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El feminicidio como herramienta del patriarcado

En la última semana, varias mujeres han sido asesinadas a manos de sus parejas masculinas en España. Esto no es algo novedoso, si atendemos a las casi 800 víctimas mortales de violencia de género que han tenido lugar en la última década en este país.

Tras esta nueva ola de asesinatos, los partidos políticos defienden la necesidad de nuevos cambios y medidas para paliar la violencia de género. Con una actitud paternalista, creen (o intentan hacernos creer) que de esta forma podrán cambiar la mentalidad de la sociedad; pero el verdadero cambio no se puede implantar mediante leyes, sino que ha de cultivarse desde abajo, yendo a la raíz del problema hasta llegar a todos los niveles de la sociedad.

Con este artículo no intentamos hacer una crónica de lo ocurrido, ni presentar nombres, fotografías e historias de las víctimas, con el típico tono sensacionalista que emplean diversos medios de comunicación. Si bien las cifras de las muertes son terribles, mayores son las situaciones en que las mujeres han sufrido maltrato, vejaciones, ridiculizaciones o han sido silenciadas por el mero hecho de ser mujer. Relegadas a un segundo plano en el ámbito público y siendo entendidas por gran parte de los varones como propiedad suya.

Tal sentimiento de posesión y celos sobre “su mujer” genera una situación en que el varón se siente con derecho a controlar sus movimientos, conversaciones, forma de vestir… hasta el punto en que es capaz de maltratar física o psicológicamente a su pareja si ésta no cumple con sus mandatos. En algunos casos extremos, esta violencia culmina en el asesinato -premeditado o no- de la mujer

En este punto, habría que hacer una distinción entre asesinato de mujeres y feminicidio. En el primero, el género de la víctima no forma parte de la motivación que lleva a matar, por ejemplo, en un atraco a un banco en que se opongan varias personas, éstas no serán vistas como hombres o mujeres, sino como obstáculos. Sin embargo, en el feminicidio el género de la víctima es una de las causas principales que llevan al asesinato. Siguiendo una definición del término de Jill Radford y Diana Russell, “El feminicidio representa el extremo de un continuum de terror anti-femenino que incluye una amplia variedad de abusos verbales y físicos, tales como: violación, tortura, esclavitud sexual (particularmente por prostitución), abuso sexual infantil incestuoso o extra-familiar, golpizas físicas y emocionales, acoso sexual (por teléfono, en las calles, en la oficina, y en el aula), mutilación genital (clitoridectomías, escisión, infibulaciones), operaciones ginecológicas innecesarias (histerectomías gratuitas), heterosexualidad forzada, esterilización forzada, maternidad forzada (por la criminalización de la contracepción y del aborto), psicocirugía, negación de comida para mujeres en algunas culturas, cirugía plástica, y otras mutilaciones en nombre del embellecimiento. Siempre que estas formas de terrorismo resultan en muerte, ellas se transforman en femicidios.” [1] [2]

El feminicidio es una herramienta más del sistema patriarcal para afianzar su supremacía sobre las mujeres. La violencia, el terror, son medios de imponer y justificar algo cultural y arbitrario como las diferencias de género y la añadida superioridad masculina. A menudo esto se justifica en las diferencias biológicas entre sexos, aunque, si bien son ciertas algunas diferencias físicas (genitales, hormonas, etc.), por encima de eso se ha creado todo un armatoste cultural que incide en la vida de las personas: la vestimenta, la forma de hablar, de andar, los gustos respecto a películas, colores, etc., la conducta, las tareas y oficios que cada persona puede desempeñar… Crean estereotipos: Así debe ser un hombre; Así debe ser una mujer. Sin embargo, estos estereotipos obvian que, más allá del sexo que tengamos, somos personas y en nosotras influyen múltiples realidades que conforman nuestra forma de ver el mundo y de interactuar con él.

Estos crímenes suelen tener un carácter misógino y sexista, pues al odio hacia las mujeres se le suma el sentimiento de superioridad del asesino, que le hace creerse con derecho a acabar con la vida de éstas.

El feminicidio puede darse entorno a una relación entre la víctima y el victimario [3] (ya sea familiar, afectivo-sexual, de expareja,…) o entre personas extrañas que no poseían lazos. También las víctimas pueden ser asesinadas por su orientación o identidad sexual (como en el caso de los feminicidios transfóbicos o lesbofóbicos) o por su origen étnico (feminicidio racista). Así pues, en la violencia con motivos de género inciden también el contexto político, económico y las desigualdades sociales.

Por su parte, el feminicidio sexual consiste en “el asesinato de mujeres que son secuestradas, torturadas y violadas. (…) Los asesinos por medio de estos  actos crueles fortalecen las relaciones sociales inequitativas de género que distinguen los sexos: otredad, diferencia y desigualdad. Al mismo tiempo, el Estado, secundado por los grupos hegemónicos, refuerza el dominio patriarcal y sujeta a familiares de víctimas y a todas las mujeres a una inseguridad permanente e intensa, a través de un período continuo e ilimitado de impunidad y complicidades al no sancionar a los culpables y otorgar justicia a las víctimas.” [4]

En la Antigua Grecia era común una práctica que, hoy día, sigue vigente en algunas sociedades: el infanticidio directo o indirecto (siendo abandonadas a su suerte) de niñas recién nacidas, por preferencia hacia una descendencia varonil, considerada más “útil” de cara al futuro. Además, en países y situaciones en las que se carece de recursos básicos suficientes, la comida y la atención médica se reservan a los miembros masculinos de la familia. Por otro lado, también puede darse el aborto selectivo de fetos femeninos en aquellas situaciones en las que es posible conocer el sexo del feto.

Tenemos las conductas patriarcales tan interiorizadas que acabamos por normalizarlas y no percibimos la gravedad del asunto. Por esto, es necesario visibilizar estos problemas y analizarlos, pues lo que no se nombra no existe. Las conductas heteropatriarcales están presentes a diario, ya sea en multitud de anuncios y programas televisivos que perpetúan el machismo y la inferioridad de la mujer, o en el canon de belleza, en el propio lenguaje, etc.

El patriarcado es una construcción humana, arbitraria y masculina, contra la cual debemos luchar para, en su lugar, construir una sociedad ecualitaria en la que ni el sexo biológico ni el género de la persona no sea motivo de discriminación y en la que ninguna persona oprima ni sea oprimida.

CONTRA EL PATRIARCADO Y SU VIOLENCIA, AHORA Y SIEMPRE: ¡¡RESISTENCIA!!

[1] y [4] citas y más información en: http://www.feminicidio.net/articulo/tipos-de-feminicidio-o-las-variantes-de-violencia-extrema-patriarcal

[2] los términos feminicidio y femicidio se pueden emplear como sinónimos.

[3] victimario: quien comete el crimen.

Juventudes Libertarias de Málaga.
www.juventudeslibertariasmalaga.wordpress.com
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