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Biotecnologías, mosquitos y darwinismo

Desde luego, si hay una especie molesta, es la de los mosquitos. Su familiar zumbido es menos grave que las cohortes de parásitos que pueden transmitir. El paludismo o el dengue ocasionan tal mortalidad que nuestras autoridades sanitarias siempre han luchado contra los anófeles y los aedes.

El combate por el envenenamiento químico, como el llevado a cabo en agricultura contra los "devastadores", fue épico, pero tan mal organizado que la cosa se agravó. A medida que se daban las batallas, las victorias iban siendo más ambiguas y los desastres se confirmaron. Hoy, el veneno llega hasta los frutos, mientras que los "enemigos" siguen cometiendo sus fechorías. Si la química fue un desastre hasta el punto de que la agroindustria ha dejado por todas partes campos estériles y atmósferas irrespirables, ha sido por aplicar una filosofía ingenua de combate singular, venida directamente de la selección darwinista, con sus buenos y sus malos resultados.

Ante las alertas, se pensó que había que cambiar la estrategia para evitar envenenar demasiado la tierra. Solución: manipular a los "malvados" unos contra otros, porque al fin y al cabo toda la biología procede de la lucha por la vida, como se nos ha dicho. Bastaba, por tanto, con eliminar a los indeseables con los medios de la evolución biológica: la depredación (con ayudas auxiliares) o la competencia (con individuos estériles).

Un combate "duradero" que prometía estupendos beneficios

¿Cómo hacer trabajar a los mosquitos en su propia masacre? Modificando los genes, por supuesto. Porque frente a las enfermedades, como en la industria agroalimentaria, basta con retirar los caracteres malos. Mejor que la bomba química, el arsenal genético. Es verdad que la explotación de la enzima Cas9 (1) para separar los genes del sistema CRISPR (2) (una especie de memoria inmunitaria bacteriana) ha democratizado desde entonces la manipulación de los genomas y, por tanto, facilitado la corrección de los genes "malos".

Bajo el efecto de esta retórica eugenésica, y al cabo de más de tres años, la firma Oxitec (del gigante agroquímico Syngenta) ha puesto en marcha una línea de mosquitos aedes aegypti, modificados por transgénesis, "contra el dengue y el virus zika". La modificación del gen LA513 impone, en efecto, que los mosquitos dependan de un antibiótico (la tetraciclina) para reproducirse. En la naturaleza, una vez libres, estos mosquitos pueden acoplarse pero sin tener descendencia. La idea es inundar a las poblaciones naturales con estos libertinos estériles con el fin de anular a los mosquitos. Y con ese espíritu darwiniano que supera a la biología, deberíamos estar todos convencidos del inenarrable triunfo que reducirá la contaminación y las enfermedades. Por otra parte, otros biotécnicos proponen cada vez más forzar la genética del sexo para extender un gen recesivo de esterilidad entre los anófeles.

Esto es desconocer la evolución, porque si al final no fue posible exterminar a los parásitos y otras bacterias, ¿no será precisamente porque la presión de los venenos ha seleccionado sus resistencias (3)?

En primer lugar, existen más de 260 especies de aedes, y más de 460 de anófeles son transmisores de malaria. No se dice nada sobre que el gen no pueda vagabundear de una especie a otra por hibridación o por sus virus, modificando entonces los genomas de una manera totalmente incontrolada. Además, la estabilidad del mosquito manipulado genéticamente es discutible porque las presiones del medio ambiente pueden disminuir todos los efectos de una modificación genética artificial. En efecto, contrariamente a la afirmación simplificadora de la teoría de los "genes egoístas" (4), la evolución no afecta nunca al gen sino a su expresión (5). Además, incluso si el proceso tuviera éxito, la extinción de la especie aedes aegypti podría provocar un mosquito recurrente. Y además, lejos de propagar mosquitos estériles, las larvas podrían presentar una tasa de supervivencia del quince por ciento en aguas dulces, donde las trazas de antibióticos persisten. Otro problema es la posibilidad de que el mosquito esté ligado en el ecosistema a un murciélago o a una rana, provocando con su desaparición consecuencias imprevisibles. La introducción de un nuevo mosquito podría incluso engendrar una descenso de la inmunidad humana. Por último, la transgénesis ofrece pocos resultados fiables, porque los genes no se comportan como una simple unidad informática. De hecho, cada gen depende del conjunto genético (presiones genómicas) e incluso de la célula en la que se expresa. No existe un gen bueno. Así, el búho no ve los colores porque tiene una buena visión nocturna. Y en cuanto se transfiere ADN al núcleo de una célula extraña para realizar un clonado, surgen los problemas epigenéticos. En efecto, las regulaciones con el medio ambiente se perturban y surgen las alteraciones. Esas transgénesis podrían además desencadenar daños desconocidos.

Con los proyectos biotecnológicos, la ecología es vista como una mecánica simplista. Y la evolución se ve igualmente reducida a la simple difusión de buenos y malos genes en un medio pasivo. Una visión eugenésica ingenua puramente darwinista en la que bastaría con obligar a los depredadores a obedecer y donde los genes serían programados para llevar a cabo lo que se desee. Pero el forzar la genética modificando el haploide de los óvulos, y por tanto la multiplicación de los genes, no carece de riesgos sobre la expresión de la sexualidad ya muy afectada por los perturbadores endocrinos (ya sabéis, esos pesticidas que transforman los tritones masculinos en femeninos). Decididamente, el neodarwinismo que asocia la selección natural y la teoría de la información genética solo se encontrará con la eugenesia maniquea que le ha dado lugar. El propio Darwin se planteaba la cuestión de saber si podríamos preservar a los débiles, los pobres y los enfermos, ignorando los "malos efectos de su supervivencia y de la propagación de su género" (6).

Sin embargo, la evolución integra numerosos acontecimientos no darwinianos, como la deriva genética, las transferencias horizontales de genes o incluso algunos escenarios catastróficos. Incluso las epimutaciones influidas por el medio son sin duda más frecuentes que las mutaciones clásicas. La historia natural es más una ecología evolutiva que una biología lineal (7). La evolución depende de los millones de relaciones que los seres vivos han construido entre ellos. La depredación y la competencia no han eliminado especies, y las interacciones no lo son jamás en sentido único. Incluso la depredación, aparentemente la peor de las interacciones, posee otra cara, un efecto veterinario porque, al matar a las presas enfermas, el depredador reduce la propagación de enfermedades. E incluso el microbioma intestinal no es ni bueno ni malo en sí mismo, pero ese mutualismo influye hasta en el desarrollo de nuestro cerebro. Según la teoría de las burbujas libertinas, la sexualidad fue una de las primeras interacciones surgidas en la historia biológica, y fue de un vigor increíblemente innovador. Porque los cuerpos se han formado por medio de la agregación de moléculas, de células diferenciadas, de tejidos biológicos, y después por la cooperación entre órganos especializados. Todos esos mutualismos han dado lugar a individuos distintos, que el sexo ha asociado, y todos ellos se insertan en relaciones sutiles y cambiantes. Y es justamente la diversidad de los sistemas la que les confiere su delicado funcionamiento. Es esta una lección biológica que concierne tanto a la escuela y a la laicidad como a la conservación de los lobos y los tigres, la evolución es una ecología.

Decididamente, incluso bajo los hábitos nuevos de las biotecnologías, el rey Darwin se ha quedado desnudo. La historia del neodarwinismo en la biología es la de una tecnociencia al servicio de sociedades autoritarias y liberales, cuya mercancía constituye el alfa y omega de la pobreza de las relaciones humanas. Porque, evidentemente, el mosquito constituye sobre todo un bonito medio de imponer los organismos genéticamente manipulados en nuestro medio ambiente.

Contra el salmón transgénico y las vacas clonadas, existen otras alternativas de investigación para reducir la presión de los parásitos y se han abierto muchas vías para la biología y la ecología evolutiva. Y estas perspectivas científicas modernas resultan mucho más atractivas para todos esos jóvenes investigadores que se resisten a la facilidad ortodoxa…

Thierry Lodé Subir

Publicado en Tierra y Libertad, Julio de 2016

Notas:

1.- Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna han recibido numerosos premios por la puesta en marcha de este método CRISPR-Cas9, y equipos de investigación de todo el mundo se lo han apropiado para modificar el genoma de numerosos tipos de células.

2.- El CRISPR, compuesto por una repetición de una treintena de parejas, es un sistema de resistencia de las bacterias que guardan memoria de una agresión por un virus. Yoshizumi Ishino, Hideo Shinagawa, Kozo Makino, Mistuko Amemura y Atuso Nakata, "Nucleotide sequence of the iap gene, responsible for alkaline phosphatase isozyme conversión in Escherichia coli, and identification of the gene product": Journal of Bacteriology, vol.169, n.12, p.5429-5433.

3.- La resistencia a los pesticidas es un rasgo hereditario de supervivencia en dosis letales de productos. Ha sido demostrada en 1914 por A. L. Melander, "Can Insects Become Resistents to Sprays?": Journal of Economic Entomology, 1914, 167-173.

4.- Teoría neodarwinista muy consensuada, que ha sido desarrollada por R. Dawkins, que afirma que los genes se duplican egoístamente y que la evolución es una simple mejora de los cuerpos vivos como máquinas que sirven a esta difusión.

5.- Véase T. Lodé, La biodiversité amoureuse, O Jacob, París 2011.

6.- Cita completa de Darwin: "Así, los miembros débiles de las sociedades civilizadas propagan su naturaleza y, en consecuencia, debemos sufrir sin quejarnos los efectos indiscutiblemente malos generados por los débiles que sobreviven y propagan su especie. Todos lo que conocen la cría de animales domésticos saben cuán perjudicial es eso para la raza humana. Es sorprendente constatar cómo una falta de cuidados, o unos cuidados inadecuados, conducen a la degeneración de una raza doméstica; pero, excepto en el caso del hombre, nadie es tan ignorante como para permitir a sus peores animales la reproducción. La ayuda que nos sentimos empujados a prestar a los indigentes es principalmente un resultado accidental del instinto de simpatía que hemos adquirido en nuestros orígenes en el marco de los instintos sociales, pero cada vez más tenue y difuso. No podríamos, sin embargo, cambiar nuestra buena intención, ni por la mayor de las razones, sin conocer un deterioro de la parte más noble de nuestra naturaleza. El cirujano podrá endurecerse al efectuar una operación, porque sabe que es por el bien de su paciente, pero si quisiéramos voluntariamente olvidar a los débiles y los indefensos, sería solo por un beneficio reversible y contra un abrumador pecado presente (…) Debemos por tanto asumir sin ninguna duda los malos efectos de la supervivencia de los débiles y de la propagación de su género; pero parece existir al menos un control constante por el que los miembros débiles e inferiores de la sociedad no se casan con tanta libertad como los individuos sanos; y ese freno podría aumentarse indefinidamente, aunque de eso surja más esperanza que espera, por el hecho de que los débiles de cuerpo o de mente no se casen tan libremente" (The Descendent of Man, and Selection in Relation to Sex, Murray, Londres 1871).

7.- T. Lodé, Manifeste pour une écologie évolutive, O Jacob, París 2014

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