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Hollywood y el Pentágono: Una relación poco conocida

El ejército constituye una institución que por regla general es esquivada en los análisis sobre política y sociedad, todo ello pese a su manifiesta y cardinal importancia en las estructuras de poder estatal y en su influencia sobre la sociedad. Por esta razón conviene recordar una vez más que el papel del ejército es decisivo en tanto en cuanto constituye la columna vertebral del Estado, y por lo tanto su principal sostén en la medida en que garantiza su monopolio de la violencia sobre el territorio de su jurisdicción. Gracias a esto el Estado puede imponer sus leyes y su propio orden que es mantenido por medio de la coerción que le provee el ejército. Digamos que el ejército es lo que define la naturaleza violenta del Estado, el principal resorte de poder que hace que el orden establecido sea mantenido con éxito. Evidentemente la gran importancia de esta institución y de sus componentes, como son los mandos militares, no ha pasado desapercibida para algunos pocos investigadores que han puesto de relieve el papel dominante que desempeñan tanto en el seno del Estado como sobre la sociedad.[1]

Indudablemente el crecimiento del Estado y el desarrollo de su estructura organizativa central se debe fundamentalmente a la guerra y a su preparación, y por tanto al papel central que han desempeñado los ejércitos tanto para el mantenimiento del orden interno como para la competición exterior con otras potencias.[2] Estructuralmente el ejército ocupa una posición estratégica en el entramado de poder del Estado, pero precisamente debido al desarrollo de la organización central del Estado se ha visto parcialmente limitado por la aparición de diferentes departamentos ministeriales, y con ello su peso político en el seno del Estado se ha relativizado. En cualquier caso nada de esto ha implicado que ejerza una enorme influencia sobre el conjunto del Estado, y que esa misma influencia se proyecte sobre una multitud de ámbitos que no se circunscriben exclusivamente al terreno militar.

En los EEUU el régimen constitucional y parlamentario que establecieron los padres fundadores a finales del s. XVIII, con sus pesos y contrapesos institucionales, y con otras medidas constitucionales dirigidas a mantener una neta división de poderes que hiciera imposible la emergencia de un poder que concentrara y controlara a todos los demás, no ha hecho imposible que finalmente el ejército, encarnado por el Pentágono y el Departamento de Defensa, haya alcanzado un tamaño descomunal y un peso político decisivo no sólo en las estructuras estatales sino también sobre el conjunto de la sociedad estadounidense. Esto es en gran parte el resultado del proceso histórico que han seguido muchos otros países en el que la guerra ha sido el principal elemento impulsor del desarrollo y crecimiento del ejército, y con ello también de la organización burocrática. En lo que ataña a los EEUU, tal y como fue explicado en otra parte,[3] la Segunda Guerra Mundial fue un momento decisivo en la historia de este país al haber supuesto su definitiva industrialización y rearme que permitió el surgimiento de un inmenso complejo militar-industrial, con una vasta burocracia, que se adueñó del gobierno de la nación. Indudablemente el escenario de la guerra fría contribuyó de manera sustancial a mantener una sociedad y una economía hechas por y para la guerra, lo que se unió a la permanente amenaza, ideológica y militar, que constituía la Unión Soviética como segundo polo de poder en el sistema internacional. De lo que no cabe duda es de que este cúmulo de circunstancias sirvieron para que el Pentágono, como un nuevo y pujante poder dentro de la administración federal, concentrase una inmensa parcela de poder con la que ha dirigido tanto la política exterior como interior de los EEUU.[4]

En tanto en cuanto el ejército de los EEUU ha visto incrementado su poder, con unos abultados presupuestos y una poderosa burocracia a su servicio, también ha desarrollado su intervención sobre ámbitos que tradicionalmente no han sido considerados como competencia de las fuerzas armadas. Nos encontramos con que el desarrollo modernizador de los Estados y de los ejércitos ha creado un nuevo contexto político, social y cultural en el que la influencia militar, y consecuentemente también del militarismo, se ha hecho sentir sobre multitud de ámbitos como ocurre con el sistema educativo. En lo que a esto respecta no es nada desconocido la gran cantidad de recursos que el Pentágono dedica al I+D+i, y que constituye una inmensa fuente de ingresos para multitud de universidades que desarrollan diferentes programas de investigación.[5] También hay que decir que esto no es exclusivo de los EEUU, y que en otros países los ejércitos también hacen sentir su influencia sobre el sistema educativo con el propósito de mejorar su imagen y captar nuevos reclutas. En lo que a esto último se refiere son reseñables los programas que el ejército español mantiene con diferentes centros educativos, y que se concretan en charlas divulgativas de oficiales en dichos centros, visitas a instalaciones militares, estancias en unidades militares, etc.[6]

Lo que tal vez sea menos conocido es el hecho de que existe una estrecha colaboración entre la industria cinematográfica, radicada en Hollywood, y el Pentágono. Tradicionalmente suele tenerse una idea bastante sesgada de Hollywood como si se tratase de un hervidero de liberales e izquierdistas. No cabe duda de que el estilo de vida de muchas de las estrellas de cine puede llevar a engaño y dar la impresión de que Hollywood no es precisamente un entorno favorable para los militares y sus ideas. Pero a nada que se profundice un poco en las producciones de Hollywood cualquiera puede darse cuenta enseguida de que existe una más que patente relación entre la industria cinematográfica y el complejo militar-industrial. Esto no deja de ser el reflejo de una fructífera relación entre Hollywood y el Pentágono que ha granjeado a ambas partes importantes y suculentos beneficios.

La relación entre Hollywood y los militares data de muy antiguo, y se remonta hasta los mismos inicios de la industria del cine con la participación del Departamento de Guerra en la producción de la película Wings en 1927 que, dicho sea de paso, fue la primera en ganar un premio Óscar. Pero si la relación entre Hollywood y el Pentágono ha pasado desapercibida ello se debe sobre todo a que ha sido llevada con suma discreción, y en muchos casos en el más riguroso secretismo. Sin embargo, el Pentágono se ha valido de la existencia de una pujante industria cinematográfica en suelo americano para mejorar su imagen pública, propagar el militarismo y el nacionalismo, y de este modo también captar nuevos reclutas. Para esta labor el propio Pentágono tiene su oficina de enlace con la industria cinematográfica, con delegaciones en Los Ángeles. Es preciso hablar en plural porque cada rama del ejército tiene su propia oficina de relaciones públicas que se ocupa de colaborar con las productoras de cine, con lo que se trata de un universo burocrático bastante más amplio de lo que inicialmente pudiera pensarse.

En la medida en que los diferentes productores y directores de cine han necesitado material y personal militar para rodar sus películas han acudido al Pentágono para pedir ayuda, y de esta manera conseguir el material, apoyo logístico, asesoramiento, etc., necesarios con los que desarrollar las grandes y multimillonarias superproducciones cinematográficas, tan cargadas de realismo, que tan bien se cotizan en el mercado mundial de la industria del entretenimiento. Pero la ayuda que el Pentágono presta a los estudios de cine no es gratuita ya que está sujeta a unas condiciones para que puedan contar con la colaboración del ejército. Así, la cooperación militar en películas comerciales únicamente puede autorizarse en tres supuestos concretos: cuando dicha cooperación resulta alentadora para la moral de los miembros del servicio implicado, cuando se presente información sobre el servicio militar al público general, y cuando dicha cooperación potencia el reclutamiento de las fuerzas armadas. Estas condiciones son las que permiten al Pentágono intervenir en el proceso de producción cinematográfico en el que la obra artística queda sujeta a sus requerimientos de imagen e intereses.

En tanto en cuanto los estudios cinematográficos requieren de la colaboración del Pentágono para llevar a cabo muchas de sus producciones en las que intervienen los militares, o es precisa la presencia de armamento y recursos militares, se ven obligados a solicitar la ayuda de esta institución para ahorrarse importantes cantidades de dinero en sus presupuestos. Evidentemente el Pentágono pone sus condiciones para prestar su ayuda y generalmente los estudios se pliegan a sus dictados. De esta manera los guiones son ajustados a los criterios que el Pentágono maneja para este tipo de producciones, todo ello con el objetivo de mejorar su imagen pública para por un lado mantener alta la moral de sus integrantes, y así conservar a su propio personal, y por otro para difundir valores castrenses vinculados al nacionalismo y al patriotismo con el objetivo de ganar nuevos reclutas para las fuerzas armadas. En el proceso de producción el Pentágono supervisa y controla la elaboración del guión, y censura aquellas partes que considera perjudiciales para su imagen pública al mismo tiempo que hace sugerencias para la introducción de elementos que revaloricen públicamente a las fuerzas armadas, y que con ello mejoren su imagen para captar reclutas y ganarse la simpatía del público.

No son pocas las producciones cinematográficas que han sido sometidas a un proceso de saneamiento en el que han sido censurados personajes, líneas de diálogo, escenas, etc., que contravenían los intereses del ejército, todo ello bajo la amenaza de negar a las productoras su colaboración en los proyectos comprometidos. Debido a que el Pentágono aporta subvenciones a las películas comerciales con las que decide colaborar, pero también facilita el acceso a instalaciones militares o proporcione tanques, aviones, barcos o submarinos, pero también el apoyo logístico en todo tipo de cuestiones como el despliegue de equipos militares, el desarrollo de efectos especiales que también sirven para el entrenamiento de las tropas, etc., tiene una poderosa capacidad de influir sobre los estudios cinematográficos a la hora de producir una película o una serie.

Todo lo anterior explica que los servicios secretos militares hayan desarrollado estrechas y muy fructíferas relaciones profesionales con diversos directores de cine, tal y como ocurrió con Boinas Verdes de John Wayne en 1968 en la que todo el material militar fue sufragado por el ejército. Cabe decir en lo que respecta a esta película que fue en toda regla un anuncio propagandístico de la administración de Johnson para apoyar, y en definitiva justificar, la guerra de Vietnam, al mismo tiempo que para conseguir nuevos reclutas. En general la aspiración del Pentágono en relación a la industria cinematográfica es orientar las producciones de tal forma que desempeñen una labor propagandística, y sean en última instancia anuncios publicitarios de las fuerzas armadas para el reclutamiento. Esto explica que Top Gun, dirigida por Tony Scott, fuera producida y aprobada por el ejército, de tal manera que aumentó hasta un 400% el número de jóvenes que se alistaron a la aviación naval, lo que despertó el entusiasmo del ejército hasta el punto de organizar eventos de reclutamiento en las salas de cine. La propia película dejó su huella en la industria del cine militarista en tanto en cuanto producciones posteriores introdujeron en sus historias misiones militares con personajes y códigos de Top Gun.

Tanto Hollywood como el Pentágono salen mutuamente beneficiados de esta relación. Mientras Hollywood produce películas taquilleras y sus directores y productores medran profesionalmente el Pentágono, por su parte, dirige la oferta cultural en el ámbito del entretenimiento de cara a mejorar su imagen pública, aumentar el número de reclutas y mantener alta la moral de su personal. En cualquier caso el Pentágono, como una institución del gobierno federal, desarrolla una labor para la que constitucionalmente no está facultado, de manera que otorga su apoyo y ayuda, generalmente con un coste económico irrisorio cuando no inexistente, a aquellas producciones cinematográficas que le resultan favorables mientras se lo deniega a aquellas otras que no se adaptan a sus intereses ni a su estrategia publicitaria. Este tipo de práctica constituye una vulneración de la Primera Enmienda a la constitución de los EEUU, de forma que se da una discriminación hacia aquellas películas que ofrecen un punto de vista que no es del gusto del Pentágono.

El Pentágono se vale de sus enormes recursos materiales, económicos, humanos, tecnológicos y financieros para apoyar aquellas producciones cinematográficas que son de su gusto en función del punto de vista que ofrezcan. Al mismo tiempo los productores de Hollywood tienen acceso a dichos recursos siempre y cuando se plieguen a las exigencias del Pentágono. Para esta tarea el ejército no sólo se ocupa de revisar los guiones y llevar a cabo las negociaciones previas para la adecuación de la producción cinematográfica a las exigencias del Pentágono, sino que también dispone de los mecanismos precisos para asegurarse de que la película se ajusta a los requerimientos establecidos por esta institución. Con este propósito el Pentágono envía a los rodajes a un consejero técnico que ejerce de guardián de sus intereses, quien se ocupa de que los productores cumplan con las condiciones establecidas por el ejército en las negociaciones en materia de producción, y especialmente en lo tocante al guión. Una vez finalizado el rodaje y el montaje la película debe proyectarse ante la plana mayor del Pentágono antes de que sea vista por el público.[7]

En la práctica los EEUU no se diferencia en nada sustancial a lo que se hace en Corea del Norte donde la población está sometida a la propaganda gubernamental a través de los principales medios de comunicación. En el caso de EEUU el Pentágono se ocupa de dirigir la oferta de la industria cinematográfica con el apoyo de aquellas producciones que le resultan ideológicamente favorables, y que por ello ofrecen una imagen positiva del ejército y de sus valores. De esta forma impone su propia censura y revisionismo histórico, como trató de hacer con la película Trece Días, o como de hecho logró hacer con Windtalkers y con La tormenta perfecta. En el caso de Trece Días, que versa sobre la crisis de misiles en Cuba, se intentó suavizar la imagen de los mandos militares de la época de Kennedy que eran presentados como unos “halcones” belicistas. Sin embargo, los productores no cedieron e hicieron la película sin la ayuda del Pentágono. En el caso de Windtalkers se produjo una maniobra de revisionismo histórico en la que se modificaron diferentes escenas y se manipularon acontecimientos históricos, como es el hecho de que en la guerra del Pacífico, durante la Segunda Guerra Mundial, se utilizaran cifradores de mensajes navajos que tenían asignados en cada caso un escolta que tenía órdenes expresas de ejecutarlos en caso de que hubiera riesgo de que cayeran en manos enemigas para, así, impedir que el código fuera descifrado por los japoneses. Esto no le gustó al ejército y exigió que cambiara este aspecto desapareciendo de la versión final del guión, aunque hay que decir que no fue lo único que se modificó pues juntamente con ello se hicieron otros cambios con los que se ocultó la brutalidad del ejército americano en el campo de batalla. En cambio en La tormenta perfecta la Fuerza Aérea, en una operación de rescate, suplantó a la Guardia Costera, todo ello para mejorar la imagen del ejército de cara al público para lo cual no se dudó en tergiversar descaradamente hechos históricos.

Los casos de películas o series en las que la mano del ejército intervino para modificar el guión y cambiar diferentes aspectos de la producción son interminables. Nos encontramos con Forrest Gump, pero también con la serie de televisión JAG que fue sometida a un profundo saneamiento, o también la serie Supercarrier a la que finalmente se le retiró la ayuda militar debido a las crecientes quejas y demandas de la marina para revisar el guión, lo que dicho sea de paso puso fin a la serie. Otras producciones como Fields of Fire nunca llegaron a realizarse porque el Pentágono, que era el único que podía proveer de los medios necesarios para su rodaje, se negó a colaborar. Tampoco son pocos los intentos del propio Pentágono de impedir la producción de películas que no le satisfacían, como ocurrió con ¡Ataque! del director Robert Aldrich. En general el Pentágono despliega una política llena de censura sobre las películas en las que interviene el ejército, todo ello para crear una imagen favorable a las fuerzas armadas y en la medida de lo posible hacer que dichas producciones se asemejen más a un anuncio publicitario para conseguir reclutas que a una obra artística propiamente dicha. En este sentido el Pentágono supedita la producción cinematográfica a los requerimientos propagandísticos de una institución que trata por infinidad de medios de conseguir nuevos reclutas, y al mismo tiempo mantener elevada la moral de sus integrantes.

El Pentágono ejerce sin lugar a dudas una influencia enorme sobre la producción cinematográfica, pero no es la única institución que lo hace ya que nos encontramos con otras agencias gubernamentales, como la propia CIA, que también se encargan de financiar y respaldar de diferentes maneras proyectos cinematográficos y televisivos que ofrecen una imagen favorable de la institución y de sus actividades. Tal es así que desde 2001 dispone de su propio asesor oficial para la industria del cine.[8] A pesar de esto, y tal como venimos afirmando, el Pentágono dispone de unos recursos que no posee ninguna otra agencia gubernamental lo que le provee de una influencia decisiva sobre muchas de las producciones cinematográficas. Asimismo, y debido a estos enormes recursos con los que cuenta, Hollywood siempre manifiesta una actitud colaboradora con el ejército, ya que no puede prescindir de su equipamiento para muchos de sus rodajes, lo que le lleva a aceptar muchas de las modificaciones que el Pentágono introduce en los guiones.

Aunque la estrategia propagandística del Pentágono está dirigida al público americano no hay que perder de vista que de un modo indirecto el impacto es mucho mayor, y en modo alguno se circunscribe a la sociedad estadounidense. El carácter internacional de las producciones de Hollywood ha hecho que otras sociedades sean consumidoras de la ideología que destilan las películas en las que ha participado el Pentágono, y que de esta forma se consolide un imaginario colectivo en el que es implantada la ideología nacionalista e imperialista que suele acompañar a este tipo de obras. En cierta medida un logro indirecto de la acción del Pentágono en el terreno cinematográfico no sólo es mejorar su imagen hacia adentro, hacia la sociedad estadounidense, sino también hacia fuera, lo que de alguna manera sirve para justificar la política exterior de los EEUU y con ello su imperialismo. Así es como el Pentágono también consigue generar una imagen positiva entre los miembros de otras sociedades, y a desarrollar cierta simpatía y admiración que en muchas ocasiones conlleva la identificación con la política expansionista de esta potencia imperial.

La colaboración entre Hollywood y el Pentágono es poco y mal conocida, aunque dicha colaboración puede deducirse fácilmente de no pocas producciones en las que interviene la institución militar, tal y como suele quedar reflejado en los créditos finales que generalmente nadie se molesta en leer. Sin embargo, esta relación no deja de estar al margen del escrutinio público en tanto en cuanto es llevada a cabo a través de canales secretos o confidenciales, de forma que la actividad de los militares en el terreno cinematográfico queda fuera de los focos de la opinión pública. Por esta razón resulta importante destacar la existencia de esta relación y los términos en los que es llevada a cabo para comprender la intencionalidad que se esconde detrás de las producciones en las que participa el Pentágono, y con ello tomar conciencia del colaboracionismo que se da entre los estudios de Hollywood que no dudan en sacrificar la creatividad artística a los dictados propagandísticos y militaristas del Pentágono.

EEUU, que históricamente han sido conocidos en el mundo occidental como el país de la libertad y la democracia, no se diferencia en nada importante de un régimen totalitario, y prueba de ello es el intervencionismo gubernamental, en este caso por medio del Pentágono, a la hora de dirigir la producción cultural. Esta es la misma práctica que se da en regímenes totalitarios como Cuba o Corea del Norte que, a diferencia de EEUU, no disponen del mismo prestigio y poder internacional que la potencia americana lo que a ojos de la opinión pública les hace aparecer como villanos. Sin embargo, la realidad no se divide en blanco y negro como tampoco entre héroes y villanos, de forma que EEUU lejos de ser un país en el que se respeta la libertad de expresión tal y como queda recogido en su Primera Enmienda es un lugar en el que el gobierno favorece abiertamente aquellas opiniones que le resultan más favorables, no diferenciándose de esta manera de la práctica desarrollada por las restantes tiranías totalitarias.

Esteban Vidal

Notas:

[1] Wright Mills, Charles, La elite del poder, México, Fondo de Cultura Económica, 1957, pp. 166-189

[2] Sobre esto hay abundante bibliografía, pero para lo que aquí se pretende analizar basta con unas pocas reseñas básicas e imprescindibles relacionadas con esta cuestión particular. Roberts, Michael, The Military Revolution, 1560-1660: An Inaugural Lecture Delivered Before the Queen's University of Belfast, Belfast, M. Boyd, 1956. Tilly, Charles, Coerción, capital y los Estados europeos 990-1990, Madrid, Alianza, 1992. Duffy, Michael (ed.), The Military Revolution and the State 1500-1800, Exeter, Exeter University Press, 1986

[3] http://emboscado.blog.com/2015/07/28/momentos-decisivos-en-la-historia-de-los-estados-unidos/ Consultado el 8 de noviembre de 2015

[4] Sobre el papel dominante que ha llegado a alcanzar el Pentágono en la política estadounidense conviene recomendar la lectura de Carroll, James, La casa de la guerra. El Pentágono es quien manda, Barcelona, Memoria Crítica, 2006

[5] Office of Management and Budget, Fiscal Year 2014. Budget of the U.S. Government, Washington D.C., U.S. Government Printing Office, 2013, pp. 73 y 75-77

[6] Expósito, J. L., “Una opción de futuro en las FAS” en Revista Española de Defensa Nº 304, marzo 2014, pp. 12-15. R. N., “Una experiencia formativa en las FAS” en Revista Española de Defensa Nº 306, mayo 2014, pp. 14-15. Expósito, J. L., “4º de la ESO ¡presente!” en Revista Española de Defensa Nº 295, mayo 2013, pp. 18-19

[7] Robb, David, Operación Hollywood. La censura del Pentágono, Barcelona, Océano, 2006

[8] Jenkins, Tricia, The CIA in Hollywood. How the Agency Shapes Film and Television, Austin, University of Texas, 2012

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