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Reflexiones sobre el 25N: Derechos, mercado y violencia estructural. Cambiamos el paradigma?

(Puedes encontrar el artículo en catalán aquí)

Nos encontramos un año más ante el 25N, fecha marcada oficialmente por la ONU como "Día internacional contra la violencia hacia las mujeres».

Respecto la fecha hay algunas importantes cuestiones a señalar. Por un lado, la manipulación sobre el origen de la elección de este día -de acto de terrorismo de Estado a símbolo de la violencia contra la mujer- y por la otra, la falsificación de la historia, presentando los hechos que ocurrieron en tal fecha bajo la dictadura del general Trujillo como un asesinato a mujeres por el hecho de ser mujeres -obviando, en cambio, que lo que tuvo lugar fue un asesinato a la disidencia política de la República Dominicana, y que entre las personas que se asesinaron también había un hombre, que al parecer se ha borrado de la historia.

También hay que conocer que la elección de este día es una recuperación por parte del sistema de una fecha escogida en el primer encuentro feminista latinoamericano de 1981. Como nos dice Cristina Suaza, una de las impulsoras de este encuentro:« Los socialistas y también los otros hablaban de una expresión que es “la recuperación”. Es que tu tienes una actitud frente a tus derechos y ¿qué hace el sistema? Absorve tu queja y tu ganancia y la coge como propia. Por ejemplo, el día de la no violencia contra las mujeres, que salió del primer encuentro (feminista), ahora es de Naciones Unidas, entonces ya perdió el carácter revolucionario, subversivo de lo que fue inicialmente; se vuelve una cosa que está en la cultura, peso sin mayor profundidad y la juventud muchas veces no sabe esto».

Derechos

Las reivindicaciones feministas de finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX se basaban sobre todo en la exigencia de la igualdad de derechos en la arena política y también laboral. Con el auge del estatismo y el mercantilismo, producto de la revolución liberal, las mujeres tuvieron que «reconquistar» un espacio de «poder» que siempre habían tenido en la sociedad popular1. Las nuevas condiciones de vida, tanto a nivel político-estatal como laboral, las excluían y marginaban profundamente, de modo que sólo quedaban dos opciones: una férrea oposición al progresismo liberal, que tuvo lugar durante la mayor parte del siglo XIX -que por algo fue un siglo de revueltas campesinas constantes y sangrientas- o bien apuntarse al carro del progreso y reivindicar un lugar «igualitario» en el marco estatal-capitalista emergente. Las dos opciones tuvieron defensoras y promotoras pero la historia generalmente sólo cuenta entre sus filas a las luchadoras por la igualdad en el nuevo modelo social, al igual que ocurre con las luchas de la nueva clase social que fue el proletariado. Desde este punto de vista, los resistentes y las resistentes campesinas son tachadas normalmente de conservadoras y retrógradas reaccionarias y se borran de la historia, oficial o alternativa.

Mercado

Otra fecha que todas conocemos en relación a los feminismos es el 8 de marzo, que ha acabado erigiéndose, al menos en Occidente, como «Día de la mujer trabajadora». En este caso se trata de levantarse reivindicando la posición de la mujer como trabajadora y, por tanto, de la demanda de igualdad de condiciones en el acceso y la subsistencia a través del mercado. Aunque en esta fecha a menudo termina ampliandose la lucha feminista a muchos más ámbitos de la vida y la existencia, en el imaginario popular se relaciona directamente con las luchas de las mujeres obreras, las huelgas, y la participación de la mujer en el ámbito laboral en general, la lucha por mejores condiciones de trabajo y mejor salario.

Violencia

A partir de mediados del siglo XX, los feminismos como tal se expanden. Por un lado, en sus tendencias más radicales, se empieza a poner el acento en la arena social como reproductora de desigualdades, y por la otra, en sus tendencias institucionales, que cada vez van tomando más fuerza hasta llegar a nuestros días, la piedra angular del discurso gira en torno a la violencia «endémica» de los hombres contra las mujeres. Especialmente desde los años 90 estas dos tendencias se empiezan a sentir muy cercanas, sobre todo a nivel discursivo, desde el momento en que la ONU, en 1995, define en la conferencia de Beijing la problemática de las relaciones entre géneros como producto de la «violencia estructural» de hombres hacia mujeres. Así, en este discurso que se ha ido haciendo cada vez más homogéneo, las instituciones y los movimientos sociales se han ido acercando y parece no haber cuestionamiento posible.

Hoy en día prácticamente no podemos distinguir el discurso del sistema de los discursos alternativos de los movimientos sociales en este ámbito. Todos aceptan el paradigma de la violencia estructural, el binomio hombre perpetrador y mujer víctima sumisa, y lo explotan hasta las últimas consecuencias bajo la etiqueta de «violencia de género» que cada vez se quiere más amplia y se vuelve más confusa. Se ha hablado de violencia doméstica, de violencia contra las mujeres, violencia machista ... y ahora, de «violencia transistemica» y «guerra machista».

El 25N es, en este contexto, una muestra de esta fusión. En este día el foco principal es la violencia, pero no aquella producto del sistema actual, estructuralmente violento, sino producto de las relaciones sociales entre hombres y mujeres. La violencia «machista». El hombre como agresor y la mujer como víctima. Cada vez más problemáticas se etiquetan como violencia de género, incluso el maltrato infantil se lee en este sentido (se considera maltrato del padre a la madre y de rebote a los hijos) pero en cambio no se puede considerar violencia de género la misma actitud por parte de las madres abusadores, a pesar de que su existencia es una triste realidad).

Sin negar que exista la violencia y el maltrato, qué interés puede tener el sistema actual en vincular de manera tan concreta y sistemática la violencia, toda violencia, con una cuestión de género? El discurso de la violencia de género no cuestiona la raíz del sistema, es más, lo refuerza. El nuevo paradigma hobbesiano de nuestros tiempos, con la máxima de que «el hombre es un lobo para la mujer» consigue un clima social de división, odio y enfrentamiento entre iguales muy productivo en términos económicos, legislativos y de control social. Más dinero, más leyes, más policía ..

En cambio, mientras nosotras apuntamos con dedo acusador al hombre de a pie, a nuestro igual, percibiéndolo cada vez más como nuestro verdugo, la violencia sistémica queda impune. Qué violencia psicológica y económica es no poder ser madres porque nos han inculcado que debemos priorizar por encima de todo nuestra carrera profesional y el trabajo asalariado si queremos ser merecedoras de reconocimiento y ser "independientes"? Qué violencia es tener que depender de la casta médica para la congelación de nuestros óvulos hasta la edad de 40 años? ... Qué violencia es esta, que no podemos nombrar como violencia de género, perpetrada tanto por hombres como por mujeres de las élites económicas, políticas y médicas? Abramos los ojos, por favor. Mientras todo esto está pasando ante nosotros, mientras se está atacando nuestra vida en sus condiciones más íntimas y sublimes, nosotras estamos cegadas mirando hacia otro lado, señalando a «los hombres» como producto de todos los males del mundo.

Feminización de la pobreza o empobrecimiento del sexo femenino?

ONU Mujeres, que se ha erigido como principal impulsora del 25N después de apropiarse de esta fecha hace unos años, es también una de las plataformas desde donde se difunden los 17 nuevos objetivos de «desarrollo sostenible» que las Naciones Unidas han aprobado de aquí al 2030. Uno de estos objetivos prioritarios es la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y niñas del mundo. Una parte importante dentro de este objetivo es acabar con igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y niñas del mundolo que, a su juicio, es la feminización de la pobreza en los países subdesarrollados. Esto se pretende hacer y se hace con una mirada totalmente «occidentalocéntrica» hacia varias sociedades tradicionales en las que, tras romper con la interdependencia comunitaria y de género que las regía, se ha instalado una cada vez más fuerte dependencia económica del sistema, generalmente poniendo recursos materiales primeramente en manos de los hombres y dejando por tanto en situación de dependencia a las mujeres respecto a estos. Seguidamente, ONU mujeres y otros organismos internacionales pro-desarrollo, como el FMI con sus microcréditos, aterrizan para equilibrar las desigualdades -que ellos mismos han producido- pretendiendo ayudar a las mujeres a ser «independientes». Un proceso similar al que se ha llevado a cabo en Occidente y que se quiere proyectar también a los países «subdesarrollados». A este proceso se le podría describir, en primer lugar, como una conversión de la pobreza en miseria, y luego, como empobrecimiento del sexo femenino más que feminización de la pobreza. La feminización de la pobreza no es tanto una causa de un modelo de vida erróneo, como pretende indicar la ONU, sino más bien una consecuencia de un tipo de políticas asociadas a un modelo de desarrollo y crecimiento que se considera el justo y el correcto para aplicar a todo el mundo y que la ONU quiere seguir desarrollando sosteniblemente.

Estado del bienestar o soledad existencial?

En los países más «avanzados» la liberación y la independencia de la mujer está tomando otra cara, en el marco de una sociedad cada vez más individualista. Un ejemplo de esto es Suecia, donde un documental reciente explica la «Teoría sueca del amor», que no es otra que la soledad subvencionada y la atomización extrema, así como la degradación del amor y los vínculos de toda relación social de igual a igual. En el mundo actual la mediatización está a la orden del día, el individuo frente al mercado liberador o al estado benefactor, pero nunca en relación a una comunidad de iguales, como ha sido la historia humana desde tiempos inmemoriales. En relación a esto no han tardado en aparecer algunas críticas a la terrible verdad que desvela este film, lo que pone de manifiesto la visión mayoritaria de un tipo de feminismo que quizá tocaría empezar a cuestionar.

Cambio de paradigma, cambio de discurso?

El sistema actual es profundamente sexista, por eso la lucha feminista y la lucha social en general así como el análisis de cada situación que nos encontramos, es necesario que vaya a la raíz de los problemas, sino estamos reforzando el sistema y equivocando el blanco. Aunque nos damos cuenta de esta superficialidad de la lucha y el análisis y la denunciamos, esto no quiere decir que neguemos que existe el sexismo y particularmente el machismo. Al igual que ocurre con el racismo, es evidente que existe el racismo en una sociedad basada en unas desigualdades e injusticias que le son consustanciales, que juega al juego de los privilegiados y los marginados, pero ¿verdad que no señalamos a los blancos como racistas culpables de esta situación, ¿verdad que tenemos una mirada mucho más amplia de los factores en juego? Pues con el machismo debería ser igual.

Hoy en día la mayoría de enfoques feministas occidentales no son anti-sistémicos, hay una profunda decadencia de los paradigmas revolucionarios en nuestras sociedades. Se detecta un problema y se apuesta por unas medidas que son simples reformas para resolverlo, y así nos vamos hundiendo en la miseria a la que nos aboca el marco actual. Es tanta la catástrofe, y se reproduce en tantos ámbitos, que nos cuesta hacerle frente desde la base, cada vez tenemos que correr más a apagar fuegos y no llegamos a extinguir las brasas.

Si los feminismos han de erigirse como un verdadero baluarte de crítica al sistema imperante, más allá de los discursos y los grupos fuertemente subvencionados por el Estado que hoy en día copan generalmente la visibilidad en este ámbito, habrá que socavar ciertas creencias y cuestionar determinados postulados de raíz, más en la línea de lo que proponen las recientes teorías de economía feminista y quizá también las visiones de los feminismos decoloniales.

Cambiar de paradigma, cambiar de discurso, podría venir a ser algo así:

Dinero-Instituciones- Progreso-Leyes-Violencia-Derechos

vs

Ayuda mutua, Convivencia horizontal, Amor, Responsabilidad y deberes, «Antidesarrollismo».

Volver a señalar este sistema biocida, sustentado e impuesto por todos y todas las poderosas del mundo, no sólo hombres!

Por un verdadero feminismo antisistema, que en próximas fechas señaladas se oigan otras voces!

Laia Vidal

www.integralivital.net

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

@laiavital

1 Ivan Illich en «El género vernáculo» explica que es en el paso de la sociedad rural a la sociedad industrial y de mercado donde se produce inevitablemente la discriminación femenina. David Algarra en su libro «El común catalán» nos habla del papel preponderante de la mujer en la Alta Edad media en Cataluña (p.91).

Tags: reflexión25Nfeminismoderechomercadoviolenciaparadigma
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