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"Resistiendo a la sostenibilidad" Una mirada crítica a los ecobarrios desde Santander

“La creación de ecobarrios donde convivir con el medio urbano de manera sostenible” es uno de los proyectos relativos al eje estratégico de territorio y movilidad que pretende situar Santander como “ciudad intermedia vertebradora del sistema de ciudades del cantábrico y del arco atlántico europeo”.

Estos ecobarrios no serían de interés si tan sólo fuesen un capricho del alcalde de turno, con el que presentar proyectos, promocionar obras de interés público, y modificar el decorado urbano a gusto del partido que gobierna. En este caso el partido popular, con De La Serna a la cabeza. Los ecobarrios tienen un impacto que va más allá de las críticas en las que la izquierda suele anclarse, tanto en esta ciudad como en cualquier parte. Va más allá del partido que gobierne, de la eficacia de los técnicos al servicio del ayuntamiento, de lo especulativos que puedan ser las iniciativas urbanísticas llevadas a cabo por dicho ayuntamiento de derechas, y de lo poco que dichas iniciativas se fijen en ciudades europeas (donde parece ser, por la izquierda más progresista, que la competencia de los profesionales es brillante, respetuosa con el medio ambiente y, por lo tanto, sostenible). Va más allá de una transformación puntual en alguna esquina de la ciudad, como podría ser el barrio San Francisco, primera zona de Santander pensada para experimentar con este asunto. El impacto del modelo “ecobarrio” es principalmente ideológico. Sus prácticas se viven cotidianamente, tanto desde quienes defienden las agresivas intervenciones urbanísticas (más de 90 operaciones con vecinos afectados.(http://portal.ayto-santander.es/documentos/pgou/t10_ordenanzas/t_10_orde...) que dan apertura a la smartsantander, desde quienes permanecen impasibles ante dicho hecho, hasta desde quienes plantean una crítica al plan general de ordenación urbana (PGOU) , ya sea en el parlamento o en la calle.

Los ecobarrios promueven el civismo, la sostenibilidad y el fomento de espacios verdes. Cuestiones sobre las que se reflexiona poco de forma crítica, tanto desde los movimientos sociales, especialmente los implicados con la ecología y la conservación del medio ambiente, como desde los vecinales, especialmente los que ahora se levantan al margen de las asociaciones de vecinos controladas por el ayuntamiento y cuyas movilizaciones están dando que hablar en Santander(http://www.elfaradio.com/2016/05/30/los-colectivos-vecinales-se-coordinan-contra-el-modelo-urbanistico-de-santander/). Ambos movimientos, que a su vez tienen lazos y están comunicados, si bien abren la posibilidad de que en momentos puntuales se den pequeños procesos de autoorganización entre vecinas, como pueda ser la lucha contra el vial de la S20 (http://www.nodo50.org/briega/opinion/entre-lo-que-ha-pasado-y-lo-que-viene-paremos-vial), caen, por otro lado, en el juego (no es la intención de esta propuesta de lectura la de entrar a juzgar, sino la de criticar para contribuir a la reflexión de cara a transformar nuestras práctica diarias) de responder  a la misma lógica de quienes tienen intereses económicos y necesitan de la especulación sobre las casas amenazadas de expropiación o de derribo, y de la destrucción del territorio en general.

¿Qué importa cuántos espacios verdes halla en una ciudad si se hacen encima de los hogares de la gente que vive en Santander? ¿Qué importa si un vial que se ha llevado la vida de una persona es eficaz o inútil? ¿Hubiese sido legítimo el vial de la S-20 si por su alquitrán rodaran cientos de coches al día y no los fantasmas de la ópera como en este caso la realidad confirma? (http://www.nodo50.org/briega/convocatorias/por-que-resistir-a-finalizacion-del-nuevo-vial-s-20) ¿A quién beneficia un sistema de control de las basuras por medio de dispositivos tecnológicos en los contenedores (proyecto Burba)? ¿A las personas que viven de la chatarra y de otros menesteres de la calle, o a los habitantes acomodados y/o turistas residenciales que desean que su manzana permanezca limpia y ordenada?(http://conglomeradas.org/audiotehca/¿qué hay detrás de las basuras) ¿A quién benefician los servicios de atención al ciudadano que permiten avisar a la policía ante cualquier tipo de “incidente” como pueda ser un mensaje en la pared, más basura de lo común, o una congregación de x personas por x motivo? ¿A las personas que salen a protestar o a los mismos de antes?(http://conglomeradas.org/reflexiones-a-partir-del-proyecto-ouner-smartsantander/)

“Agua, energía, residuos, movilidad, calidad del aire, ruido, concienciación y sensibilización de los usos sociales”, ese es el plan de acción de los ecobarrios. He aquí el control tutelar de la administración sobre los recursos que utilizamos en el día a día, edificado con el discurso falaz de lo común y lo público, el engaño de la sostenibilidad y la cultura elitista de los espacios verdes y las ordenanzas cívicas que no hacen más que demostrar la ciudad clasista que vivimos, aderezada por esa ilusión que hace que nos creamos iguales, a pesar de que unos vivan con ratas en el Cabildo y en la Calle Alta, mientras otros lo hagan con cámaras de videovigilancia en sus portales. Esto es, el ciudadanismo y su forma de vida. (http://www.nodo50.org/briega/opinion/apuntes-sobre-ciudadanismo)

Pero por desgracia, en este ecomundo feliz también es aspiración de unos movimientos sociales el acostumbrarse a reclamar espacios verdes a los mismos responsables de preparar, con el paso de los años, zonas degradadas que abren la posibilidad de gentrificar (Aburguesar el barrio) sus calles, y barrer la población más incómoda para el turismo y la Santander 2020 (http://www.nodo50.org/briega/opinion/sobre-plan-estrategico-santander-2010-2020). Aspiración también a presentar alternativas a la administración para que las actuaciones del PGOU “afecten menos” a los vecinos, o los megaproyectos en construcción se hagan en otro lado, como si el plantarse y decir no, u oponerse tajantemente a la construcción de proyectos urbanísticos , o al derribo de viviendas, no fuese ya un camino a seguir, una alternativa en sí misma. Al final el resultado de estas dinámicas activistas en colaboración con los mismos agentes que especulan con el suelo (constructoras, administración, medios de comunicación) contribuyen a que el plan general de ordenación urbana (PGOU) no sólo cumpla lo previsto, sino que además lo haga con el lavado de cara que brinda un diálogo y una negociación con las partes afectadas.

En otras palabras, no importa nada si algunas casas de San Simón, San Roque, Río la Pila, Entrehuertas, El Pilón o la Albericia se parecen más a una favela brasileña que al parque más arbolado de Oslo, Berlín o Estocolmo. Lo que importa es que en esas casas vive gente con su historia vital anclada a estos puntos exactos de la ciudad, con su vida de barrio, sus personas conocidas, sus espacios de referencia, algo que, sobre todo para las personas mayores, resulta de vital importancia para su orientación y bienestar. El sentido de la belleza que la izquierda ecologista otorga, no se diferencia mucho del gusto de la derecha más rancia, como en el caso en cuestión. Una perspectiva clasista amparada en el ecosueño dictatorial que modifica la ciudad como un escaparate al turismo y el ocio de fin de semana, dos factores que generan un montón de suciedad en las calles, que a su vez funciona como pretexto para acabar con callejones y rincones del centro, esos que tienen tanto encanto pero que no rinden productividad, como el que en la actualidad permanece amenazado por el PGOU para abrir una nueva carretera sobre la cual la asociación de vecinas de Antonio Cabezón y Francisco Giner, compuesta por algunos vecinos de la zona, ha mostrado su oposición. En estos momentos luchan por difundir la situación (http://www.nodo50.org/briega/opinion/a-organizaciones-colectivos-y-personas-interesadas). Cualquiera que camine desde las escuelas verdes hasta el río la pila en horas post botellón sabe de qué trata esto. No importa que los problemas sociales coexistan en las mismas calles, siempre y cuando no dañen el paisaje del consumidor de turno.

Frente a esta idea dominante de ciudad, de belleza y de convivencia, hay algunas cosas que decir sobre distintos puntos ya comentados anteriormente;

1. La defensa de los espacios verdes es un asunto bastante contradictorio pero resulta bastante fácil de entender el por qué de su éxito, pues a todas nos gusta disfrutar de arboledas, praos para tumbarnos y pasar el rato, zonas agradables donde descansar, jugar o hacer deporte. Esa es la parte por la que una crítica a dichos espacios resulta difícil de entender. Sin embargo, el verdadero desquicie de este asunto está grabado en el propio nombre. Los espacios “verdes” sólo pueden existir en relación a la urbanización que les precede y sobre los que estos son diseñados. Es lógico, pues dichos espacios no se llamarían verdes, igual que una reserva natural no tendría sentido sino fuera en una sociedad atravesada por la industria y su contaminación correspondiente. Es decir, el verde que hoy subsiste en zonas como Adarzo, Cueto, Monte, la corbanera, o la vaguada de las llamas, suponen de por sí entornos naturales, aunque, dicho sea de paso, fracturados por carreteras, tanto las ya existentes como las que están en curso. Existen ya, sin necesidad de normativas europeas, y son una muestra de que, si se trata de espacios donde poder disfrutar del bienestar que genera la naturaleza, la ciudad los pierde a medida que la lógica del desarrollo sostenible se dota de espacios verdes.

No es por nuestros pulmones, una ciudad europea que aspira a ser marca turística no puede ignorar las exigencias del capitalismo verde y tiene que presentar un mínimo de zonas verdes para ser competitiva y estar a la altura de las circunstancias. Un ayuntamiento que presenta las rotondas de tráfico como parte del escaparate verde con el que pasar el examen europeo demuestra las razones que mueven su interés por la ecología y el medio ambiente. Del mismo modo, quienes se suman a la carrera presionando para que el Plan general de Ordenación Urbana sea todavía más considerado con estos espacios, compartiendo la premisa de que el “bien común” justifica carreteras que expropian hogares de personas, siempre y cuando estas actuaciones se hagan con unas indemnizaciones “dignas” (no sabemos qué cantidad de dinero puede medir la dignidad), siguen alimentando este modelo de ciudad, que no es sino un modelo coherente con el mundo en el que vivimos, y por ello merece una crítica constante.

2. El conflicto no está en que el partido popular Gobierne, sino en que un equipo de expertos ejecute actuaciones sobre zonas cuyas consecuencias las pagan sus habitantes, sea para decidir la creación de un parque en una zona en proceso de gentrificación, como en la calle San Sebastián (http://www.elfaradio.com/2016/04/27/los-de-ahora-no-se/), o sea para un megaproyecto del banco Santander en plena bahía. Sea para una actuación con respaldo social o para una sin ningún tipo de aceptación por parte de la gente. Lo grave aquí no es el color de quien ejecuta, sino la ejecución. De la misma manera, la corrupción tampoco es el asunto grave, sino la consecuencia lógica de tener a disposición subcontratas, lazos entre gobernantes y constructoras, y un aparato mediático/represivo para garantizar que así se lleven a cabo los negocios urbanísticos. Es decir, la consecuencia lógica de gobernar una ciudad desde la administración, sea el partido popular o la formación política que sea. Ejemplos los hay de sobra y en esto ningún partido que tiene la oportunidad se salva. Pues una vez más, la especulación tampoco es el problema grave sobre el que actuar, sino la consecuencia inevitable del desarrollo urbanístico. Donde hay desarrollo la especulación es una herramienta necesaria, por lo que si tenemos que criticar algo es esto, no sus lógicos devenires. No es raro que Copsesa y De la Serna hagan migas(http://www.aquiconfidencial.es/.../copsesa_la_empresa_favorita_del_pp), sino que expulsen a nuestros vecinos de sus casas y nosotras no hagamos nada para evitarlo.

3. Por supuesto, esto tiene mucha relación con la obsesión de vanagloriar los modelos socialdemócratas del norte de Europa, su política parlamentaria transparente y su eficacia en la gestión de los recursos urbanos, así como, otra vez, su cultura respetuosa con el civismo y el medio ambiente. Alemania, Suecia, Holanda, Noruega, Finlandia… Son las venezuelas y las Bolivias del ecologismo progresista, que no tiene nada en cuenta el expolio occidental sobre los territorios del sur , ni las sociedades xenófobas y clasistas que alimentan sus estados, con la extrema derecha hoy en auge y una mayoría de la población que pide que se cierren las fronteras a los refugiados (Austria por ejemplo), para entender ese grado de “perfección” en la gestión urbana de sus ciudades sosteniblemente equipadas. Los altos índices de suicidios, la violencia doméstica contra las mujeres, los desplazamientos forzosos de población migrante y de etnias minoritarias (http://www.elconfidencial.com/mundo/2015-04-29/alemania-no-quiere-rumanos-los-conservadores-legislan-para-expulsarlos_784517/), así como las revueltas que de vez en cuando surgen en ciudades importantes dentro de sus fronteras (http://www.enfocant.info/mundo/politica-sociedad/racismo-exclusion-social-provocan-revuelta-suecia), son algunos de los síntomas que desmontan esta mitificación de la gestión urbana y social nórdica, pero la intención no es profundizar en esto, porque incluso si dicha idealización fuese tan cierta, no sería un motivo de admiración, al menos si lo que queremos es construir una sociedad más justa.

Fuente: Briega

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