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Inopia en cadenas y tortura

Cadenas 

Las cadenas crecen

como yedras de metal

con sus eslabones dementes.

 

Las cadenas se enredan

en los cuerpos rebeldes

aprisionándolos como grandes sierpes.

 

El entrecejo de un chico

se acostumbra a la inopia

de alguien que está harto de padecer

y se acostumbra al no sentir,

al no apasionarse más

por lo que a momentos

considera pueril.

 

Las cadenas aprietan fuerte

encantadoras mentes

que desprecia a malas gentes.

 

Las cadenas se apuran

a agarrar tobillos y cuellos

para volver la esclavitud presente.

 

¡Descalabrado pánfilo!

Que se le olvidó ser él

y también otro,

que en sueños de loco

y visiones de ensimismado

vio un horizonte lejos pero hermoso...

 

… Y arrancado un grito,

gritando: ¡yo no soy siervo!

¡gobierno asqueroso!...

 

… Y arrancado un lamento

¡dónde está el amor

mundo herido y cavernoso!

 

En la pobreza de ese chico,

también se cuelan

siseando y arrastrando

sus cuerpos “cliqueantes”

esas cadenas,

por los rotos de sus sudaderas recalcitrantes.

Mil antorchas

En una de las mil salas de una caverna oscura y profunda, escondida entre malezas de uno de los bosques más bellos e inhóspitos de mi interior, una poderosa luz fogosa se expande por los corredores conectados a la cueva.

El crepitar de las llamas rompe con el silencio del santuario presidido en su centro por una gran hoguera de más de quince metros de altura, habiendo a su alrededor y colgadas en las paredes, cientos y cientos de antorchas que oscilan tranquilamente agitando sus llamas y esparciendo su luz a todos los rincones en sombras.

En este rincón, se encuentran atesorados los mil amores que se han cruzado hasta ahora en mi vida, cada uno de esos fueguitos representa a cada una de las sonrisas, a cada unos de esos gestos, a cada uno de esos momentos, por los cuales mi vida y la lucha que yo he contraído en ella, merecen la pena. La hoguera del centro representa a esa revolución eternamente paria, eternamente libertaria.

Un día juré que esa hoguera nunca se iba a apagar y que en mi interior ardería hasta la hora de mi muerte alimentada y guardada por esas otras mil antorchas encendidas, por esas otras mil sonrisas, por esos otros mil buenos gestos, por esos otros mil momentos.

Ahora quisiera que las estrellas la vieran, que vieran todas y cada una de esas mil lucecitas encendidas dentro de la cueva, en ese bello bosque dentro de mí y me digan; me ayuden a tomar una decisión, la de reafirmar que todas ellas merecen la pena, la de que por todas ellas merece luchar un día más.

Hoy la hoguera de la revolución sigue ardiendo en mi interior y aún nadie nunca, ha podido apagar.

 

1984

En una sociedad de derechos, el derecho más inmutable debería ser el de la libertad, pero la casualidad es que este derecho solo lo pueden convocar los valedores de lo que hoy es un privilegio. Porque en esta sociedad existen dos razas de personas: las que tienen privilegios y las que no.

En lo que llevo de vida (y hablo de mi vida simplemente porque es la que más conozco), las personas de más bajo status social son aquellas que menos derechos tienen, son aquellas tachadas de gente peligrosa, son aquellas que al ejercer la labor de vivir son negadas hasta en la confianza.

En el laborioso fruto de la vida los seres vivos, en los seres vivos, es innegable el libre alberdrio, pero parece ser que en esta sociedad postmoderna como en la mayoría de sociedades anteriores, este derecho no existe; o bueno, existe para el patriarca, existe para el burgués, existe para el diputado y nunca para nadie por debajo de esos términos.

Por eso: lxs nadie, lxs sin tierra, lxs sin amo, debemos levantarnos una y otra vez contra lo que no es nada más que el opresor. Por eso nuestra rebeldía ha de prevalecer allá en el infinito. Por eso nuestra victoria es omnipotente y omnipresente, por eso no será sino es.

 

A lxs compañerxs revolucionarixs

que cumplen años el día de S. Buenaventura.

Latigazos de mariposa

Intrincados recovecos de la floresta,

entrecruzadas zarzas del bosque profundo.

 

Por allí llega una mariposa pluricolor

volando y danzando, revoloteando en el aire con tesón.

 

Vuela y se cuela en los recovecos,

¡y esquiva las zarzas colándose por los huecos!,

entrando en un rincón

encontrándose una flor.

 

Se encontró con la pasión.

 Richie punk

Tags: poemainopialibertadcadenatortura
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