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El tenue perfume damasquino

La base de toda comunidad, entendida desde el liberalismo, es un pacto entre los miembros de esa nueva sociedad que surgirá tras el acuerdo. Y los grandes gigantes del mismo (Locke, Rousseau) afirman que para que el pacto sea posible todos los hombres deben ser iguales: misma posición jurídica, mismos derechos, mismos deberes. Como algo tan ideal acaba desembocando en la explotación del hombre por el hombre es algo que escapa a mi conocimiento, siendo ingenuo, y una consecuencia lógica de que la igualdad entre hombres no existe: nos falta un concepto en esa bella cita: La igualdad de MIS hombres, no de TODOS. La igualdad que se propugna y se hace eco en la historia desde el inicio de los Estados modernos no es más que polvo para el trabajador y néctar para el empresario; no es una igualdad total sino mas bien parcial y elitista. Cuando se permite que los grandes agentes financieros y productores del sector privado dictaminen el salario mínimo, puedan despedir en masa o sean capaces de forzar a una familia con sus miembros en paro a salir de su única vivienda, es cuando nos damos cuenta que en esta sociedad realmente la igualdad no es más que una ilusión. La única igualdad que existe es la igualdad entre la clase alta para explotar al grueso de la población. ¿Cómo vamos a ser iguales si la base de nuestro sistema se basa en la acumulación de capital y el 40% de éste está en manos de 200.000 personas ( Wealth-X and UBS World Ultra Wealth Report)?

Esta desigualdad entre ricos y pobres, entre explotados y explotadores, es extrapolable a un montón de situaciones, pues se basa en un concepto humano muy antiguo: la discriminación del débil. Igual que las oligarquías del primer mundo son recelosas de los trabajadores que son críticos con el sistema y quieren aspirar a derechos (como si fueran personas), la arrogancia y la superioridad son también atributos a explotar cuando se trata de nacionalidades. Es la gran carta de los poderosos, el as en la manga, el comodín a las crisis: sacar la banderita y el chovinismo más rancio para distraer a la plebe de sus carencias; mirad allí, los demás sí que las están pasando putas. Esto, ya de por sí malo, puede ir a peor. Por ejemplo, podemos odiar a los que son étnica o nacionalmente diferentes a nosotros, como nuestros amigos a los que les da por pedir democráticamente un taxi, o podemos ser parte de las fuerzas de INseguridad y dedicarnos a derribar inmigrantes, que no personas, que intentan llegar a un lugar mejor. Pero si hay algo que realmente es peor que el odio, eso es la indiferencia. Por que el odio puede ser nocivo, pero denota sentimientos por algo; cuando perdemos la capacidad de sentir un drama es cuando perdemos humanidad y volvemos al individualismo animal, al fango del egoísmo y la apatía: buen cóctel.

Sólo hay que mirar cifras: Casi 500.000 muertos y 1’9 millones de heridos según los últimos informes sobre la actualidad bélica siria. 34 muertos y 187 heridos en Bruselas. ¿Porqué tanto revuelo con los atentados islámicos y tan ruidoso silencio con el genocidio de Oriente Medio? Quiero decir que da la sensación, a primera vista, de que cuantos menos mueren más importancia mediática se le da; y más fuerte lo sentimos. Pero no es eso, ¿verdad? Esos no son los componentes de la ecuación. El factor que no hemos tenido en cuenta es la proximidad. No, no estoy hablando de proximidad física; en un mundo globalizado como éste todo es próximo. De lo que estoy hablando es de la proximidad sentimental que nos ha inoculado la culturamainstream. Somos bombardeados a diario , metafóricamente en este caso, con la idea de que somos “españoles y mucho españoles”, y europeos como los que más: todos los demás no son más que chusma. De la situación de chusma a la que se puede considerar a otras nacionalidades a la situación de chusma en la que nos encontramos la parte baja de la pirámide hay sólo unos pocos conceptos distintos; permanece la arrogancia, la superioridad y el concepto de grupo privilegiado/pueblo elegido tan característico de los regímenes fascistas.Es decir, casi todo. Que se hunda el mundo, nosotros tenemos el Edén tras nuestras amuralladas fronteras (citando a La Raíz). ¿Qué pasa, que cuando los muertos son blancos y tienen visado europeo entonces sí merecen ser considerados personas? ¿O se parecen a nosotros, a nuestro panadero o a nuestra vecina del cuarto o no son dignos tan siquiera vivir? ¿No tienen los mismo derechos que nosotros? ¿No somos iguales, y por eso no sentimos nada? Y estos son los argumentos de la caverna mediática; siempre haciendo hincapié en la diferencia entre “ellos” y nosotros”.

Obviamente, toda la población civil en una guerra, porque esto es una guerra ya, es inocente. Pero del atentado en Bruselas y de la guerra siria no son culpables sólo Daesh, que es el claro brazo ejecutor: Los gobiernos y los poderes fácticos gubernamentales y económicos son cómplices como el que más, y deberían ser juzgados por crímenes contra la humanidad. Son esos gobiernos los que arman a todas las facciones de la guerra siria. Porque si algo tienen claro es que la única igualdad que van a tener en cuenta es la que se da entre aquellos que poseen capital, como apuntaba al principio. Y si el petróleo islámico puede pagar ak-47 y misiles RPG, entonces el Estado Islámico tendrá ak-47 y RPG, porque no sólo son iguales sino que hablan el mismo idioma. El sucio idioma del dinero manchado de sangre.

¿Y mientras, el pueblo que hace? Mantener, claro está, a esas élites explotadoras y inmorales al frente de nuestro sector económico y político, y además quejarnos de que los refugiados sirios están intentando entrar en Europa, lugar que paradójicamente ha sido el que ha causado, junto a Rusia y Estados Unidos, la escalada armamentística en la región y la consiguiente oleada de exiliados. No sólo eso; permitimos que Europa utilice un régimen autoritario como Turquía para cerrar el paso a las hordas hambrientas de paz y justicia; obviamente a cambio de dinero. Quizás deberíamos dejar de establecer lazos únicamente nacionales o de etnia, y entender que el sufrimiento humano es sufrimiento independientemente del color de la piel o de lo que ponga un documento oficial. Quizás deberíamos, al modo que entienden los liberales para consigo mismos, establecer un pacto, una unión entre todos los parias de la tierra, pues nosotros, y ellos, y todos los explotados lo somos. Quizás deberíamos solidarizarnos con ellos no de la forma que promueven las altas esferas, con caridad, sino con fuego a nuestras políticas que acaban haciendo que gente inocente, igual de inocente que las víctimas de Bruselas, tenga que huir de sus casas y sus tierras. Quizás, y sólo quizás, eso llegue a pasar algún día. Pero hoy no es ese día, ni mañana ni el siguiente; ese día no llegará hasta que nos dé vergüenza defender una tela pintada y una patria por encima del resto sólo porqué nosotros nacimos allí, y no pasará hasta que nos levantemos contra nuestros amos, que son comunes e iguales entre sí, y impongamos nuestra paz. La paz no de la autoridad constante y paternalista sino de los esforzados y los desamparados. Apenas llega el tenue perfume damasquino, que evoca destrucción y muerte, a nuestras refinadas narices. Pero algún día, el perfume se transformará en humo de hoguera contra aquellos que volvieron fuego la vida de inocentes por lo mismo de siempre: el puto dinero.

Drowning Down There
https://drowningdownthere.wordpress.com/
Tags: perfumecapitalismodinerosociedadguerra
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