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Errico Malatesta: La nueva Internacional Obrera (1902)

Al castellano: rebeldealegre. Traducido desde “La nuova Internazionale dei Lavoratori”, La Rivoluzione Sociale(Londres), no. 4 (5 de noviembre de 1902). 

El grandioso movimiento obrero que emerge en todo el mundo civilizado y la cada vez más aparente necesidad de solidaridad entre los trabajadores de todos los países para pararse frente a la progresiva internacionalización del capitalismo tuvo que plantar inevitablemente y ha plantado en las cabezas de muchos la idea de establecer una nueva Asociación Internacional de los Trabajadores. Y las federaciones internacionales establecidas entre obreros de ciertas ramas, como los mineros del carbón y los trabajadores del transporte, están ya embarcados en dirección a un sindicato general de todos los trabajadores conscientes de sus intereses de clase. 

Podría no ser inútil en este momento recordarnos de las lecciones de la experiencia pasada, escudriñando cuál era la misión de la antigua Internacional y las razones que llevaron a su deceso. 

La vida de la renombrada Asociación Internacional de los Trabajadores fue corta pero gloriosa. Nacida en un tiempo similar al presente, un tiempo de despertar obrero, murió rápidamente y logró genuinamente sacudir al mundo. Alejó a los obreros de los partidos burgueses y les dotó de una consciencia de clase, un programa propio y una política propia; abordó y debatió todos los asuntos sociales más esenciales e ideó a cabalidad el socialismo moderno, aquel que ciertos escritores luego reclamaron como producto de sus propias cabezas; puso a temblar a los poderosos, elevó las ardientes esperanzas de los oprimidos, inspiró sacrificios y heroísmo… y justo cuando más parecía destinada a dar muerte a la sociedad capitalista, se desintegró y pereció. 

¿Por qué? 

La ruptura de la Internacional se atribuye convencionalmente ya sea a la persecución o a las fricciones personales emergidas entre sus filas, o a su modo de organización, o a todas las anteriores. 

Yo creo otra cosa. 

La persecución hubiese sido impotente de romper la Asociación y a menudo fomentó su popularidad y crecimiento. 

Las fricciones personales eran en realidad de preocupación secundaria y, mientras el movimiento fue vibrante, tendían más bien a impulsar a las diversas facciones y a las personalidades más prominentes a la acción. 

Su modo de organización, habiéndose tornado centralista y autoritaria gracias a la obra del Concilio General en Londres y especialmente de Karl Marx quien fuera su fuerza motriz, resultó de hecho en la división de la Internacional en dos ramas; pero la rama federalista, anarquista, que incluía a las federaciones de España, Italia, la Suiza francófona, Bélgica, la del sur de Francia, y otras secciones individuales de otros países, no sobrevivió por mucho a la rama autoritaria. Se argumentará que incluso dentro de la rama anarquista perduró la plaga autoritaria y que, ahí también, unos cuantos individuos podían hacer y deshacer en nombre de las masas que pasivamente les seguían. Y eso es verdad. Pero se ha de notar que en aquella instancia, el autoritarismo no era intencional y no derivaba del formato organizativo ni de los principios que le informaban, sino que fue la consecuencia natural y lógica del fenómeno al cual yo atribuyo principalmente la ruptura de la Asociación y que ahora describiré. 

Al interior de la Internacional, fundada como una federación de sociedades de resistencia para proveer de una base más amplia a la lucha económica contra el capitalismo, emergieron muy rápido dos escuelas de pensamiento, una autoritaria y la otra libertaria; éstas dividieron a la Internacional en dos facciones hostiles, que, al menos en sus alas extremas, fueron asociadas a los nombres de Marx y Bakunin. 

Un grupo estaba por hacer de la Asociación un cuerpo disciplinado bajo el mando de un Comité Central, mientras los otros querían un federación libre de grupos autónomos; un grupo estaba por alinear a las masas para hacer el bien por la fuerza, de acuerdo a la vieja supersitición autoritaria, mientras los otros estaban por levantarlos y hacer que se liberasen a sí mismos. Pero la inspiración detrás de ambas facciones tenía un rasgo característico en común, y es, que cada lado transmitió sus pensamientos al conjunto de la membresía creyendo haberles convertido cuando en realidad sólo habían logrado su bastante irreflexivo apoyo. 

Así vimos a la Internacional volviéndose rápidamente mutualista, colectivista, comunista, revolucionaria, y anarquista, a una velocidad de desarrollo documentada en los procedimientos de sus congresos y en la prensa escrita, pero que simplemente no podría haber sido el reflejo de alguna evolución real y simultánea en la vasta mayoría de los miembros. 

Dado que no había agencias separadas para la lucha económica y para la lucha política e ideológica, y que todo Internacionalista realizó todo su actividad de pensamiento y lucha al interior de la Internacional, el resultado inevitable sería que o bien los individuos más avanzados tuviesen que bajarse y quedarse al nivel de la lenta y retrasada masa o, como ocurrió, adelantarse y proceder por las suyas con la ilusión de que las masas les comprendían y les seguían. 

Estos elementos más avanzados reflexionaron, debatieron, descubrieron las necesidades de la gente; enmarcaron las vagas intuiciones de las masas en programas concretos; afirmaron el socialismo; afirmaron la anarquía; presagiaron y se prepararon para el futuro — pero mataron la Asociación: la espada había desgastado a la vaina. 

No digo que esto haya sido malo. Si hubiese permanecido la Internacional como una llana federación para la resistencia y no hubiese sido sacudida por la tormenta de ideas y de pasiones sesgadas, pudo haber sobrevivido como lo han hecho las Trade Unions inglesas: como cosas inútiles y tal vez dañinas para la causa de la emancipación humana. Fue para mejor que haya muerto y lanzado sus semillas a los vientos. 

Pero sostengo que hoy la Internacional de la vieja escuela no puede y no debe recomponerse. Hoy hay prósperos movimientos socialistas y anarquistas; la ilusión y el error que sustentaron a la antigua Internacional no son ya posibles hoy. 

Los factores que finalmente mataron a la antigua Internacional — vale decir, las fricciones entre autoritarios y libertarios por un lado, y el golfo entre los pensadores y las masas semi-conscientes conducidas solamente por intereses, por el otro — probablemente amenazarían hoy al nacimiento y crecimiento de una nueva Internacional, si fuese ésta, como lo fue la primera, simultáneamente una sociedad para la resistencia económica, un taller de ideas, y una asociación revolucionaria. 

La nueva Internacional puede servir solamente como una asociación diseñada para reunir a todos los trabajadores (lo que quiere decir, a tantos como pueda), sin consideración por su perspectiva, social, política, o religiosa, en la lucha contra el capitalismo. Por ende, no debe ser ni individualista, ni colectivista, ni comunista; no debe ser ni monarquista ni republicana, ni anarquista; y no debe ser ni religiosa ni anti-religiosa. Debe tener un sólo pensamiento compartido como condición para su admisión: la voluntad por combatir a los patrones. 

La aversión a los patrones es el comienzo de la salvación. 

Si más adelante, ilustrados por la propaganda, educados por la lucha en la identificación de las causas de sus infortunios y en la búsqueda de remedios radicales, y alentados por el ejemplo de los partidos revolucionarios, el grueso de la membresía fuese a volcarse a afirmaciones socialistas, anarquistas, y anti-religiosas, mucho mejor, puesto que el progreso entonces sería real en vez de ilusorio. 

Por supuesto, no es que yo no quisiera ver que la nueva Asociación Internacional de los Trabajadores fuese socialista y anarquista; es solamente que quisiera que lo fuera genuinamente. 

Y para que eso sea una posibilidad, necesita ocurrir libre y gradualmente, a medida que las consciencias se expandan y la comprensión se extienda. 

UN VIEJO INTERNACIONALISTA

Fuente: http://rebeldealegre.blogspot.com.es/2017/05/errico-malatesta-la-nueva-internacional.html

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