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Kati Horna, el arte como herramienta para el cambio social

La mirada de Kati Horna. Guerra y Revolución. 1936-1939

Entre los días 1 y 15 de julio se exponen, en el Centro Municipal de las Artes de Alicante, una selección de las fotografías que Kati Horna, fotógrafa anarquista húngara, tomó en distintos lugares del Estado español durante los años 1937-1939, imágenes que reflejan la cotidianidad de un pueblo que lucha una guerra mientras construye un mundo nuevo.

La CGT de Alicante, organizadora de la exposición, pretende con esta exposición recuperar la figura de una de las fotógrafas más influyentes del siglo XX, a la vez que intentamos recuperamos parte de la Memoria que los años de fascismo y democracia pretenden escamotear a las trabajadoras y trabajadores.

Cuando estalla la sublevación fascista que provoca la Guerra Civil Española, hacía pocos años que se estaba viviendo en toda Europa el auge del fotoperiodismo. Las revistas ya no ilustran sus artículos con dibujos o grabados, sino con fotografías. Este fue el primer conflicto bélico que atrajo una gran cobertura mediática. Gran cantidad de periodistas de diarios y revistas extranjeras acuden para cubrir los hechos y, con ello, las y los fotógrafos que debían conseguir las imágenes que acompañarían a los textos.

Una de las fotógrafas que retratan la Guerra y la Revolución española es Kati Horna, que llega en 1937, llamada por la CNT, para realizar un álbum de fotografías sobre el movimiento libertario.

Nacida en Hungría en 1912 en una familia judía acomodada e implicada desde muy joven en política, se mueve en el ambiente artístico e intelectual del Budapest de los años 20-30, fuertemente influido por intelectuales como  Lajos Kassák, en torno a quien se forma un grupo de artistas y activistas que creían en el papel del arte como instrumento de transformación social, dando a la fotografía una especial importancia, ya que al reflejar la realidad se podía utilizar como denuncia y, a la vez, ser consideraba una expresión artística. Además de Kati Horna, participan en el grupo Endre Friedmann (Robert Capa) y Emerico Weisz (Chiki), amigos con los irá coincidiendo en distintos lugares a lo largo de su vida.

En 1930 viaja a Berlín, ciudad de gran efervescencia cultural en aquel momento, donde trabaja para mantenerse como obrera en una fábrica de pirotecnia, mientra sigue formándose como fotógrafa y se relaciona con la Escuela de Arquitectura y Diseño Bauhaus y con el dramaturgo Bertolt Brecht y sus círculos antifascistas.

Tras el ascenso al poder de los nazis, asiste en mayo de 1933 a la quema pública de libros y decide volver a Budapest.

Su estancia en su ciudad natal fue breve y a los pocos meses decide marcharse a París, donde encuentra trabajo en la Agence Photo. Sus primeros reportajes fotográficos serían para esta agencia: «El Mercado de las pulgas» y «Los cafés de París».

Son también de este momento las series de historietas gráficas que realiza junto al dibujante alemán Wolfgang Burger, discípulo de Max Ernst, en las que los protagonistas son huevos pintados y con alambres por extremidades, como la llamada Hitlerei, en la que un huevo caracterizado de Hitler da un discurso desde una huevera hasta caer al suelo y aplastarse. De clara influencia surrealista, estos trabajos marcan una tendencia creativa que retomará años más tarde en México.

En 1937 fue llamada por la CNT para realizar un álbum de fotografías sobre la Guerra Civil. Kati Horna acude para aportar su trabajo en la lucha contra el fascismo.

Desde 1937 hasta 1939 viaja por la zona republicana documentando la realidad que encuentra: en el frente de Aragón fotografía a la recientemente militarizada División Ascaso y la salida de las últimas tropas republicanas de Teruel; en Barcelona y Madrid retrata la vida cotidiana y los efectos de los bombardeos en ambas ciudades; en Valencia colabora con la prensa libertaria y refleja la vida de las colectividades arroceras de Silla, en Alcázar de Cervantes y Vélez Rubio visita los centros de refugiados huidos de Madrid y de Málaga para documentar con las imágenes que toma un artículo de Lucía Sánchez Saornil que se publicará en la revista Umbral en 1937, bajo el título: «La maternidad bajo el signo de la Revolución».

Al contrario que los otros fotógrafos que acuden a España en ese momento, las fotografías de Kati Horna no reflejan escenas de acción, de violencia o batallas. Sus imágenes presentan escenas de la vida cotidiana. Sus fotos son sobre niños solos, ancianos, madres que amamantan a sus hijos, soldados que descansan o escriben en la retaguardia... Son fotos tomadas con el consentimiento de los retratados, con encuadres que se alejan de la frontalidad, donde lo importante no es la narración de lo que ocurre si no el sentimiento que transmiten.

Es por esto que sus imágenes no obtuvieron la difusión que tuvieron las de otros fotógrafos, como las de su amigo Robert Capa, con el que coincide en España. Tampoco era su intención, siempre se definió como una obrera de la fotografía, una obrera del arte. Trabajó solo para la prensa anarquista, cumpliendo el compromiso que tenía con esta causa y que mantuvo hasta el final de su vida.

En 1938 conoce en la redacción de la revista Umbral a José Horna, un artista, pintor y escultor libertario con el que se casa.

En 1939, el matrimonio decide dejar España y huir a Francia, donde José Horna es  internado en un campo de concentración, cuando sale deciden aceptan la invitación del presidente mexicano, Lázaro Cárdenas,  a los republicanos españoles y parten hacia México.

Del trabajo realizado por Kati Horna en España solo logra salvar 270 negativos que consiguió llevarse a Francia y después a México para donarlos en 1979 al Ministerio de Cultura español.

En México, de donde la pareja ya no se moverá hasta su muerte, se asientan en la Colonia Roma, rodeándose de un grupo de amigos y amigas intelectuales y artistas. Kati empieza a trabajar para revistas de Ciudad de México y desde 1958 complementa su actividad como fotorreportera con la enseñanza de la fotografía, así dará clases en la Escuela de Diseño de la Universidad Iberoamericana, en La Escuela de Diseño y Artesanía y, finalmente en el taller de fotografía de la Antigua Academia de San Carlos.

Kati Horna muere en el año 2000 en Ciudad de México, confiando su legado a su hija y a su familia. No había salido de territorio mexicano en sesenta años.

«Obrera de la fotografía, obrera del arte, es como siempre se definió. No quiso utilizar su obra para obtener prestigio y fama. No quiso grandes exposiciones, ni homenajes, ni aparecer en los medios de comunicación. Son muy escasas las entrevistas que le hicieron. Su producción artística es el resultado del trabajo de una obrera con un compromiso ético, adquirido en su juventud y mantenido durante todas las circunstancias de su vida; la utilidad del arte como herramienta para el cambio social. Además, su personalidad enérgica, vital e inteligente hacen que esta artista sea una de las más carismáticas e influyentes en la fotografía del siglo XX» (1).

(1).- L.H. C. Kati Horna, obrera de la fotografía. 2016

Chemi

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