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Manual del Militante de la CNT de Cataluña de 1937

Presentación

ManualCuando se publica este libro ya hace más de un año que se está realizando una revolución autogestionaria desde la base, por los mismos trabajadores, sobre todo de CNT y UGT, y varias etiquetas sindicales y políticas, y sin etiqueta alguna. Por la tanto, esta publicación de un Manual de Militante parece un absurdo, puesto que la labor militante de un sindicalista era y es edificar una sociedad nueva.

Es evidente que “militante” -para los autores del Manual- llevaba un sentido distinto de lo que entendemos hoy por militantismo de base. La novedad es que los militantes tienen una doble misión: saber sus obligaciones y ser consecuentes con los principios y la conducta moral de la organización a la que se obligan a servir (p. 9). Y se nota en la insistencia en el “analfabetismo 1, lo que delata un desconocimiento perverso de la realidad cenetista y del “militante consciente” tan seriamente evocado por el notario y político Díaz el Moral en los 1920 2 y concretada en la realidad desde fines del siglo XIX hasta 1939 3 .

Esta capacidad, esta eficacia y superación de sí mismo la habían dado en gran parte la labor y los escritos de Anselmo Lorenzo El Proletariado Militante, Francisco Ferrer i Guardia, Salvador Seguí 4 , Galo Díez Esencia ideológica del Sindicalismo 5 , la prensa obrera con sus múltiples cabeceras (tanto en la Península como en Argentina o incluso en Francia durante la dictadura de 1923-1931) y sus muchos folletos.

Cualquiera fuese el origen del autor del prefacio (recién afiliado a CNT o curtido luchador), su enfoque del militante de la CNT -fiel a la organización, cuando es la organización la que debe ser fiel a los principios de emancipación de los trabajadores- era similar al agitador bolchevique. Aquel individuo integraba una minoría supuestamente abnegada, entregada e ilustrada que en nombre de Lenin y Trotsky (y luego del gueneralísimus Stalin) supo aniquilar, fusilar y encarcelar a los contrarrevolucionarios (desde los makhnovistas, a los insurgentes de Kronstadt, los insectos dañinos, las pulgas 6 ) por el triunfo del Comité Central del PC y sus familiares y a espaldas de los trabajadores de a pie en la URSS. Un ejemplo, además, conocidísimo entre los cenetistas Lo hemos dicho en todos los lugares. Lo dijimos también en el pleno regional de sindicatos de Caspe: hemos de tener en cuenta, de no olvidar, lo que ocurrió en Rusia a nuestros camaradas anarquistas de allí 7

¿Una interpretación errónea, malintencionada? Veamos: Un Militante político, religioso o autoritario, puede hacer lo contrario de lo que predica […] El Anarquismo […] no puede albergar en su seno sino a hombres que tengan madera de apóstoles, mártires y héroes (p. 11).

Veo dos contradicciones. La primera es creer que un militante de otro cuño que el anarquista comete actos en contradicción con su doctrina, es inexacto o son adaptaciones, contubernios provisionales, para lograr ventajas para su colectivo, o son “errores humanos” que la oración o la autocritica pueden expiar (cuando son jerarcas importantes).

La segunda contradicción es definir a los anarquistas con la grandiosidad y la superioridad de los grupos autoritarios: el santo que impone la fe a los paganos, el comisario político que ejecuta a machamartillo las ordenes del BP del CC del PC. Fermín Salvochea, Anselmo Lorenzo, Salvador Seguí, Buenaventura Durruti, Cipriano Mera (para tomar caracteres muy distintos) tienen en común la comprensión de la explotación de los más avasallados y la lucha con ellos en plan de igualdad de riesgos. Por eso fueron y son mascarones de proa. Es una diferencia total con el verticalismo de derecha o izquierda.

Dijimos hace algún tiempo, y lo repetimos hoy, que de entre todas las instituciones nacidas al calor de la Revolución Ibérica, es la Escuela de Militantes -aunque por desgracia desconocida de muchos trabajadores- la que mejor ha probado ya, en su corta existencia, el sentido constructivo y creador de la CNT y de la FAI (p. 12).

Más allá de una exageración de mal gusto, veo la visión inquietante de que la organización confederal es superior a los intentos de los asalariados de abatir el capitalismo y preparar otro futuro. Pero otra voz emerge de pasada, sin insistir, para destacar que sin esa misma fuerza ingente de nuestros Sindicatos y grupos […] tampoco hubiésemos construido, sobre las bases solidas anheladas, la vida social, política y económica que ha causado la admiración del mundo (p. 16). Pero no hay ningún comentario sobre estos afiliados y no afiliados en parte analfabetos que hicieron una obra admirable… sin Escuela de Militantes.

Se nos dice que Manuel Buenacasa redactó breves definiciones […] y no pocas de las sugerencias que se hacen (p. 19), y efectivamente se va a comprobar. Es una pena que casi nada de las treinta lecciones de sesudos militantes aparezca en el Manual 8 .

El capítulo I El hombre organizador y el VI sobre Asambleas, Plenos y Congresos, son los más interesantes, porque ambos responden a apuntes reales que reflejan la vida confederal, con sabrosos ejemplos. Y los voy a tomar como principal aporte.

El camarada que quiera servir con provecho a la organización obrera y libertaria, ha de reunir, entre otras, las siguientes condiciones y cualidades: en primer término, ha de ser un verdadero autodidacta, un disciplinado por sí mismo; debe conocer los problemas que pretende tratar y resolver; ha de ser puntual para asistir a cuantos lugares se le reclame; debe observar la mejor conducta en el trato con sus semejantes, y más cuanto menos ilustrados sean estos; debe estudiar y conocer los ambientes en que ha de desarrollar y desenvolver su labor, para lo cual es condición precisa que nuestro hombre sea un psicólogo. Y sobre todo, ha de poseer la gran virtud de la tenacidad, poniendo a su servicio el talento y la voluntad, los frutos del cerebro y los nobles sentimientos del corazón […] Sin la pasión y el entusiasmo del hombre iniciador, propagandista u organizador, cuya simpatía atraiga el afecto de sus semejantes, no hay labor de proselitismo posible. El prosélito se logra, tanto por la atracción sentimental, como por la del convencimiento de que puede hacer gala el proselitista (pp. 28-29).

¡Magnifica evocación tan actual y tan opuesta a un culto servil de una organización sea la que fuere (como pretende ser este Manual) puesto que de ir a la emancipación humana se trata!

Si el antagonista es nada más que un judío 9 , no por eso hay que desesperar. No hay que despreciarlo. Si se logra que se fije en nosotros y que nos guarde respeto, se ha conseguido mucho. No siempre interesa volcarse del todo, ni decir al primer desconocido que encontremos cuáles son nuestras ideas. Conviene saber antes con quién tratamos y en qué disposición de ánimo está el sujeto y si es o no susceptible de simpatizar. […]

Muchos idealistas, por no conocer bien la misión que les compete, como tales y militantes, sufren no pocas decepciones. Un vegetariano que machaca exclusivamente su tema ante personas enamoradas de la alimentación carnívora, fracasará estrepitosamente. Al anarquista puede ocurrirle otro tanto, si sus oyentes no están preparados para recibir los efluvios del ideal. (pp. 29-30).

Creed que obrando así, a la corta o a la larga, habréis conquistado un prosélito. […] Largos años de labor paciente –individual- en las épocas duras y difíciles, rindieron sus frutos (p. 31).

La parte sobre el orador tampoco tiene desperdicio: ¡El alma! Si el orador no tiene alma, nunca será orador.

Hay quienes ejercen la función de la oratoria sin merecerlo. Se presentan ante el público, y con dos lugares comunes y otros tantos latiguillos aprendidos sobre la marcha, quedan bien, como vulgarmente se dice. Y la cuestión es otra: no basta quedar bien, sino que hay que hacerlo bien, aunque no se agrade tanto a la masa. El caso es hacerse comprender exactamente (pp. 32-33).

Y propone el autor del capítulo que un psicólogo ayude al orador para que pierda el temor a intervenir y que adquiera la técnica oratoria, como la síntesis. El mejor discurso es siempre el más breve y el más sencillo (p. 35). Quince minutos en un mitin, treinta y cinco o cuarenta para una conferencia son las duraciones propuestas para no aburrir al público. Y termina con astucia y buena psicología el autor (Manuel Buenacasa) diciendo que el organizador y el escritor son más útiles que el orador porque en la organización todos sus miembros pueden ser útiles (p. 38).

El capítulo VI Asambleas, Plenos y Congresos. Su constitución. Normas orgánicas es una joya al oponer la obra persistente y silenciosa de los camaradas organizadores a los parlanchines y sabihondos y por la precisión de sus consejos. Mi único reproche es que el compañero se dejó en el tintero lo que se refiere a la asamblea (ver el comentario del capítulo II).

Interesante es la diferenciación entre un Pleno (delegados que resuelven problemas urgentes) y un Congreso (que representa la voluntad del bloque total de la organización desde la base, p. 101). Y lo mejor aparece como si se hubiera escrito hoy: La misión encomendada a quien haya de presidir una reunión de hombres -llenos de pasiones y defectos- es ardua, ingrata y difícil. Sobre todo en los Congresos de trabajadores. ¡Qué pocos camaradas son capaces de comprender eso! ¡Y cuan pocos, también, lo que aprovechan para presidir, con dignidad, una Asamblea de tal naturaleza!

Conviene remarcar igualmente otra anomalía, muy frecuente en los medios obreros y libertarios, y es ésta: “Que la mayoría de nosotros somos ingobernables, en el sentido puro y anárquico de la palabra” […] Vamos a dar consejos al compañero presidente; o, mejor dicho, vamos a opinar sobre lo que un presidente debe ser y hacer. El presidente de una Asamblea ha de ser, ante todo -ya lo hemos dicho anteriormente 10 -, un psicólogo. Ha de conocer, por tanto, el sujeto a quien preside, a todos los sujetos, y saber de lo que estos son capaces. (pp. 106-107).

Dando el ejemplo de José María Martínez de Asturias, apunta Manuel Buenacasa que éste conocía a casi todos los delegados de un comicio. Y obraba en consecuencia. Obrar en consecuencia para él consistía en no dejar pronunciar discursos a quien no fuese capaz de pronunciarlos debidamente. Para ello, fingía olvidarse de que tal persona tenía derecho a la palabra y cuando el individuo protestaba le espetaba Compañero; el camarada que por equivocación habló antes de ti, lo hizo muy bien, y además creo que interpretó exactamente tu propio pensamiento y el de todos. ¿Lo entiende así el Congreso? Un sí atronador fue la respuesta. […] ¿cree el camarada que debe hablar? –No. (pp. 108-109).

Evidente es que supone un gran complicidad general que sólo se adquiere en años de convivencia, siendo el presidente parco en sus intervenciones y atinado en todas ellas. Si es amable, justo y respetuoso, se hará respetar. No menos sutil es la actitud de cara a delegados que pertenecen al dominio clínico (p. 109).

El problema que surge es que tal tipo de presidente viene a ser un especialista, lo que no nos interesa como libertario. Por tanto, Manuel Buenacasa habría podido incluir una formación de presidente con los aportes que nos da, y es de esperar que varios sindicatos hoy por hoy recojan el desafío.

Vuelvo al orden de los capítulos. Un mismo titular enumera grupo de afinidad, seccion de oficio, sindicato de oficios varios, constitución, delegados, juntas y comités (o sea el contenido de cinco lecciones evocadas en la página 23), lo que da un capítulo II superficial.

Para el grupo de afinidad, ninguna alusión a los problemas negativos de simpatías, competencias, celos, y positivos de solidaridad hasta la muerte, extendida a los familiares de la persona desaparecida.

Tampoco se nota en el Manual el deber de ayuda y dedicación a los presos y a sus familias, a los compañeros accidentados o a los prójimos de los afiliados fallecidos, gestos y actitudes humanas que fueron una constancia de la CNT. Menos aún se alude que la financiación de un grupo pueda ser otra que los medios económicos aportados exclusivamente por sus componentes (p. 42). Un problema que Pestaña y Peiró habían planteado en sus escritos en los 1920, con rechazos que no lo eran tanto en el día a día sindical, cuando la autodefensa estaba en juego.

Para la asamblea, choca la ausencia a cualquier referencia a detalles que tendrían que estar en capítulo VI como su finalidad (la elección de delegados, el control riguroso de los mismos y la eventual revocación) y su práctica (duración, tiempo impartido a cada uno, papel del moderador, etc.). La gimnasia sindical del sindicato único de trabajadores ni siquiera plantea la solidaridad laboral y revolucionaria (p. 48).

El capítulo III es un parafraseo de un listado del Congreso Regional de Sindicatos de Cataluña de marzo de 1937 (que prescinde de las interesantes discrepancias que hubo allí).

El capítulo IV aborda los órganos relacionadores de los Sindicatos de Ramo e Industria, con mucho más esmero que en él sobre los grupos y secciones. Es simpático el papel dado al bibliotecario y al delegado de propaganda (con tareas casi competitivas con las del secretario general, ver p. 76).

El capitulo V Prácticas legalistas sobre derechos de asociación… es útil para adaptarlo a la actualidad y para cerciorarse de las trabas que impuso la España republicana a la vida confederal.

El capítulo VII (que sigue al que vimos sobre Plenos y Congresos) se dedica únicamente a la Propaganda.

El peligro es que la persona que trata el tema lo conoce tanto que cae en la ilusoria panacea de su obsesión: Los comerciantes […] nos han enseñado, acerca de la manera de hacer la propaganda, muchas y muy interesantes cosas. Hemos, pues, de procurar no solamente imitarlos, sino superarlos. El organismo que mejor sepa organizar y desarrollar su propaganda, será el que mayores éxitos llegará a obtener (p. 118). El error está en que queremos que los ciudadanos se emancipen de la propaganda, es nuestro “target”, una mente crítica en un cuerpo que se resiste a manipulaciones.

Me parecen increíbles y nauseabundas (pero muy lógicas cuando se tiene una pata en el engranaje verticalista) las afirmaciones a continuaciones.

Las discrepancias en orden a la doctrina y a los hechos son muy respetables, pero no deben manifestarse sin la aquiescencia de los organismos responsables. Enemigos del centralismo, entendemos que tampoco las indisciplinas son aceptables, en cuanto causen o pueden causar daño a los intereses generales de nuestro movimiento. Las autonomías de las secciones locales y regionales pueden ser respetadas en cuanto a diferencias interpretativas sobre las opiniones de la Central, pero no pueden ser combatidas directrices que, impuestas por la necesidad o circunstancias especiales, dimanen del organismo más responsable: el Comité Nacional (pp. 120-121).

La Oficina regional [de Propaganda] ha de poder ejercitar su control absoluto sobre todos los oradores y todas las publicaciones de la región confederal y específica. Es decir que cualquier persona o publicación responsable que no se atenga estrictamente a las directrices generales de las organizaciones, las desobedezca, denigre o deje en mal lugar, deben ser radiadas, suspendidas o desautorizadas públicamente por la Oficina, previo acuerdo con los Comités superiores responsables (p. 123).

El verticalismo se expresaba sin tapujo como lo hacía el secretario nacional de CNT Mariano R. Vázquez tildando de “ilegal” un pleno de delegados de columnas y milicias confederales en febrero de 1937 11 . Y el mismo Vázquez se mostraba incapaz de prometer nada en concreto en el ámbito militar. El Comité nacional conculcaba todo el esquema del Comunismo Libertario, las enseñanzas de Bakunin y Kropotkin, para reproducir la jerarquía todopoderosa y su vana ilusión de directivas eficientes y finalidades certeras.

Se ha repetido hasta el cansancio que la militancia confederal de base no reaccionó. Es absurdo: El Comité Nacional y los Comités Regionales están pensando en una forma que estrangula la revolución y esto no debe ocultarse a los combatientes. Aceptamos lo que podemos decir “AUDACIA” y admitir la militarización, pero protestamos de que la Organización nos haga tragar una cosa porque un ministro lo quiera, y claramente lo diré: a mí no me interesa la Organización en este plan. Esto lo digo como Mera 12 . Y mayo de 1937 en Barcelona, el golpe de Casado 13 aprobado en Madrid por todos los partidos republicanos, con la agravante de la creación de un Comité Nacional de CNT y un Comité Peninsular de la FAI en España opuestos a los que se habían refugiado en Francia, la persistencia de los empresas autogestionadas en no responder (tanto en CNT como en UGT) las encuestas económicas responden a una desconfianza generalizada en el verticalismo y a la necesidad de afianzarse en lo local, lo horizontal.

El capítulo VII y último termina con temas apasionantes El Municipio. La Colectividad de Productores. La cultura. Ya es un alarde el que la cultura esté a la par con la producción en la base.

Si las ideas motrices de la Revolución española no degeneran, España tendrá Municipios de verdad (p. 141). El sentido común y la duda del militante que puede ser Manuel Buenacasa contradicen (otra vez) el Manual y su hincapié en la Propaganda unilateral del Comité Nacional. Las referencias propuestas responden al estado político de la zona republicana.

Si el Gobierno las (colectividades) hubiera ayudado y estimulado, en vez de perseguirlas y en muchos casos destruirlas 14 , la guerra contra el fascismo la hubiera ganado el pueblo en pocos meses. Podríamos aportar pruebas irrebatibles a favor de nuestro aserto 15 (p. 145). Siguen tres bellas páginas a favor del cooperativismo para preparar a la revolución (otro signo negativo sobre la España republicana), de dudosa aplicación con la crisis actual. La parte de “El pueblo y la cultura” muestra la perversión por el lucro de la cultura en el régimen capitalista y la cultura necesaria para el hombre como el pan, el aire y el sol, así como de la bondad, rectitud de intenciones, sentido humano, honradez […] de muchos campesinos y obreros iletrados (p. 150). Sigue el objetivo de crear escuelas con sus métodos de pedagogía, por doquier. Para estimular la acción de los trabajadores.

“Unas palabras finales”, por cierto del mismo Manuel Buenacasa, con letras de lágrimas y de sangre (a mi parecer) borran todos los conceptos verticalistas impresos en las páginas precedentes:

Si este Manual hubiese sido escrito y editado hace un año, hoy no tendría utilidad. Por otra parte; tampoco se nos hubiese ocurrido redactarlo, pues que no valía la pena, porque no hacía falta entonces. Numerosas zonas de la España antifascista vivían en pleno Comunismo Libertario; en armonía los hombres. […]

Pero el Mundo que nos miró atónito no supo comprendernos. […] El dilema se nos ha planteado de la siguiente forma: ¡O España transige o España perece! Y, naturalmente, con gran dolor de nuestro corazón, transigimos, y, por lo tanto, regresamos, no diremos a los viejos sistemas del viejo estado español, pero sí al Estado. […]

¿Comprenden ahora, nuestros camaradas y lectores todos; por qué este Manual es como es? Todo él está, simple y dolorosamente, inspirado en el cumplimiento de los deberes legales y constitucionales. […] porque nuestro destino –y eso bien lo sabes tú- es muy otro. Y hacia ese destino, que Libertad se llama, van unidas nuestras almas, nuestros anhelos y nuestra historia. Ya sabes. (pp. 155-159). Aquellas palabras devuelven al texto su mensaje libertario y confederal, a pesar de los pesares.

Frank Mintz

Descargar Manual del Militante (1937) [PDF]

Notas:

[1] Era endémico en España el analfabetismo espiritual […] La mejor voluntad no puede suplir el analfabetismo, en muchas ocasiones (pp. 9-10).

[2] Díaz del Moral, Historia de las agitaciones campesinas andaluzas – Córdoba (antecedentes para una reforma agraria) (texto de 1923, editado en 1928, a causa de la dictadura de Primo de Rivera).

[3] Ver Mintz Autogestión y anarcosindicalismo Cuando los empleados de Telefónica en toda España se declararon en huelga, el sindicato de campesinos de Ronda decidió apoyarlos y sus militantes cortaron gran parte de los postes telegráficos de la región. Eran afiliados, analfabetos en su mayoría, pero tenían una visión política clara y eficaz. Mucha gente muy culta, desde el criterio de la cultura burguesa y oficial, carecía de esta conciencia práctica (p. 37). Lo que llamamos buen sentido, rapidez de visión, capacidad de intuición, iniciativa y originalidad, no se compran ni se venden en las universidades, y las poseen lo mismo intelectuales que analfabetos (Isaac Puente, El comunismo Libertario, p. 148). Fui miembro de la colectividad de Madrid. Éramos unos mil: la mitad éramos hombres, muchos analfabetos, puesto que había numerosos inválidos de la guerra y viejos. Y, sin embargo, se realizó una labor admirable (Manuel Armario, p. 185).

[4] Mintz o. c., pp. 23-27.

[5] Folleto completo en http://www.fondation-besnard.org/article.php3?id_article=667

[6] […] la consecución del fin común y único: el de limpiar el suelo de Rusia de todos los insectos nocivos, pulgas (pillos), chinches (ricos), etc., etc. en un lugar se encarcelará a una docena de ricos, a una docena de pillos, a media docena de obreros que huyen del trabajo [Lenin no se pregunta el por qué actuaban así determinados obreros] (del mismo modo desvergonzado como lo hacen en Petrogrado numerosos tipógrafos, sobre todo en las imprentas del partido [Inquietante para Lenin que la élite de los trabajadores que son los tipógrafos, como fueron Anselmo Lorenzo uno de los artífices de la creación del movimiento anarcosindicalista y Pablo Iglesias creador del PSOE, estuvieran en contra de él]). En otro, se les obligará a limpiar las letrinas; en un tercero, se les dará, al salir de la cárcel, carnets amarillos [¡exquisita manera de reinsertar y qué buena elección de color!] para que todo el pueblo los vigile como seres nocivos, mientras no se enmienden. En otro, se fusilará en el acto a un parásito de cada diez. (Lenin ¿Cómo debe organizarse la emulación?, 25/28 de diciembre de 1917; http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/24-xii-1917.htm).

[7] Julián Floristán, Valderrobres -Teruel- 6 de septiembre de 1936, publicado en Solidaridad Obrera, 9 de septiembre de 1936, pág. 3.

[8] Aparecen los autores de cada parte y son todos militantes curtidos en las peleas sociales y sindicales (pp. 23-26) y pertenecen a todos los sectores del arco práctico y ideológico del momento, desde los más politizados Mariano Vázquez y Agustín Souchy hasta los muy críticos (José Peirats).

[9] Dada la etnia aludida y la época, el adjetivo es lamentable, una muestra más que los prejuicios impuestos por los explotadores son muy difíciles de erradicar.

[10] O sea que tenemos a la misma persona que redactó parte del capítulo I que por tanto seria Manuel Buenacasa.

[11] Reproducido en http://www.fondation-besnard.org/article.php3?id_article=428

[12] Pleno de Comunas… o. c.

[13] Sin el conocimiento del ministro de CNT en el Gobierno de Negrín.

[14] Evidente alusión a la División de Líster en Aragón en agosto de 1937.

[15] Es preciso agradecer al corrector (buen cenetista) no haber modificado nada del estilo de Buenacasa.

Fuente: http://www.memorialibertaria.org/valladolid/spip.php?article174
Tags: historiaguerra civilmanualCNTCataluña1937
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