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Crónica de la tercera manifestación en solidaridad con el CSOA Escárnio e Maldizer (Santiago de Compostela, sábado 10 de junio)

Tras las movilizaciones anteriores, ayer, sábado 10 de junio, el colectivo del CSOA Escárnio e Maldizer había convocado una nueva manifestación para responder a su desalojo el pasado martes 30 de mayo. La semana anterior había estado marcada por las noticias alarmistas y sensacionalistas alrededor de la movilización, resaltando su carácter ilegal y no comunicado a la Subdelegación del Gobierno, así como también por toda la manipulación de los distintos medios de prensa de mayor tirada con respecto a la actividad del centro social desalojado, inventándose numerosas mentiras con las que llenar las páginas de sus asquerosos periódicos, criminalizando todo el tejido social y el movimiento de solidaridad que se había estado creando durante esos 3 años de lucha, autogestión y actividad política y cultural antagonista y que tanto el día del desalojo como en días siguientes estuvo muy presente, de distintas formas y con distintas vías para expresar su rabia y su apoyo al Escárnio y a cualquier otro proyecto autogestionado de lucha amenazado en el Estado (por cierto, fuerza para el CSOA La Redonda de Granada también bajo amenaza de desalojo, ¡ánimo, compas!).

A pesar de esta arrolladora campaña de desprestigio y de difusión del miedo por parte de sus fabricantes de la prensa comercial, un gran número de activistas solidaries hicimos frente al miedo y nos dimos cita en la Alameda de Compostela ayer, sábado, alrededor de las 21:00, cuando las compañeras de la Batukada Feminista comenzaron su actuación, añadiendo un aire festivo al ambiente que sirvió para calmar ánimos y aliviar la tensión de algunas personas provocada por la presencia policial que rodeaba todo el parque y el mismo cielo (sus helicópteros llevaban varias horas sobrevolando), y cuya forma de proceder era, hasta ese momento, imprevisible. Fue entonces cuando, una vez formada ya la cabecera de la manifestación, la policía se acerca y dice que permitirán que la manifestación salga (a pesar de recordar por enésima vez que no se había solicitado el pertinente permiso), con una advertencia de que teníamos totalmente prohibido el acceso al Casco Viejo (por lo visto, a las autoridades y sobre todo a las élites financieras de la ciudad les preocupaba que una manifestación por la okupación en la zona vieja pudiese molestar a sus querides turistas en un sábado tan bonito).

La multitudinaria manifestación discurrió entonces desde la Alameda hacia la Plaza de Galicia, enfiló Doutor Teixeiro y recorrió sin incidentes varias calles de la zona nueva de la ciudad coreando consignas a favor de la autogestión y la okupación, contra la policía y su represión, contra el Estado, el Capital y contra los medios y sus mentiras.

Al llegar a la calle República Argentina, “se produce el milagro”. El portón metálico que da acceso al patio del antiguo colegio Peleteiro, desde hace años abandonado y ubicado ahora en otro punto de la ciudad, es abierto y se invita a les manifestantes a entrar.

Tras un rato con la puerta cerrada, a la expectativa, se vuelve a abrir para que pueda salir quien lo desee dado lo imprevisto de la acción para muchas personas, y se reduce el grupo que permanece en el interior, mientras fuera se mantienen el resto de les manifestantes en solidaridad, concentrades. Mientras, dentro se lee un comunicado y se intenta realizar una asamblea, con varies vecines asomades a la ventana del edificio de viviendas de enfrente. No obstante, no tarda en actuar la policía, que carga violentamente contra les compañeres que se encontraban fuera, dispersando a una parte por los alrededores mientras que otro grupo se sienta en el suelo para intentar resistir y cerrarle el paso a los furgones de los maderos. Es entonces cuando, sin haber recibido ataques, los maderos vuelven a cargar, disparando algunos pelotazos de goma (insisto, contra un grupo de activistas sentades en el suelo) y golpeando a diestro y siniestro, además de arrastrar por la calzada a varias personas tirándoles del pelo. En las calles aledañas, grupos de policías de paisano esperaban además con porras extensibles, golpeando a traición y como cobardes a todes les manifestantes que trataban de huír de la sangría policial.

Tras despacharse a gusto y una vez con el camino despejado por su habitual terrorismo de Estado, tras una larga incertidumbre en el interior del espacio tomado por les manifestantes, los maderos proceden a desalojar el patio del antiguo colegio Peleteiro, y su intervención no pudo ser más espectacular, al más puro estilo hollywoodiense. Supongo que, después de apalear a un grupo de personas pacíficas sentadas en el suelo, los maderos necesitaban hacer gala de su pericia, no fuese alguien a dudar de su valía.

Con uno de sus furgones antidisturbios aparcado justo delante del portón metálico que les cerraba el paso, los maderos se subieron al techo del vehículo, desde donde lanzaron dos botes de humo (algunas fuentes afirmarían luego que se trataba de gas lacrimógeno), que despidieron un gas a alta temperatura y que logró sembrar el desconcierto y el pánico que, junto a la ceguera total que causó, permitieron a los agentes ingresar al patio. Cabe indicar que en ningún momento se hizo gesto alguno que pudiese hacerles entender que se iba a resistir con la fuerza, y de hecho, las personas que okupaban el espacio gritaron varias veces que no iban a defenderse. Sin embargo, no dudaron en gasear a un montón de personas sentadas o acostadas en el suelo. Una vez dentro, los maderos retiraron rápidamente el mobiliario que barricaba la entrada y abrieron el portón, logrando ingresar y procediendo a identificar de una en una a todes les compañeres, ya que, aunque al principio se optó por resistir y negarse a salir si no era todes juntes (ante el miedo a ser apaleades una vez fuera a solas), terminaron por ceder considerando que la única alternativa planteada por los maderos era salir todes juntes pero detenides. Además, dos compañeros que se encontraban subidos a uno de los muros fueron detenidos. Ambos fueron puestos en libertad con cargos horas más tarde, aunque personalmente, en estos momentos todavía no conozco las acusaciones que pesan sobre ellos.

Tras un buen rato esperando en una calle cercana, y una vez juntes de nuevo, se procede a reanudar informalmente la manifestación que de forma espontánea (y seguida de cerca por los maderos) se dirige a la comisaría, para apoyar a 14 compañeres que habían sido trasladades allí por los maderos por no llevar el DNI consigo, y a los dos detenidos. Nuevamente entre gritos contra la represión y la especulación y por la okupación y la guerra social se recorren varias calles del centro hasta llegar a las inmediaciones de la comisaría, en Porta Faxeira, donde esperaba un nuevo contingente policial desplegado para impedir que se llegase a la comisaría. Una vez allí, se opta por permanecer en la plaza anterior a la calle de la comisaría, donde continuaron las consignas y los gritos y se aprovechó para increpar a toda la escoria policial de paisano que regresaba a su asquerosa guarida, después de cumplir con su deber golpeando manifestantes pacíficas. Poco a poco fueron saliendo les compañeres retenides, poniendo fin a una jornada de lucha y desobediencia donde no sólo se dio un paso en cuanto a intentar tomar otro espacio dejando claro el mensaje de que un desalojo es y seguirá siendo otra okupación y que nada ha terminado, sino que además se logró responder de una forma masiva y combativa a las provocaciones y las intoxicaciones de los mass-media en toda la semana anterior sin entrar en su juego y sin ponerles en bandeja la carnaza que esperaban obtener para seguir llenando las páginas de sus asquerosos periódicos.

Además, otro resultado que personalmente también considero muy positivo es que quedó claro para todes que el grado de brutalidad policial no depende del nivel de conflictividad de les manifestantes, como dijeron la mayoría de los medios de comunicación en los días que siguieron a los disturbios que se produjeron la tarde del 30 de mayo por el desalojo del CSOA Escárnio e Maldizer y en respuesta a las brutales cargas con las que la policía disolvió la manifestación de aquel día, cuando todos los periódicos y el ayuntamiento afirmaron al unísono que “los pobrecitos policías” no estaban preparados (aunque a juzgar por las cerca de 50 personas heridas tras la manifestación del 30 de mayo, yo diría que estaban más que preparados) y que la violencia con la que atacaron era una “medida necesaria” para “restablecer el orden”.

Al contrario de lo que pretenden hacernos creer esa pandilla de matones a sueldo cocainómanos y cobardes, la violencia policial no es necesariamente el producto de un determinado nivel de intensidad en la conflictividad de una cierta lucha o de una cierta práctica de resistencia, sino el mecanismo que tiene la Democracia para contrarrestar las expresiones políticas y sociales disidentes que escapan a su control y que no aceptan sus cauces ni sus normas. Así mantiene el Poder sus privilegios, aterrorizando a sus esclaves con dispositivos de control y vigilancia, con palizas, con cárceles, con armas. Y es que al final, como todo sistema basado en la autoridad y la coerción, no puede sostenerse si no es a través del miedo.

La pregunta es, ¿a qué excusa victimista vais a apelar ahora?, ¿cómo vais a justificar esta vez los golpes y los botes de humo contra manifestantes sentades en el suelo? Y lo más importante, ¿condenará la hipócrita retórica “progre” del alcalde “del Cambio”, señor Noriega, la violencia policial de ayer con la misma rapidez con la que se apresuró a condenar la violencia de algunes manifestantes tras lo ocurrido el pasado 30 de mayo? No, seguro que no, y a decir verdad tampoco esperamos menos. En cualquier caso, esta vez la pelota está en su tejado, es su reputación la que está en juego, no la nuestra.

Vuestra represión pretende aterrorizarnos, silenciarnos, inmovilizar las voluntades de quienes se atreven a desafiar un mundo impuesto que no es mundo sino jaula y morgue. Pero no cedemos. No cedemos porque, a pesar de que el miedo es poderoso, sólo hay una cosa más fuerte que nuestra pasión por la libertad, y es el profundo desprecio que sentimos hacia quien nos la quita, a nosotres o a nuestres compañeres y vecines y a otros individuos que forman parte de nuestro entorno. No cedemos porque lo que vivimos ayer, aunque cada cual tendrá su propia vivencia y su propio punto de vista y analizará lo sucedido de un modo distinto, a muches nos emocionó, y vale la pena defenderlo y cuidarlo.

Los medios se refirieron a nosotres a lo largo de toda esta semana con una nueva nomenclatura, nos llaman “los pro-okupas”. No somos “los pro-okupas”. Somos okupas cuando necesitamos espacios para vivir y conspirar, para crear y soñar, y somos vecines cuando nos encontramos en la calle y nos contamos los problemas, y somos encapuchades cuando atacamos o necesitamos defendernos y protegernos a nosotres y a les nuestres, y somos solidaries cuando alguien necesita de nuestro apoyo, y os odiamos, sí. Odiamos el mundo que nos imponéis día tras día, odiamos las normas demenciales que rigen vuestro sistema, y odiamos una sociedad y unas estructuras políticas basadas en la dominación y el abuso. No somos “pro-alguna lucha social”, somos la lucha misma reaccionando contra un presente intolerable

La rabia sentida en común es un arma poderosa (y preciosa) que no podréis arrebatarnos nunca. No estamos solas y nos tenéis (y tendréis) siempre enfrente.

Fuerza a todes les que ayer dieron la cara y resistieron hasta el último momento, tanto dentro como fuera de aquel patio. Nos tocan a une, nos tocan a todes.

¡¡Un desalojo, otra okupación!!

Informó el infame Disnomia para Abordaxe!

Fuente: Abordaxe!
Traduce: La Rebelión de las Palabras 

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