino en el mundo únicamente con la ayuda de sus capacidades de técnico y organizador. (…) Es precisamente la ausencia de preocupaciones psicológicas y morales, y la libertad con que maneja la aterrorizante maquinaria técnica y organizadora de nuestra época, lo que permite a este tipo de hombre insignificante realizar el máximo en nuestra época. Su momento ha llegado. Podemos librarnos de los Hitler y de los Himmler, pero los Speer permanecerán durante largo tiempo entre nosotros, sea cual fuere la suerte que aguarde a este hombre en particular.”

                                                                                                        

The Observer, 9 de abril de 1944[1]

I – APUNTES

En el proceso de instauración del capitalismo, una de sus tareas primordiales fue “solucionar” la fragmentación político–territorial. La nueva organización necesitaba concentrar el poder político y garantizar la libertad económica. Así surgió el Estado moderno. Pero esta organización requirió diferentes tiempos y la necesidad de lograr, dentro del sistema interestatal, tanto la cohesión interna como el fortalecimiento militar frente a agresiones externas. De tal modo, unido a la noción de soberanía, el Estado tiene necesidad de devenir nación, de crear un pueblo con un destino trascendente. Los Estados nación soberanos europeos, por lo tanto, fueron los encargados en Occidente de realizar las transformaciones políticas, sociales y económicas de aquel continente. Debe darse a este surgimiento la importancia que requiere, ya que este Estado se constituiría en la piedra angular del nuevo modo de producción, instaurándose como garante del capital. Una nueva lógica había sido fundada. Fundada sobre dicotomías y ficciones que pasaron a regir los patrones del funcionamiento social. Se dejan señaladas: la ficción del contrato social, la separación del Estado y la sociedad civil, de la política y la economía, las ficciones de la libertad individual, del trabajador libre, y de la igualdad jurídica entre otras.

Que el naciente sistema se fuera organizando sobre ficciones[2], no impidió que estas adquirieran legitimación y altos grados de eficacia, produciendo efectos comprobables tanto en los sujetos como en las relaciones sociales. El capitalismo necesitaba imponer racionalmente dichas ficciones como verdades, con el fin de encubrir el proceso histórico que le dio surgimiento. Denominamos a este mecanismo con el nombre de naturalización. En este sentido, puede decirse que no son pocas las relaciones entre ficción y creencia, dado que ninguna de las dos necesita ser demostrada como cierta para lograr eficacia, incluso a pesar de sus inconsistencias. La eficacia de estas ficciones queda demostrada en los actos de gobierno, que se apoyan indiscutidamente en ellas; pero también ocurre lo mismo en cualquier accionar social que, supuestamente, estaría por fuera de las relaciones de poder[3]. El Estado–nación, autolegitimado[4] y establecido como un superespacio legitimador que concentra el poder político y el monopolio del uso de la fuerza legítima, es un elemento indispensable en la producción de realidad y subjetividad[5], cuestiones que deben ser tenidas en cuenta para el análisis y la comprensión de los procesos histórico–sociales, políticos y económicos entre los que se encuentra el nazismo, tema que hoy nos ocupa.

Ahora bien, la consolidación de los Estados nacionales demandó diferentes tiempos y características, siendo Alemania uno de los últimos países en lograr la unificación política y la modernización social, a lo largo del siglo XIX. Entonces, la noción de nacionalsocialismo encuentra ya sus raíces en estas problemáticas, y se liga a las ideas que plantean la necesidad de consolidar a Alemania como un Estado nacional unificado[6]. Las ideas tradicionales alemanas ya planteaban por aquel entonces no sólo la conformación de un imperio pangermánico que comprendiera a Austria y otros territorios de lengua alemana sino su reconocimiento como potencia hegemónica de Europa. Estas ideas estuvieron presentes en los movimientos anexionistas durante la Primera Guerra mundial unidas a la esperada consumación de aquel destino trascendente del pueblo alemán. La derrota de Alemania en 1918, con las tremendas consecuencias económicas y psicológicas, dio lugar a la fundación y ascenso del nacionalsocialismo, que adquirió una adhesión inusitada al dar cuerpo a la tradición histórica conservadora mencionada anteriormente[7]. También hay que considerar como precursores, además del nacionalismo antieslavo y antisemítico de Austria y Bohemia, las imbricaciones religiosas unidas al concepto católico de la gran Alemania. Estas variables, sumadas al militarismo durante la Primera Guerra mundial, al fantasma del comunismo y al crack bursátil en octubre de 1929 –que “inauguró la “gran depresión”, abonaron el terreno para dar lugar a los acontecimientos de 1933[8]. Es decir que Hitler no fue el creador del nacionalsocialismo, sino un líder con gran capacidad de manejo de las masas producido por la propia sociedad alemana, deseosa de encontrar “un orden” tranquilizador y conducente a la grandeza de Alemania. Hitler encarnó al nacionalsocialismo.

II – GUERRA

¿Por qué siguen existiendo las guerras? Probablemente surgirán muchas especulaciones y cada uno pensará en batallas históricas, en invasiones actuales con variadas fundamentaciones, en situaciones de las que está supuestamente “informado”. Con referencia a las guerras mundiales: la primera, desembocó en la consumación del autoritarismo mesiánico hitleriano; la segunda, marcó la caída del III Reich y el bombardeo de Estados Unidos a Japón con bombas nucleares, dando lugar a muchas otras explosiones en torno a la vida –generalmente revestidas de “progreso”, que vale la pena analizar. Y ahora quizás adquiera más sentido la larga introducción sobre las implicancias del Estado nación, que deberá ser tenida en consideración a lo largo de toda la exposición.

El siglo XX ha mostrado y confirmado, por si quedaban dudas al respecto, que el conocimiento–mercancía[9] no hace buenos a los seres humanos. También ha demostrado que la producción de conocimientos entra ineludiblemente en conexiones complejas y difusas con el poder, y por ende con el capital. Claro que esto no fue una invención de la modernidad, pues ya en la civilización egipcia, por dar un ejemplo, quien sabía leer y escribir tenía un lugar social y políticamente destacado. Pero la fragmentación de los saberes, la súper especialización, y las revoluciones tecnológicas producidas en el siglo XX, no encuentran parangón con ningún otro tiempo histórico. Es que los acontecimientos adquirieron otra dimensión, otras velocidades, no sólo en sentido cuantitativo sino también cualitativo. Y la tecnificación del Estado y las guerras formaron parte de esos acontecimientos, al igual que la industria automotriz, la producción de energía nuclear y las telecomunicaciones entre otros. Se dirá que siempre hubo guerras. Es cierto. Pero una nueva característica de la modernidad es la tecnologización de la guerra: “Según Einstein, el desarrollo de la bomba atómica hizo necesaria la invención de la bomba informática, de la bomba de la información totalitaria.”[10]

Ford, ese revolucionario del capital industrial creador de la producción y del consumo en masa, no dudó en producir y vender todo tipo de vehículos para la guerra –“negocios son negocios”, aunque tampoco ocultó su simpatía por Hitler bastante antes de 1933. Hitler declaró en 1931 a Detroit News[11]: “Considero a Henry Ford como mi inspiración”. En 1939, las filiales alemanas de General Motors (Opel) y Ford suministraron un 70 por ciento de los vehículos y otro buen porcentaje de aviones vendidos en el mercado alemán para uso bélico. Ford y otros muchos estadounidenses no fueron los únicos “simpatizantes” no–alemanes del nazismo[12], una obviedad para Suiza y Austria, aunque también para Argentina y muchos otros. Estos elementos requieren ser tomados en consideración para comprender las múltiples dimensiones del fenómeno nazi.

¿Que por qué decimos esto aquí y ahora? Porque el nazismo se constituyó como corporización del nacionalsocialismo, en tanto que conglomerado de operaciones ideológicas y de tecnologías políticas, en tanto que movimiento ligado a la cultura de masas y potente máquina de guerra[13]. El nacionalsocialismo no comenzó en el Tratado de Versalles (París, 1919) finalizada la Primera Guerra Mundial, ni finalizó luego de la Segunda. El nazismo fue un gran exponente del intento de resolución de una profunda crisis a la manera fundamentalista, con su componente mesiánico–religioso–conservador. Puso todo en juego, invadió territorios, se lanzó a la conquista del espacio vital, intentó arrasar con las diferencias en un proceso de unificación y simplificación de la realidad, se arrogó el poder sobre la vida y la muerte[14]. Dicho esto, entonces, nos vamos aproximando a la razón de ser de las guerras: la ambición de poder, de superioridad y de dominación, que no puede ser desvinculada de la mortífera generación de capital obtenida de la producción y venta de armamentos cada vez más eficaces y sofisticados y que marcha, junto con el narcotráfico, a la cabeza de la tabla de las superganancias. En todos estos procesos intervienen conocimientos multidisciplinarios científicos y tecnológicos.

III – ECONOMÍA–POLÍTICA–PODER

Paralelamente al desarrollo de las fuerzas productivas, en el capitalismo las guerras adquirieron intensidades y cualidades inusitadas. Si bien en organizaciones socioeconómicas previas las luchas también estuvieron en relación con la obtención de riquezas, apropiación de recursos naturales, alimentarios y de mano de obra barata, con la multiplicación de la fuerza de trabajo gracias a la imposición de las nuevas relaciones de producción[15], (capitalistas –propietarios de los medios de producción y trabajadores –propietarios de su sola fuerza de trabajo) el híperdesarrollo quedó garantizado por medios violentos. Porque este proceso no tuvo un ápice de pacifismo. No hay que olvidar que los campesinos del feudalismo fueron arrancados de las tierras comunales a sangre y fuego. Tres fueron sus opciones: la muerte, la marginalidad, o el ingreso a las fábricas. La invención del dinero como único medio de intercambio y su “indispensabilidad” para la satisfacción de las necesidades primarias, selló el surgimiento y reproducción del capital y, de tal manera, de la reproducción de las relaciones sociales del sistema.

Estas luchas desiguales lideradas por los países más desarrollados, también emplearon (y lo siguen haciendo) las nociones de patria, de raza, de supremacía del hombre blanco, del respeto a las fuerzas armadas, de obediencia, de muerte por la bandera, de producir invasiones en otros países para liberar a los pueblos del yugo dictatorial (noción aplicada predominantemente a pueblos no–occidentales), etc. Hace demasiado tiempo que se descubrió que la mejor manera de evitar las críticas de los ciudadanos a los gobernantes, es distraerlos inventando una guerra. Externalizar al enemigo, ese siniestro juego del poder. Por supuesto que en estos procesos las purgas internas de opositores son importantísimas, pero quedan opacadas por la batalla contra “lo extranjero”. Luego, la justificación de tales prácticas descansará en la argumentación que los sindica como “enemigos de la patria, de los valores occidentales y cristianos…”, y la lista podría extenderse largamente. Y aquí hace su entrada el lenguaje, que está en relación con las formas de transmitir, informar, consignar, legislar, juzgar…

Quizás lo inquietante del lenguaje se encuentre en su poder, o en cómo circulan en él las relaciones de poder. ¿Por qué los campos de prisioneros del nazismo son llamados “campos de concentración”, “campos de exterminio” o “fábricas de la muerte” –y nadie puede dudar de la monstruosidad de su existencia cierta, mientras que se admite que Guantánamo sea presentada como una “base” en un territorio extranjero ocupado por Estados Unidos, “albergando” a prisioneros sin haber sido juzgados, donde abiertamente se practica la tortura y todo tipo de violaciones de derechos? O ¿por qué el Muro[16] de Berlín, fue denominado el “Muro de la vergüenza”[17] –que sin duda lo fue, al igual que todo muro; y sin embargo se admite internacionalmente –más allá de críticas edulcoradas– la construcción del denominado “Muro Fronterizo” que los Estados Unidos está interponiendo con México; o la denominada “barrera” que Israel está interponiendo con Cisjordania –sobre el territorio cisjordano– violando las resoluciones de la ONU y a contramano de expresiones –que allí quedan– de muchos gobiernos y organizaciones? ¿Acaso las acciones israelíes no constituyen una conquista del espacio vital? Sin duda, mucho por revisar y con urgencia.

Como puede observarse, tenemos hasta el momento unos cuantos problemas graves. No se ve o no se quiere ver cómo las relaciones de poder, por las que circulan la ideología[18], la política, la economía y los conocimientos, habitan y capturan el lenguaje. El nazismo lo tenía muy claro cuando intervino desde el vamos sobre él: Cómo hablar y de qué hablar (reducción de la riqueza lingüística[19], cambios de sentido, abundancia de siglas y frases hechas, palabras clave, etc.). Estados Unidos nunca estuvo rezagado, de Europa habría que revisar si algún Estado queda excluido, tarea ardua, delicada y sutil como para ser abordada a la ligera. En América Latina, y particularmente en Argentina podríamos encontrar riquísimos ejemplos durante el siglo XX; por mencionar el más próximo en tiempo y espacio, específicamente en la década del 70, entorno de la última dictadura militar[20] y a partir de ella.

Volviendo al nazismo, convengamos en que “devino un enemigo” de los Aliados cuando sus ambiciones invadieron o desbordaron el mapa de intereses del bloque occidental, en concordia con su ilimitado fundamentalismo mesiánico. El peligro se anunció cuando su lucha por la hegemonía del continente europeo se materializó. Aún así, las cosas no fueron tan límpidas ni las posiciones tan resueltas. Lo que se pone en evidencia es que la flexibilidad del capitalismo admite una interesante variedad de regímenes y variables políticas, como por ejemplo el fascismo, el nazismo, el estalinismo, las dominaciones coloniales, las monarquías constitucionales, las dictaduras africanas, americanas y asiáticas. Son denominados regímenes de excepción, pero en tanto que el Estado persiste, coinciden con el capitalismo y sus preceptos. El nazismo no alteró en absoluto las instituciones capitalistas[21], todo lo contrario, arrancó a los ejércitos con la religión cristiana, exacerbó la institucionalización de la guerra, de la obediencia y de la economía de mercado[22]. El III Reich y las ambiciones imperialistas de otros países occidentales –en muchos casos consumadas, tienen demasiados elementos en común.

IV – CATASTRO DE LOS CONOCIMIENTOS

Ya existen muchos niños que creen que los pollos nunca fueron seres vivos que caminaban, comían y hacían caca, antes de que el hombre los matara para comerlos. Otros niños, y ya no tan niños, creen que Internet es el oráculo de todos los tiempos que tiene las respuestas para resolver todo de inmediato apretando un par de teclas. Ya no hace falta perder tiempo concurriendo a bibliotecas o consultando con otras personas. Tampoco tiene vigencia la pregunta sobre ¿de dónde vienen las cosas? Por ejemplo, ¿de dónde surgió Internet? Respuesta: del Pentágono. El origen militar[23] de esta tecnología, ¿no habrá dejado una impronta en ella? La mera pregunta amerita la lapidación, eso sí: occidental. Semejante osadía es tildada de exageración, de pesimismo, de posición “ultra”, como denominaban los militares a los opositores durante la última dictadura en Argentina. Nuevamente surge la dicotomía: estar a favor o en contra, jamás en un borde pensante.

Ya no es tal la consciencia de que los conocimientos son producidos socialmente –se trate de filosofía, economía, medicina, astronomía o tecnologías varias; se trata de producciones sociohistóricas y, por lo tanto, que trans–portan sus orígenes y devenires. Tal consciencia está desapareciendo en aras de la inmediatez que envenena el deseo de búsqueda, de experienciar y de experimentar, que envenena el deseo como producción de vida, para confundirlo con un puro y pobre “deseo de consumir”. De tal manera, el conocimiento y sus aplicaciones también han pasado a ser bienes de consumo, mercancías. Como contribución a la pobreza, a la ignorancia y al individualismo todo esto resulta muy positivo.

No se trata tanto de descartar o eliminar teorías, planteos o tecnologías, sino de pararse frente a ellos desde la interrogación. La información es un material irremplazable para poder pensar, es una de sus materias primas. La actual erradicación de la actitud crítica, no tiene nada que envidiarle al nazismo, sólo que ahora está funcionando en las “democracias occidentales” y entonces, al parecer, no hay nada que decir. Ese gran estratega del siglo XIX que fue Clausewitz, planteó: “la guerra es la política por otros medios”. Deleuze[24], lúcido y potente observador y pensador de la vida, se encargó de efectuar la inversión de dicha tesis, diciendo que “la política es la guerra por otros medios”. La política, de la que las prácticas gubernamentales sólo constituyen la parte visible del iceberg, incluye la militarización de los conocimientos, y en el acto de someter al conjunto de la sociedad civil al régimen militar[25], esto se verifica de modo impactante hasta el día de hoy. Hay que considerar que en este tipo de regímenes, podemos encontrar tanto el campo de concentración como la ficha para la seguridad social, todo es parte de un orden registrado tecnológicamente.

V – CIENCIA

La parcelación de los saberes y las históricas separaciones entre ciencia–literatura, ciencia–política y ciencia–ideología[26], remozadas por el neoliberalismo en la profundización de la división del trabajo, han tenido gran éxito en mantener a cada individuo–clase [en este caso científico–intelectual] en su «corral» [gabinete especializado, corporaciones profesionales y/o empresariales], haciendo lo que «sabe» [de acuerdo a la capacitación recibida] y «debe» [hacer lo que se le pide sin más]. Surgió así la proliferación de “jergas” que, por una parte cierran las posibilidades de circulación entre saberes, pero por otra utilizan a los medios de comunicación masiva para publicitar y legitimar sus límpidos descubrimientos o investigaciones científicas.

Así, mientras la ciencia política instala las miradas en la producción de consenso[27], en las bondades de la democracia representativa, en la lógica partidaria, en la realpolitik; las ciencias del hombre se mantienen incólumes en el disciplinamiento social, las ciencias médicas comparten sus avances sin dejar de prescribir lo que hay que hacer, y las exactas y naturales se preocupan por dar al público un saber simplificado de sus descubrimientos y aplicaciones. Acertijos, cirugías filmadas, explicaciones neutras de los procesos vitales y de su destrucción por el hombre, etc. Todo en un mismo tenor que resulta apacible y preocupante a la vez: – ¡Qué barbaridad el cambio climático! ¡Cuántas especies están desapareciendo! Pero dime Rosa: ¿qué hay de cenar?

En la divulgación masiva ni siquiera hay que probar las hipótesis, el público no pregunta pero reproduce. Una señora habla del “mapa genético” en la cola del supermercado, un vecino le dice a otro la marca del medicamento para dejar de fumar que encontró en una revista, en el colectivo un joven relata con sumo entusiasmo a un compañero las técnicas de tortura que vio descriptas en Discovery, History o Natgeo. Las nuevas tecnologías de la manipulación de la vida y de la muerte y su eficacia comprobada, tienen un lugar preferencial en un sinnúmero de canales de televisión abierta y por cable, además de Internet. Pero eso sí, todo es presentado con un relato objetivo y científico, todo aparece como parte de la nueva sistematización de los conocimientos. Facebook y twiter han capturado la noción de redes sociales, el “periodismo criminológico” y la naturalización del vocabulario jurídico penal, los realitis policiales y la naturalización de los operativos; y los “des–informativos” que no se quedan atrás de la CNN ni de los multimedios, incluyendo cada vez más al público como reporteros aficionados. La muerte o el despojo de unos en aras de la vida y la preservación de la propiedad privada de otros. Matar un delincuente para que los buenos ciudadanos y sus familias estén tranquilos, sacarse a los pobres de encima para embellecer la ciudad. – ¡Háganlo de una vez!, vocifera la ciudadanía democrática. Complicidad civil, microfascismo, legitimación de las prácticas, producción de subjetividad. De tal manera, la gran dictadura de la Verdad científica revelada, filmada e informatizada, tiene muchos colaboradores en el seno de las sociedades actuales y, como hemos visto sucintamente, los mass media y las nuevas tecnologías desempeñan un papel fundamental en los procesos de naturalización, de disciplinamiento, de producción de realidad y de control social. Los conocimientos se han transformado en empresas, que salen a la búsqueda de pasantes y adscriptos en las propias universidades.

Las tecnologías no se detuvieron en la investigación y producción de nuevas armas –en sentido estricto, sino que ampliaron la noción de armas abarcando a todas las ciencias en su ilimitada búsqueda de dominar, someter y eventualmente destruir a los “enemigos de la sociedad”. Deben mencionarse a manera de ejemplos, las investigaciones sobre los umbrales del dolor; la producción bacteriológica con claros y directos fines militares; las técnicas de interrogatorio, las experimentaciones con nuevos fármacos en enfermedades producidas adrede, el empleo de la fotografía y luego del cine para planificar los ataques aéreos, documentar los daños ocasionados por los bombardeos y realizar el control de su precisión. La explosión de las telecomunicaciones con los medios de comunicación de masas y su papel fundamental en la producción de realidad y subjetividad, fueron herramientas exploradas y aplicadas por el nazismo, aunque no sólo por este.

¿Ha sido el nazismo el creador de la ilimitada, sufriente y aberrante experimentación científica[28] sobre seres vivos “inferiores”[29] –hasta conducirlos a la muerte como “efecto secundario, irrelevante o colateral”? ¿O el nazismo, en tanto que producción sociohistórica, posibilitó e inclusive dejó registro fílmico[30] de la puesta en acto de una ideología capaz de practicar semejantes aberraciones, gracias a que compartían orígenes mesiánicos comunes con innumerables comunidades, sin excluir las científicas? ¿Se puede hablar aún hoy de consecuencias accidentales o habría que considerarlas inscriptas en la valorización que de la vida hace el capital?

Es necesario poner reparos ante la Verdad con mayúscula. Foucault ha propuesto reemplazar los «criterios de verdad» por «regímenes de verdad». Y no se trata de una transformación simplemente terminológica. Al hablar de «régimen de verdad», se hace referencia a la capacidad que tiene el poder para producir realidades, discursos y rituales de verdad propios. Este planteo permite considerar un juego de relaciones entre el régimen social imperante, el funcionamiento de los discursos del poder en torno al estatuto de la verdad, y los procedimientos científicos seleccionados para la obtención de la verdad. Pero de esto sí que no se habla. Entonces, ¿no es la misma ciencia la que alberga en su seno el ejercicio abierto de la violencia bajo una política de neutralidad[31] que permite que, anacrónicamente y en nombre del progreso[32], se lleven a cabo todo tipo de prácticas y experimentaciones con nulos cuestionamientos éticos? La vida considerada sólo como materia, como elemento útil a la ciencia y por su intermedio a la humanidad. Ficción, pura ficción. Negocios son negocios. Es más ¿puede conjugarse una ética de la vida con la ética del capital? Alemania estaba construyendo la bomba atómica. También la U.R.S.S. y los Estados Unidos. Cuesta encontrar las diferencias. ¿Habría que hacerlo? Finalmente fue Estados Unidos quien la lanzó, pero sólo como medio disuasivo, fue para pacificar el mundo. Simplificación. Otra vez el lenguaje, otra vez la vida, otra vez la muerte, otra vez el poder.

La preocupación del Estado [de los Estados] por la gestión política de la vida no fue un invento de Hitler sino que data del siglo XVIII. Surgió en referencia a la necesidad de evitar la disminución[33] de la cantidad de población, de trabajadores y potenciales trabajadores, las mujeres y los niños. La mano de obra debía estar garantizada de alguna manera, la población debía aumentar para sostener y acrecentar el desarrollo de la nueva organización socioeconómica. El cuerpo viviente se convirtió en objeto a gobernar no tanto por su valor intrínseco, sino como sede de la potencia a intercambiar: la fuerza de trabajo transformada en mercancía. Y la necesidad de intervenir en este reaseguro, dio lugar a la diagramación de políticas públicas para una determinada población. Esto abarcó el campo sanitario, las normas de higiene, la organización familiar y crianza de los hijos, la composición de las razas, las pautas morales, la longevidad de las comunidades, la mortalidad infantil, etc. Allí presentes, nuevamente, los expertos y la ciencia, allí y siempre, con mayor o menor sofisticación. El nazismo, entonces, no hizo más que tomar estos preceptos y compaginar la tabla de efectos deseados para la gran Alemania. La mano de obra estaba garantizada por la militarización de la sociedad (servicio militar obligatorio) y por el trabajo forzado de los presos y víctimas hacinadas en los campos de concentración. No indicó lo que había que hacer sino los resultados a lograr, y dio rienda libre a la experimentación científica para alcanzar sus metas. Así ocurrieron las atrocidades que tomaron estado público luego de la caída del III Reich, pero que allí no terminaron. Las violaciones, las esterilizaciones, las experimentaciones tortuosas, la muerte en las cámaras de gas o en las barracas y otras monstruosidades corresponden a lo que sabemos del nazismo. Las ablaciones de órganos a prisioneros, la manipulación genética con supuestos fines humanitarios, la inoculación de virus o bacterias para probar determinados fármacos, las prácticas invasivas ilimitadas, las experimentaciones en instituciones cerradas, no han cesado sino todo lo contrario. Hoy no se habla de una raza superior, pero está en ciernes la elección del color de ojos de los hijos, del sexo, del cabello, etc., etc. Otra vez la naturalización hace que todo suene inocente, pero nuevamente estamos viendo la punta del iceberg. En la sociedad de la información ya nadie puede aducir el total desconocimiento, paradojas del sistema. Como dijo Eduardo Tato Pavlovsky[34] “ya no hay distraídos o neutrales en Latinoamérica. Ya no hay teoría que salve a nadie”. Me permito hacer extensiva la aseveración a todo el mundo. Científicos–tecnócratas nuestros de cada día, la neutralidad no ha muerto sino que nunca existió. No hay gestión política de la vida, hay intervención del poder en la vida, eso es la biopolítica. No hay investigación, ni prácticas inocentes, la ética tiene nombre, se llama responsabilidad por los propios actos en cada instante y a cada paso. Habitantes del planeta, se impone pensar en contra del convencimiento, no hay poder bueno, el poder siempre es `poder sobre´. Habitantes del planeta: jamás renunciéis a pensar; si no amáis al nazismo no améis la dictadura tecnocrática de los expertos[35], si no amáis la dictadura no améis al capitalismo, porque es su mentor, y si no amáis al capitalismo intentad navegar por la vida experimentando la potencia del deseo como producción y del pensamiento como creación.  

                                                                                                                      Mar del Plata, invierno de 2011.

BIBLIOGRAFÍA

– Bobbio, Matteucci y Pasquino; Diccionario de Política, Siglo XXI, 10ª ed. en español, Tomo 2, México 1997.

– Deleuze, Gilles; Guattari, Felix; Mil Mesetas; Pre–Textos, Valencia 1988

– Ferreira, Emilia; Pasado y presente de los verbos leer y escribir, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2008

– Foucault, Michel; “Verdad y poder”, en: Microfísica del poder, Las ediciones de La Piqueta, Madrid, 3ª. ed. 1992

– Foucault, Michel; Nacimiento de la biopolítica, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1ª ed. en español 2007, 2ª reimpresión 2010.

– Foucault, Michel; Vigilar y castigar, nacimiento de la prisión, Siglo XXI, Buenos Aires, 1989

  • Kuhn, Thomas S.; La estructura de las revoluciones científicas, Fondo de Cultura Económica, México, 1ª edición en español 1971, sexta reimpresión 1985.
  • Lourau, René; El Estado Inconsciente, Ed. Caronte Ensayos, 1ª edición Terramar, La Plata, 2008 (Caronte Ensayo).

– Marx, Karl; El Capital. Crítica de la Economía Política; Tomo I, Volumen 1, Siglo XXI Editores, México, 1998

– Navarrete, Isabel; “Argentina 1976 –¿1983? De la represión a la producción de realidad. Prolegómenos del neoliberalismo”, Mar del Plata, 1998.

– Navarrete, Isabel; “Ideología capitalista: La verdad del poder; el «saber–mercancía» y la ética bio–degradable. Apuntes para la discusión”, ponencia presentada en las Primeras Jornadas de Teoría y Filosofía Política realizadas en Buenos Aires el 21 y 22 de agosto de 1998 y auspiciadas por la Facultad de Ciencias Sociales, Carrera de Ciencia Política, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y el Centro de Investigaciones Europeo Latinoamericanas (EURAL).

– Pavlovsdy, Eduardo; Lo Grupal 3, Buenos Aires, Búsqueda, 1980.

– Virilio, Paul; Cibermundo: ¿una política suicida?, Conversación con Philippe Petit, Trad. Cristóbal Santa Cruz, Domen Ediciones, Santiago, 1997

– Virno, Paolo; Gramática de la multitud. Para un análisis de las formas de vida contemporáneas. Ed. Colihue, 1ª edición, 2ª reimpresión, Buenos Aires, 2008

– Wallerstein Immanuel y Balibar, Etienne; Raza, Nación y Clase, Editorial Iepala, Madrid, 1991.

Notas:

[1] “Así comienza el artículo que el diario inglés The Observer del 9 de abril de 1944 consagra al ministro de armamento de Hitler en plena guerra mundial. Managerial Revolution, del trotskista Burnham, había aparecido en Estados Unidos en 1941. Este libro parecía un poco exagerado: ¿quiénes son esos directores, esos managers que se sitúan o van a situarse muy pronto por encima de los grandes de este mundo? A quienes dudaban de la posibilidad de ver aparecer dicho monstruo, The Observer les responde: está delante de ustedes, se llama Speer.” Citado por René Lourau; El Estado Inconsciente, Ed. Caronte Ensayos, 1ª edición Terramar, (Caronte Ensayo), La Plata, 2008, pp. 161-2.

[2] que pueden ser definidas como formas desvirtuadas de presentar el proceso histórico de conformación social, que logran el estatus de reales y efectivas, a pesar de que resulta demostrable –mediante ciertos procesos– su carácter de “invención”. Ver “El carácter fetichista de la mercancía y su secreto”, en Marx, Karl; El Capital. Crítica de la Economía Política; Tomo I, Volumen 1, Siglo XXI Editores, México, 1998, Capítulo I, Punto 4, pp. 87–102.

[3] Entonces, podría pensarse que, dar como verdaderos los planteos de las ficciones, no difiere demasiado de cómo operan las creencias religiosas, basadas en otras tantas ficciones, como la existencia de un Dios–Hombre–Todopoderoso, o la resurrección de los muertos).

[4] Lourau, René; El Estado Inconsciente, op. cit.

[5] Navarrete, Isabel; “Argentina 1976 –¿1983? De la represión a la producción de realidad. Prolegómenos del neoliberalismo”, Mar del Plata, 1998.

[6] “Las raíces ideológicas del nacionalsocialismo, como consecuencia de los eventos históricos alemanes del siglo XIX, están estrechamente ligados a tres fases principales del camino de Alemania hacia el deseado estado nacional: la reacción nacionalista ante la ocupación napoleónica (1806-1815), el fracaso de la revolución liberal de 1848 y la solución conservadora-militar del problema alemán durante el dominio de Bismarck a partir de 1871.Bracher, Kart Dietrich; “nacionalsocialismo”, en Bobbio, Matteucci y Pasquino; Diccionario de Política, Siglo XXI, 10ª ed. en español, México, 1997, Tomo 2, pp. 1035–1042.

[7] “(…) Los aspectos más extremistas del movimiento se deben explicar como el resultado de diferentes posiciones ideológicas fundamentales con profundas raíces históricas. Éstas forman el marco de la Weltanschauung nacionalsocialista, que contiene los postulados principales y el vocabulario específico del sistema de valores del nacionalsocialismo, cuyas palabras claves son: nación, raza, espacio vital, la comunidad del pueblo, liderazgo, acción, autoridad, sangre y tierra, frente y batalla.”, Bracher, Kart Dietrichd; op. cit. p. 1036

[8] Hitler recibió y ocupó sucesivamente los cargos de Canciller Imperial (Reichskanzler) de enero de 1933 a abril de 1945, Jefe de Estado (Führer und Reichskanzler) de 1934 a abril de 1945 y Comandante Supremo de las fuerzas armadas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial de septiembre de 1939 a abril de 1945.

[9] Navarrete, Isabel; “Ideología capitalista: La verdad del poder; el «saber–mercancía» y la ética bio–degradable. Apuntes para la discusión”, ponencia presentada en las Primeras Jornadas de Teoría y Filosofía Política realizadas en Buenos Aires el 21 y 22 de agosto de 1998 y auspiciadas por la Facultad de Ciencias Sociales, Carrera de Ciencia Política, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y el Centro de Investigaciones Europeo Latinoamericanas (EURAL).

[10] Virilio, Paul; Cibermundo: ¿una política suicida?, Conversación con Philippe Petit, Trad. Cristóbal Santa Cruz, Domen Ediciones, Santiago, 1997, p. 37.

[11] //ecuador.indymedia.org/es/2003/07/3037.shtml

[12] Ver documentales Adolf Hitler & Henry Ford & The German American Bund, en You tube WaffenSS397; y leer los comentarios actuales al respecto.

[13] Deleuze, Gilles; Guattari, Felix; “Tratado de nomadología”, en: Mil Mesetas; Pre–Textos, Valencia 1988

[14] La imposibilidad de tolerar el fracaso, con el suicidio de Hitler, su mujer, los más altos jerarcas nazis y el asesinato de los seis hijos de Goebbels por sus padres, muestran hasta qué punto estaban comprometidos mesiánicamente con la causa nacionalsocialista.

[15] La conquista y colonización de América y de África jugó un papel muy importante en el desarrollo capitalista, aportando metales y piedras preciosas y materias primas, además de explotar a los pueblos de aquellos continentes de manera esclava o cuasi esclava, y asesinando a quienes integraban movimientos rebeldes. Esto no se ha modificado demasiado contemporáneamente.

[16] Por mencionar unos pocos, los más nombrados en Occidente, de los más de treinta existentes en todo el planeta.

[17] Este muro, habitualmente conocido como Muro de Berlín recibió también fuera de Alemania la apelación Muro de la Vergüenza en un artículo que apareció en la portada de la revista estadounidense Time Magazine en 1962. Poco más tarde, el presidente estadounidense John F. Kennedy se refirió explícitamente al muro como «Muro de la Vergüenza» en su discurso anual del 14 de enero de 1963 ante el Congreso de los Estados Unidos. Menciones a este muro como «Muro de la Vergüenza» han sido hechas también por otros mandatarios como Mário Soares, Jacques Chirac o Romano Prodi. http://es.wikipedia.org/wiki/Muro_de_seguridad

[18] Navarrete, Isabel; “Ideología capitalista: La verdad del poder; el «saber–mercancía» y la ética bio–degradable. Apuntes para la discusión”, op. cit.

[19] Casi como parte de un “programa de nazificación” se proclamó el retorno a un lenguaje sencillo, simple, rescatando nociones ligadas a lo tradicional, al nacionalismo, al fanatismo. Compartió con Mussolini la concepción de “mens sana in corpore sano”, desalentando el proceso de pensamiento y fomentando el culto al cuerpo físico, sobre todo a partir del deporte y la competencia. Y aquí, la noción de “triunfo”, con todas sus implicancias psicológicas y militares, no puede ser dejada de lado.

[20] La noción de dictadura en Argentina requiere una revisión, como también su duración cuanti y cualitativa. Navarrete, Isabel; Argentina 1976 – ¿1983? De la represión a la producción de realidad op. cit.

[21] Quizás habría que mencionar algunos cortocircuitos respecto del lugar y características del Estado durante el nazismo, que no coincidían exactamente con el modelo liberal. No estaba en juego su existencia sino sus cualidades y funciones, el lugar del partido. De hecho la noción de Reich implica toda una complejidad política, imposible de abarcar en este escrito.

[22] (…) “Ahora bien, el aporte del nazismo, en definitiva, consistió en la coalescencia rigurosa de esos diferentes elementos, es decir, la organización de un sistema económico en el cual la economía protegida, la economía de asistencia, la economía planificada y la economía keynesiana constituían un todo sólidamente unido, cuyas distintas partes estaban ligadas con firmeza por la administración económica que se había instaurado. Política keynesiana del doctor Schacht, relevada en 1936 por el plan cuatrienal cuyo responsable era Göering y para el cual, además, éste se había rodeado de una serie de asesores que eran los de Rathenau. Planificación que tenía un doble objetivo: por un lado, asegurar la autarquía económica de Alemania, es decir, un proteccionismo absoluto, y por el otro, una política de asistencia, todo lo cual, como es lógico, provocaba efectos inflacionarios que la preparación para la guerra (se trataba, si se quiere, de una economía militarizada) permitía pagar. Todo eso formaba una totalidad.” Foucault, Michel; Nacimiento de la biopolítica, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1ª ed. en español 2007, 2ª reimpresión 2010, pp. 138-9.

[23] Virilio, Paul; Cibermundo: ¿una política suicida?, p. 37

[24] Deleuze, Gilles; Francia, 1925-1995.

[25] Este sometimiento no tiene por qué emplear la fuerza, hay demasiados ardides para inculcar el “amor a lo militar”, a los uniformes, al orden, a la modernización de los países, a la defensa de la soberanía, a las tecnología de guerra con sus nuevos inventos, etc.

[26] Las demarcaciones territoriales de los saberes mediante la barra, generalmente de inspiración positivista, que las más de las veces se acompañan de un tono despectivo alusivo a todo lo que «cae por fuera» de su esquema, incitan a interrogarse por su pretendida certeza, por sus motivaciones y sentidos.

[27] Nos referimos al proceso de homogeneización mediante el cual las diferencias entre los participantes se ven anuladas, dejadas de lado, a fin de instaurar un sistema uniforme, desactivador de lo crítico, de lo disruptivo, de tal manera que cuando surja pueda ser señalado como peligroso, y por lo tanto capaz de ser penalizado.

[28] En los campos de batalla o en laboratorios, hospitales, cárceles, prisioneros de guerra, poblaciones vulnerables, y desgraciadamente la lista continúa.

[29] La pregunta es: ¿qué significa inferiores? ¿No– hombres, no–arios, no–connacionales; no–cristianos, no– blancos, no–padres, no–parlantes, no–humanos, no–bípedos, etc., etc.?

[30] De otro modo, ¿se habría documentado el exterminio en los campos de exterminio?

[31] En cuanto a las imbricaciones de la investigación y su supuesta “neutralidad”, Foucault ha expresado que la Edad Media inventó la investigación judicial, que “era el poder soberano arrogándose el derecho de establecer la verdad por medio de cierto número de técnicas reguladas” y que si bien desde ese momento hasta nuestros días formó cuerpo con la justicia occidental, “no hay que olvidar ni su origen político, su vínculo con el nacimiento de los Estados y de la soberanía monárquica, ni tampoco su desviación ulterior y su papel en la formación del saber. (...) La investigación, en efecto, ha sido la pieza fundamental para la constitución de las ciencias empíricas (...) así como el análisis disciplinario lo ha sido para las ciencias del hombre.” Las bastardillas son nuestras. Foucault, Michel; Vigilar y castigar, nacimiento de la prisión, Siglo XXI, Buenos Aires, 1989, pp. 227–9.

[32] Después de las atrocidades del siglo XX ¿puede ser sostenida la noción de progreso? ¿Sobre qué bases?

[33] Como las ocurridas en la población occidental en el Feudalismo, debido a las pestes, la falta de mínimos recursos sanitarios, muerte precoz, etc.

[34] “Psicoterapia, Psicodrama y Contexto Socio-político”, en Lo Grupal 3, Buenos Aires, Búsqueda, 1980.

[35] Ni ninguna otra.

Isabel Navarrete
Primeras Jornadas “El nazismo en los diversos saberes”
Rosario, 13, 14 y 15 de septiembre de 2011
Tags: cienciaeconomíahistoriapolíticadeseo
Submit to DeliciousSubmit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to StumbleuponSubmit to TechnoratiSubmit to TwitterSubmit to LinkedIn
1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 4.75 (2 Votes)

Comentarios

  • No se han encontrado comentarios
Añadir comentarios