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Torraos soviéticos

Aunque se lee por ahí que la costumbre de comer pipas fue introducida por los brigadistas soviéticos durante la guerra civil, ésto no es del todo cierto, aunque este producto sí llegaba de las estepas rusas, donde era producido, comercializado y consumido en abundancia desde tiempo atrás, e incluso que el peso creciente del stalinismo en los gobiernos republicanos durante la guerra, sobre todo en Madrid, pudo ayudar a generalizar su consumo.

Fotografía de la España de los años 30Algunos aspectos de la cultura y la historia del movimiento obrero peninsular, como los que vamos a explicar, más que hechos históricos en el sentido que se le da en la academia o las instituciones, son más bien gestos aparentemente simples, rutinarios y mecánicos, pero que esconden una historia detrás, en muchos casos de incuestionable sonoridad popular y proletaria.

Así sucedió con aquel gesto -no tan inocente- de comer pipas de girasol..

Devorar torraos y, en especial, pipas de girasol, tostadas y saladas, fue una costumbre adquirida por nuestros abuelos ya en los años republicanos, tiempos de crisis económica que obligaban a incorporar esta nutritiva semilla a la dieta proletaria, la cual se limitaba por lo común a combinar patatas, legumbres y algunas hortalizas. Además, las crónicas cuentan que se generalizó entonces también entre las mujeres, que con el gesto de comprarlas y comerlas en público, sobrepasaban el tabú que había existido en las generaciones anteriores..

Las pepitas se han puesto ahora en moda—me dice el vendedor—. Hasta las señoritas que se pasean por aquí las compran. A las mujeres de mis tiempos les daba vergüenza comer en la calle; pero ahora, si, si...”1

Llegada la guerra este producto adquirió una importancia insospechada.

Por todos es conocido por oirlo por boca de nuestros familiares, que durante la guerra la escasez de productos básicos obligó a completar la dieta con todo tipo de productos, destacando algunas leguminosas como eran las avellanas, algarrobas, bellotas o las pipas de girasol.

Este fenómeno se notó primero en ciudades sitiadas como Madrid, y en especial a partir de 1937, cuando eran vendidas por infinidad de vendedores ambulantes y se comían de forma habitual por la calle o viendo una película en un cine, no sin cierta polémica por cuestiones de higiene o moralidad; y seguramente por ello, durante los primeros años del franquismo, empeñados en arrancar de raiz todo signo de cultura libre y proletaria, su consumo se prohibió en las salas de cine y se persiguió a las mujeres que las comían libremente en los espacios públicos.

Esta afición desmedida que les ha entrado a los madrileños de comer pepitas de girasol, probablemente a falta de alimentos más vitamínicos que llevarse a la boca, empieza a crear serios problemas. En el tranvía, en el café, en el teatro hay quien come las populares pipas..”.2

Lo que sucedió en el Madrid de la guerra en torno a las pipas no era nuevo, como tampoco lo era la polémica de las subsistencias o la tensión en las colas para la adquisición de determinados productos, ya que fueron uno de los resortes de conflictividad por ejemplo en los años de la primera guerra mundial, y en especial durante la revolución en Rusia, cuando se escribía en la prensa burguesa que los niños soviéticos iban recogiendo las cáscaras saladas de pipas ya consumida para resistir así el hambre y el frio.

..Fue tan contínua y tan trágica la sensación de hambre que pasamos, que únicamente así se explica el que las raíces de regaliz -paloduz- y las pipas de girasol hayan usurpado por completo el comercio callejero de la gente maleante, mangante y mareante que pululaban como insectos venenosos..”3.

Como afirma el párrafo anterior, entre los alimentos habituales para nuestros abuelos en aquellos meses de guerra estaba la raiz del regaliz, sustitutivo del azucar, que se había vuelto inaccesible para el común de la población de la retaguardia republicana. Este producto servía para endulzar la infusión de cebada molida y tostada, desayuno más habitual de los vecinos del Madrid sitiado por la guerra, pero también se chupaba, masticaba e incluso el sobrante se guardaba para un consumo posterior..

..Por fortuna, las verduras y las frutas suplen con ventaja, por su riqueza vitamínica, a los alimentos de origen animal. Y los madrileños, con los frutos de la tierra, se defienden tan ricamente, sin otra pérdida que una muy saludable de grasas y adiposidades superfluas..”4.

Casi podemos decir que estos productos ayudaron a complementar los escuetos menus de guerra de los comedores colectivizados de las ciudades de la retaguardia republicana, abiertos para solucionar los problemas de subsistencias, los cuales fueron aumentando con el paso del tiempo5.

Aunque lee por ahí que la costumbre de comer pipas fue introducida por los brigadistas soviéticos durante la guerra civil, hemos podido comprobar que esto no es del todo cierto, aunque sí que este producto sobre todo provenía de las estepas rusas, donde era producido, comercializado y consumido en abundancia, e incluso que el peso creciente del stalinismo en los gobiernos republicanos durante la guerra, sobre todo en Madrid, pudo ayudar a generalizar su consumo.

La polémica de las pipas de girasol en aquellos difíciles años, asociado a las colas o los menus de guerra, se entiende mejor si consideramos que la prensa conservadora de ésta y otras épocas, siempre mostró rechazo hacia lo que identificaban como comida de pobres o disidentes.

Así había sucedido también con el cacahuete, la piña de los pobres como la llamara algún periódico del siglo XIX, siempre se asoció con ámbitos librepensadores y republicanos, por eso de que fue generalizada su producción e ingesta en la península por las tropas francesas, aunque fuera un producto americano adaptado a las tierras de la ribera del Jucar ya a finales del siglo XVIII.

El girasol, dorado, decorativo y petulante, pero lleno de sentido práctico, con su pulpila codiciosa que primero miró a levante y luego al poniente; fue a su vez uno de los ejemplos de como la guerra impuso la política y el populismo, relegando a la revolución a ser cáscara sin fruto.

Alacant Obrer

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  • 1 Estampa 09-06-1934. Desde 1932 se documentan casos en la prensa de niños de corta edad que se habían atragantado con algún grano de girasol, noticias que se repiten periodicamente desde entonces. Por otra parte, su uso en repesentaciones populares -carrozas- se constanta con mucha frecuencia, e incluso alguna compañía teatral llevaba ese nombre en 1936. “..en cada charco, una playa arenosa, con piraguas, nadadores, tomadores de sol y desnudistas; en cada paseo unos tiosvivos, unas montañas rusas, puestos de churros, torraos, pipas de girasol y demás comestibles, más o menos indigestos. ¿Cabe mayor euforia?..”, Gracia y Justicia 17-08-1935.

  • 2 Crónica 05-12-1937. En noviembre de 1937, la emisora Unión Radio, demandaba a los asistentes a los cines madrileños que se abstuvieran de comer pipas durante la sesión. También, Azul 18-11-1937; Pensamiento Alavés 15-01-1938; Imperio 20-05-1939.

  • 3 Imperio 20-05-1939. Más allá de la contrapropaganda, la falta de una política de alimentacion racional y planificada, fue una de las principales causas de desabastecimiento en las principales ciudades de la retaguardia, del malestar puntual surgido en los frentes y de las acusaciones desde Madrid a las colectividades de la zona del levante de acaparamiento. El Sol 22-02-1922; Mundo Gráfico 07-07, 01-09-1937; La Voz-Madrid 17-11-1937; Solidaridad Obrera 09-09-1937.

  • 4 Mundo Gráfico 21-04-1937. Las leguminosas fueron vistos ya como productos de primera necesidad, sustitutivos de la carne en clave naturista, y llegaron a ser tasados a precios oficiales, como sucedió con las pipas, que estaban entre las 3 pesetas el kilo de tostadas y saladas –20 de mayo de 1938-, y los 50 centimos el kilo de pipas crudas -1 de octubre de 1938-. Cabe tener en cuenta que las pipas pudieron utilizarse tambien para, una vez molidas, hacer pan, o incuso prensadas lograr combustible. Solidaridad Obrera 18-11-1937; La Libertad 25-08-1938.

  • 5 En este sentido debemos leer el acuerdo tomado por las secciones de la Industria Gastronómica de UGT y CNT de Barcelona, que en el otoño de 1937 suprimieron todos los menus de lujo de la ciudad y establecían un precio único de 3 a 3'5 pesetas. O en la disposición de agosto de ese año del Consejo Municipal de Ciudadela, sobre las medidas que debían seguirse en los casos de necesidad de sobre-alimentación y evacuación de enfermos por prescripción facultativa, circunscrito a aquellos que no tenían familiares en la isla, los cuales se verían obligados a reducir en una parte proporcional sus cartillas de racionamiento en solidaridad con su familiar enfermo o herido. La Voz de Menorca 06-08-1937.

Tags: historiaguerra civiltorraosURSS
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